Juan Francisco García, autor en Runrun

Juan Francisco García

Juan Francisco García Abr 14, 2020 | Actualizado hace 4 meses
[BAJO REVISIÓN]

Hemos decidido eliminar este artículo de opinión mientras se realiza un proceso de verificación de los datos ofrecidos inicialmente. En caso de no cumplir con nuestros criterios editoriales, no será publicado de nuevo.

Urbanismo abandonado Don Raúl, de la Mision Vivienda, en el estado Apure. Foto Juan Francisco García.jpg
En el estado Apure 270 personas viven en un proyecto abandonado de Misión Vivienda sin sanidad, ni cloacas, ni agua. Territorio soñado para el coronavirus y su estela de muerte con la COVID-19.

@jufraga12 

Conocida la habitual opacidad de la tiranía, cunden las dudas con respecto a los alcances de la pandemia de la COVID-19 en Venezuela. El régimen esconde las cifras reales de contagios por temor a que se conviertan en un elemento más de presión para desalojarlo del poder. Pero están ahí.

El virus expande su reino en las condiciones infrahumanas en que viven muchos venezolanos. Sin centros sanitarios adonde acudir, sin alumbrado, sin casas, sin cloacas ni gas doméstico, sin dinero para comprar una pastilla de jabón, sin comida, sin agua…

No es una afirmación genérica. Estas condiciones que denuncio tienen los rostros y nombres de cientos de personas y un lugar preciso en el mapa territorial y de la corrupción chavista. Se trata de 270 venezolanos que habitan en Residencias Don Raúl, sector Las Iguanitas, parroquia El Recreo del municipio San Fernando del estado Apure. Un proyecto abandonado de la Misión Vivienda Venezuela porque las casas no cumplían con las mínimas normas técnicas ni condiciones para habitarlas.

El inconcluso urbanismo es una muestra más de la inexistencia del Estado como proveedor de servicios básicos para la ciudadanía.

Las fallidas viviendas fueron ocupadas, tras años de abandono, por ciudadanos apureños en condición de extrema pobreza. Ninguna tiene baño propiamente dicho, por lo que sus habitantes vierten sus excretas en una especie de excusado común, que así le llaman ellos, situado a escasamente ¡dos metros! de la única toma de agua del que dispone la comunidad. Esta agua la deben filtrar los vecinos con métodos artesanales para su consumo, higiene y la preparación de alimentos.

Corrupción en Misión Vivienda y COVID-19, por Juan Francisco García.
Habitantes del abandonado urbanismo Don Raúl, en Apure. Foto Juan F. García.jpg
Corrupción en Misión Vivienda y COVID-19, por Juan Francisco García.
Los residentes del abandonado urbanismo Don Raúl, de Misión Vivienda, viven en extrema pobreza, confinados y sin servicios y expuestos al virus. Foto Juan F. García E.

A la dramática condición de estos apureños se le suma la insensibilidad de la alcaldesa del municipio, señora Ofelia Padrón. La funcionaria, que si cumpliera sus funciones debería velar por el bienestar de esta gente de su jurisdicción, continuamente los amenaza con desalojarlos a la fuerza, sin considerar la precaria situación de salud pública en la que se encuentran, agravada hoy por el coronavirus.

Por si fuera poco, en la comunidad habitan unos 40 niños de condiciones especiales, como labios leporinos, síndrome de Down, deformaciones óseas y, claro, desnutrición extrema.

Cautiverio sin sanidad

Los habitantes del urbanismo Don Raúl, si es que eso se puede llamar urbanismo, nunca han recibido atención de los organismos de asistencia social, nunca han sido beneficiados con operativos de gas doméstico ni mucho menos con cajas CLAP.

Lo que sí han recibido últimamente son visitas conminándolos a que no salgan porque, por sus mismas condiciones de vida, tienen “una alta exposición a la pandemia de la COVID-19”. Una situación inhumana que debe llamar la atención del país: se condena en cuarentena a una población considerable, negándole al mismo tiempo las mínimas condiciones de supervivencia. Se le obliga a cumplir un cautiverio en viviendas desprovistas de todo servicio.

