México amaneció esta semana en una mezcla de celebración oficial y tensión nacional tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias el Mencho, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más poderosas del continente. El operativo militar que terminó con su vida fue presentado por el gobierno como un golpe histórico contra el narcotráfico, pero las horas siguientes dejaron claro que el impacto apenas comienza: bloqueos, incendios y enfrentamientos se extendieron rápidamente por varios estados del país
Este cártel, una banda escindida del poderoso cártel de Sinaloa alrededor de 2009, creció hasta convertirse en una de las organizaciones de narcotráfico más importantes de México. Lucha contra sus rivales en varios estados mexicanos, al tiempo que transporta drogas sintéticas —como cocaína, metanfetamina y, en los últimos años, fentanilo— a Estados Unidos y otros países.
La operación se desarrolló en Tapalpa, Jalisco, una ciudad de unos 20.000 habitantes, luego de un trabajo de inteligencia que siguió los movimientos del entorno más cercano del capo. Según explicó el secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla Trejo, las autoridades lograron ubicarlo tras rastrear a un colaborador de confianza de una de sus parejas sentimentales. Cuando la mujer abandonó la propiedad donde se escondía el líder del CJNG, los militares confirmaron que él seguía allí y activaron el operativo. El enfrentamiento fue intenso: hombres armados del cartel abrieron fuego, hubo bajas en ambos bandos y el Mencho resultó herido de muerte mientras intentaba escapar.
Pero el verdadero efecto se sintió después. En cuestión de horas, presuntos miembros del CJNG desplegaron la estrategia que ya se ha vuelto conocida en México: narcobloqueos, quema de vehículos y cierres de carreteras para sembrar caos y demostrar capacidad de respuesta. Ciudades enteras quedaron paralizadas, se suspendieron clases y el transporte público, mientras aerolíneas cancelaron vuelos hacia zonas turísticas como Puerto Vallarta. Las imágenes de carreteras en llamas recordaron que la estructura del cartel sigue viva, incluso sin su líder.
Hasta ahora, al menos 16 estados han reportados bloqueos y disturbios, incluyendo también a Puebla, Querétaro, Estado de México (centro), Veracruz, Oaxaca y Chiapas (sur). En Puerto Vallarta (Jalisco), uno de los principales destinos turísticos del país, se cancelaron vuelos, mientras en todo el estado el gobernador suspendió los eventos masivos, incluido el concierto de la cantante estadounidense Kali Uchis en Guadalajara, una de las ciudades sede del Mundial 2026.
El episodio también reavivó el delicado equilibrio entre México y Estados Unidos en materia de seguridad. Washington confirmó que aportó información de inteligencia y el presidente Donald Trump aprovechó para pedir a México que intensifique su lucha contra los cárteles. La presidenta Claudia Sheinbaum respondió marcando distancia: sí hubo intercambio de información, dijo, pero sin participación directa de fuerzas estadounidenses y bajo el principio de respeto a la soberanía mexicana.
La muerte del Mencho representa una victoria simbólica para el Estado mexicano. Sin embargo, la experiencia en la región muestra que la caída de un líder no necesariamente debilita a las organizaciones criminales. El CJNG ha construido una red amplia y descentralizada, y ahora el riesgo es que se abra una lucha interna por el control que termine multiplicando la violencia. Más que el final de una historia, México podría estar entrando en un nuevo capítulo del conflicto contra el narcotráfico.
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