La mundialización del fútbol por Luis DE LION

Gol

 

El fútbol además de su magia deportiva y competitiva, es política y económicamente rentable. Políticos y anunciantes, han comprendido que a través del fútbol se identifican formas de sociabilidad convencionales y en otros casos emergentes, a través de las cuales se mide, entre otras cosas, la evolución de una nación determinada.

¿Será porque el fútbol tal y como lo conocemos hoy, nació en Inglaterra al mismo tiempo que nacía el capitalismo moderno? Difícil saberlo, pero la creación de federaciones nacionales y el numero de países participantes en las diferentes competencias futbolísticas no cesa de aumentar, mientras sube el nivel competitivo, a través de certámenes estructurados, regulares y continentales.

Un ejemplo son los casos de; Nigeria, Gana, Costa de Marfil y Camerún, cuyas selecciones además de haberse clasificado a varios de los mundiales de los últimos 30 años, han cosechado victorias a niveles junior y olímpico. Una hazaña, tratándose de países que no forman parte del predominante bloque futbolístico Europa-Suramérica.

Es así como, se han construido nuevos mundos futbolísticos, portadores de un innegable progreso en cuanto a la calidad del juego.

Hoy, luego del auge y caída de España, que dejó de ser el eterno outsider; podríamos pensar, futbolísticamente hablando, que ésta practica deportiva sigue en su proceso de mundialización.

Pero dicha mundialización, no tiene solo consecuencias deportivas. En sociedades tan cerradas como la iraní, la pasión por el fútbol, ha crecido tanto que, los líderes religiosos islamistas temen que esta modernidad cultural que el fútbol vehicula (mujeres en los estadios, héroes emergentes fuera de los modelos convencionales, etc.…), podría atentar contra las tradiciones de una nación donde el deporte nacional siempre había sido la lucha.

Igualmente, la actuación de la Vinotinto en las eliminatorias mundialistas, con sus victorias nos enseñó que dentro del propio eje suramericano se puede concebir un nuevo orden deportivo, victorias éstas, si bien insuficientes para clasificar a un mundial, no obstante alcanzaron para despertar a una apasionada afición, que se identificó con su equipo nacional.

Dicho esto y volviendo a lo meramente deportivo, el funcionamiento cotidiano del fútbol en el ámbito mundial, ha padecido, y a pesar de las ventajas de la mundialización, sigue padeciendo de escándalos de corrupción y violencia, los cuales empañan valores y principios fundamentales propios del fútbol y de la mayoría de las prácticas deportivas. El fair-play (juego limpio) debe aplicarse en el seno de la propia FIFA y sus diversas confederaciones.

 

@ldelion

luisdelion@gmail.com

 

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El fútbol además de su magia deportiva y competitiva, es política y económicamente rentable. Políticos y anunciantes, han comprendido que a través del fútbol se identifican formas de sociabilidad convencionales y en otros casos emergentes, a través de las cuales se mide, entre otras cosas, la evolución de una nación determinada.

¿Será porque el fútbol tal y como lo conocemos hoy, nació en Inglaterra al mismo tiempo que nacía el capitalismo moderno? Difícil saberlo, pero la creación de federaciones nacionales y el numero de países participantes en las diferentes competencias futbolísticas no cesa de aumentar, mientras sube el nivel competitivo, a través de certámenes estructurados, regulares y continentales.

Un ejemplo son los casos de; Nigeria, Gana, Costa de Marfil y Camerún, cuyas selecciones además de haberse clasificado a varios de los mundiales de los últimos 30 años, han cosechado victorias a niveles junior y olímpico. Una hazaña, tratándose de países que no forman parte del predominante bloque futbolístico Europa-Suramérica.

Es así como, se han construido nuevos mundos futbolísticos, portadores de un innegable progreso en cuanto a la calidad del juego.

Hoy, luego del auge y caída de España, que dejó de ser el eterno outsider; podríamos pensar, futbolísticamente hablando, que ésta practica deportiva sigue en su proceso de mundialización.

Pero dicha mundialización, no tiene solo consecuencias deportivas. En sociedades tan cerradas como la iraní, la pasión por el fútbol, ha crecido tanto que, los líderes religiosos islamistas temen que esta modernidad cultural que el fútbol vehicula (mujeres en los estadios, héroes emergentes fuera de los modelos convencionales, etc.…), podría atentar contra las tradiciones de una nación donde el deporte nacional siempre había sido la lucha.

Igualmente, la actuación de la Vinotinto en las eliminatorias mundialistas, con sus victorias nos enseñó que dentro del propio eje suramericano se puede concebir un nuevo orden deportivo, victorias éstas, si bien insuficientes para clasificar a un mundial, no obstante alcanzaron para despertar a una apasionada afición, que se identificó con su equipo nacional.

Dicho esto y volviendo a lo meramente deportivo, el funcionamiento cotidiano del fútbol en el ámbito mundial, ha padecido, y a pesar de las ventajas de la mundialización, sigue padeciendo de escándalos de corrupción y violencia, los cuales empañan valores y principios fundamentales propios del fútbol y de la mayoría de las prácticas deportivas. El fair-play (juego limpio) debe aplicarse en el seno de la propia FIFA y sus diversas confederaciones.

 

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