El triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias significó no sólo un cambio del poder legislativo sino también del ánimo colectivo nacional. Expertos coinciden que el optimismo adquirido será una fortaleza para enfrentar las dificultades del 2016
@boonbar
Ana V. salió a la calle a celebrar con sus vecinos en una urbanización en Caracas apenas supo que la Mesa de la Unidad Democrática (Mud) había ganado la mayoría en el Asamblea Nacional. No podía creer que después de 17 años, la oposición había derrotado al poderoso partido de gobierno. Que votar había valido la pena. Ahora “ya no se irían del país”, como había estado pensando con su esposo en los últimos meses, y su hijo, que estudiaba un posgrado en Francia, podría regresar a Venezuela.
Desde la madrugada del 6 de diciembre, la emoción se desbordó por las redes sociales de los venezolanos. Los muros de Facebook y timeline de Twitter se llenaron de risas y lágrimas, banderas tricolor, loas a la democracia, bienvenidas a la Navidad, declaraciones de amor a Venezuela y felicitaciones desde otras tierras. Una algarabía digital que se mantuvo encendida días después de unas elecciones que, por primera vez desde la llegada del chavismo, otorgaron la mayoría calificada a la oposición en el parlamento.
Más allá del cambio del poder legislativo, expertos coinciden que el 6D ocurrió un cambio en el ánimo nacional.
“Ganar las parlamentarias produjo un cambio de expectativas muy grande dentro proceso de transformación que vive el país. La gente estaba tan pesimista y acostumbrada a sentirse subyugada por el poder que fue la primera sorprendida por los resultados”, observa el psicólogo social y doctor en ciencias económicas Axel Capriles.
Para el especialista, ese cambio de expectativas, de ver luz en el horizonte y de comprobar que la sociedad puede expresarse y tener posibilidades de acción es extraordinario. “Abre opciones que se habían descartado desde hace tiempo en un país que pasó de ser territorio de oportunidades a uno lleno de pesimismo y adversidades que obliga a la gente a emigrar”.
Sin embargo, Capriles recuerda que el actual momento de transformación y luminosidad ocurre en un momento diferente al período anterior. Atrás quedó el período de abundancia y petróleo a precios altos. “Obliga a los venezolanos a cambiar la forma de relacionarse y concebir el país que no serán fáciles de asumir. Hay que tener conciencia de que 2016 será un año extremadamente duro por la crisis económica y política”.
El psicólogo social considera que va a haber un aprendizaje. “Nadie puede pensar que luego de 17 años de profunda destrucción de la red institucional y productiva haya una recuperación de la noche a la mañana. El venezolano, habituado al cortoplacismo, tiene que acostumbrarse a ver más hacia el futuro, plantear todo a largo plazo. Es una nueva circunstancia”.
Capriles resalta como uno de los aprendizajes más significativos del venezolano es que luego de más tres lustros, con un gobierno que siempre ha achacado la culpa de todos los problemas a otros -norteamericanos, oligarquía, adecos y copeyanos-, la gente va entendiendo que todo lo que sucede es responsabilidad no solo del gobierno sino de cada persona. Piensa que por primera vez en la historia reciente, en la que se ha llegado a un grado de hundimiento absoluto de la nación, el mecanismo de atribución de culpas a terceros muestra señales de agotamiento. “Cuando cada uno de nosotros se asuma como el verdadero actor de su destino, empieza a cambiar la sociedad”.
La acción colectiva es una de las lecciones fundamentales del 6D para el estudioso del comportamiento del venezolano. “Cuando los partidos de la Mud deciden trabajar juntos enfocándose en un objetivo común, se logran objetivos nacionales y sociales que están por encima de cualquier diferencia”.
El discurso de confrontación del chavismo se va a ir diluyendo, a criterio de Capriles. “El resentimiento como móvil de acción social y política está agotado, no lleva a ninguna parte y envuelve a una sociedad en un ardor emocional que a la larga la anula. Después del 6D, observo una reacción colectiva extraordinaria: no hay afán de venganza ni retaliación sino más bien el ánimo de trabajar en conjunto para recuperar la vida en democracia y bienestar”.
La euforia de las primeras horas es una reacción normal y de carácter momentáneo, pero de gran importancia para la movilización de un país, subraya el especialista. “Las expectativas positivas son un factor dinamizador de la economía, uno de los problemas que más golpea al venezolano en la actualidad. El simple hecho de darse cuenta de que si hay posibilidades de reconstruir la democracia y la vida en sociedad en Venezuela, abre el horizonte de manera fundamental. Después del 6D, mucha gente está pensando en retornar. Conozco personas que apenas Tibisay Lucena anunció el primer boletín, salieron a las fachadas de sus casas a quitar los avisos de “se vende”. Muchos han retomado viejos proyectos culturales y de negocios”.
Para el analista, existe una explicación de lo que ocurrió el 6D en términos psicológicos: existía un bloqueo energético en el venezolano que concentraba las emociones más destructivas, como el odio, miedo, resentimiento. Las elecciones abrieron una puerta que permitió que fluyera toda esa energía creativa reprimida y encontrara formas para alcanzar progresivamente logros para el funcionamiento de la sociedad. Y da fuerzas para enfrentar momentos difíciles”.
Desesperanza aprendida fue derrotada
El ánimo del venezolano se tornó positivo y esperanzado después del 6D. La “línea de optimismo” de un país es medible a través de encuestas. Lo explica el sociólogo Ángel Oropeza, quien aclara que es posible elaborar el perfil anímico de la población entre negativo y positivo, optimista y pesimista.
Por ejemplo, Hugo Chávez disfrutó durante mucho tiempo del ánimo positivo del país, salvo tres de los 14 años que estuvo mandando. En cambio Maduro, desde que llegó al poder, lo ha acompañado un ánimo pesimista por parte de la población, observa Oropeza.
“Eso cambió con las parlamentarias, no tanto porque haya ganado la oposición, sino porque en esta contienda electoral participaron todos los sectores. Se habla de un cambio de ánimo nacional porque votaron ambos bandos contra el gobierno, lograron un objetivo común”, afirma el sociólogo.
La desesperanza aprendida o indefensión aprendida sufrió un duro revés el domingo 6 de diciembre, considera Oropeza. Se trata de una convicción de que hagas lo que hagas, nunca lograrás los objetivos. Lo vemos en personas que repiten frases como “aunque ganemos no lo van a reconocer”, “los militares no van a dejar”, “el gobierno hace lo que le da la gana”.
También, la anticipación negativa fue derrotada el 6D. “Son las personas que sufren estrés durante mucho tiempo y piensan que lo positivo nunca llega. Son los típicos que dicen que no va a haber elecciones, y si las hay no la vamos a ganar, si las ganamos no las van a reconocer. Algo malo siempre impedirá que se cumplan los deseos u objetivos”, describe Oropeza.
“La euforia, por concepto, va a disminuir con el tiempo, pero la esperanza es más permanente”, afirma el sociólogo. “Si la oposición en la Asamblea defiende su palabra de representar a los venezolanos, la esperanza de cambio continuará. La gente entiende que esto es un triunfo importante para continuar el camino del cambio. Es apenas el principio de una serie de eventos que vendrán, como por ejemplo exigir al gobierno que rectifique sus políticas porque el país está harto de la crisis económica”.




