Dieciocho días después de los terremotos que devastaron La Guaira y otras zonas del centro‑norte del país, decenas de familias siguen buscando a sus seres queridos que —según testigos, voluntarios y rescatistas— fueron vistos con vida y ahora están desaparecidos porque no aparecen en hospitales, refugios ni en los registros oficiales.
Una nota del portal web El Pitazo señaló que la ausencia de un sistema unificado de información y la falta de una investigación formal mantienen abiertas preguntas sobre lo ocurrido en las primeras horas de la emergencia.
El caso de Cristina Margarita Ramos —la “señora del patuque”— fue el primero en visibilizar el patrón: rescatada con vida, atendida en el sitio y trasladada en ambulancia, pero desaparecida desde su presunto ingreso al Hospital Naval.
Las imágenes muestran cómo fue extraída con vida de entre los escombros, recibió atención médica en el lugar y posteriormente fue trasladada en una ambulancia privada al Hospital Naval Dr. Raúl Perdomo Hurtado, en Catia. Sin embargo, 18 días después, su familia continúa sin conocer su paradero.
😔Venezuela conoció a Cristina Margarita Ramos por un video que se hizo viral tras los terremotos del 24jun.
— King Info News (@kinginfonews) July 12, 2026
Mientras permanecía atrapada entre los escombros, bromeó sobre el «patuque» de polvo en su rostro y conversó con los rescatistas antes de ser sacada con vida.
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Gemelos Mateo y Mathías Peña
Durante el día, Luis Peña ayuda a remover escombros con la esperanza de encontrar algún indicio, y también publica videos en redes sociales pidiendo información sobre sus hijos: Mateo y Mathías, de tres años de edad, se encontraban junto a su abuela, Maite Fermín, en la torre OPP-25 de Tanaguarena cuando el edificio colapsó.
Según relató Peña, un voluntario que participó en las labores de rescate asegura haber extraído con vida a los dos niños y a su abuela durante el segundo día de operaciones. Desde entonces comenzó otra búsqueda.
Peña mantiene contacto con ese rescatista, quien —afirma— sostiene la misma versión desde el principio: los niños fueron trasladados inicialmente al Seguro Social de La Guaira y posteriormente enviados a Caracas. Pero nunca aparecieron.

Maira Graterol no aparece
Desde el primer día, la familia de Maira Alejandra Graterol Paredes ha reconstruido una historia a partir de testimonios. No tienen un registro hospitalario. No tienen un acta de ingreso. No tienen una autoridad que les confirme qué ocurrió. Lo que sí tienen son personas que aseguran haberla visto con vida.
Maira Graterol, odontóloga del IND, vista con vida por vecinos y trasladada al Hospitalito de La Soublette, pero ausente de todas las listas.

Carlos Manuel: desapareció después de llegar a un centro de salud
La historia de Carlos Manuel Martínez es distinta. A diferencia de otros casos, Manuel —como lo conocen familiares y amigos— no quedó atrapado bajo los escombros. Tiene 35 años. Es vendedor de pescado en las playas de Macuto. Vive en Mare Abajo junto a su familia y los terremotos lo sorprendieron en el bloque 3 del sector donde residía.
En medio de la emergencia sufrió una convulsión. Un primo de su esposa lo trasladó hasta el ambulatorio del Teleférico de Pariata. Allí fue atendido, pero desde entonces nadie volvió a verlo.
«Lo hemos buscado en todos los hospitales de La Guaira, Caracas, clínicas, en Los Silos, la morgue improvisada, Bello Monte… en todos lados. No aparece», contó a El Pitazo su prima, Julissa García Martínez.

Las familias reconstruyen por su cuenta los últimos movimientos de sus seres queridos, las autoridades han concentrado sus esfuerzos en actualizar el balance oficial de víctimas y atender a los damnificados, mientras son lo civiles quienes ahora avanzan en la recuperación de cuerpos que permanecen bajo los escombros.
Sin embargo, ninguna institución del Estado ha informado sobre la apertura de una investigación para esclarecer las denuncias de familiares que aseguran que sus parientes fueron vistos con vida tras los rescates y posteriormente desaparecieron del sistema de atención.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
Vea la nota completa en El Pitazo