El virus de la corrupción

Esta denuncia debe servir para la reflexión del país y la búsqueda de la verdad: la crisis humanitaria se genera y agrava ahora por la artera corrupción del régimen. Esa misma que nos ha dejado un sistema de salud en ruinas y comunidades sumidas en la pobreza extrema.  

Ahí están 270 rostros y nombres que, en un urbanismo del estado Apure abandonado por la Misión Vivienda, claman por servicios básicos para hacerle frente a la pandemia que arrincona al mundo. Sin sanitarios ni agua y jabón para lavarse las manos.

***

Juan Francisco García Escalona. Exdiputado a la AN del PSUV por el estado Apure. Expresidente de la subcomisión de Cultos y Regímenes Penitenciarios de la Asamblea Nacional. Actualmente de la comisión de Organización del Movimiento Democracia e Inclusión, MDI, y coordinador Regional del estado Apure.

¿Es posible un alzamiento militar en Venezuela?, por Juan Francisco García Escalona

@jufraga12 

Venezuela vive tiempos de espanto. Quienes en otras latitudes escuchan lo que ocurre en este país latinoamericano, pudieran imaginar que se exagera por motivos políticos, y así lo ha querido hacer ver la dictadura de Maduro.

La angustiante situación venezolana pudiese considerarse una historia de realismo mágico del nobel de literatura García Márquez. Pero no. Desde los inicios del conflicto, los venezolanos han documentado, grabado, demostrado una  realidad que, pura y dolorosa, no es historia de ficción.

Al conflicto político, acentuado en los últimos 3 años, se suma la pandemia del coronavirus que desnuda la precariedad del sistema de salud del país, devastado por la corrupción y la ineficiencia de Gobierno que acabó con todas estructuras del Estado.

Venezuela se encuentra en un marco de amenazas latentes. El régimen, lejos de tener un manejo humanitario de la pandemia de la COVID-19, ha empleado esta para arreciar el control político y social. La ha usado como herramienta para atemorizar a la población y no permitir los reclamos por la ausencia de alimentos, agua potable, medicinas, combustible, gas doméstico, entre otros aspectos de vital importancia para una mínima subsistencia. 

Toda esta turbulencia y descontento en el seno del pueblo, en las barriadas, en el corazón golpeado de los profesionales, trabajadores, los obreros, de las madres y de los padres de familia pone de relieve la posibilidad de un alzamiento militar, enganchado con el desborde de la población.     

No tengo dudas de que estamos al borde, como sociedad, de una transición sociopolítica que podría dejar atrás la ola de crueldad a que hemos sido sometidos. Esta opción contempla en sí misma una serie de elementos que deben debatirse a plena luz, sin dogmas: el resurgir de las FANB en esta hora clave para deponer el régimen de Maduro. Una opción acariciada desde hace tiempo por todos los actores, nacionales e internacionales, que intentan establecer rutas, mecanismos, salidas al conflicto.

Las FANB determinan la transición

Las FANB también han sufrido la intervención de fuerzas extranjeras y tienen a sus principales referentes de liderazgo tras las rejas, sometidos a vejámenes y torturas, con sus familiares perseguidos. Dada las relevantes repercusiones de su acción o inacción, las FANB no actuarían para luego ceder el poder del Estado y avanzar como simples expectantes.

Aquí está el nudo grueso del futuro de Venezuela: requerimos una transición con el concurso de todos los actores para poder sentar las bases de procesos participativos, con métodos democráticos, donde no se ponga en duda la expresión del pueblo. Y que se respete lo que resulte de esos ejercicios para construir un Estado garantista y moderno.

De esta consideración se desgaja otra realidad: la incompatibilidad de las FANB con los partidos políticos de oposición tradicional G-4, por su debilidad ante el régimen y su complicidad en un sinnúmero de negocios.

Los intereses de las elites partidistas han actuado de forma y fondo para demorar el proceso de cambio tan urgido en el país, en esto resalta la extenuada y vacilante relación con quien se ha erigido como el líder de la oposición venezolana, el Ing. Juan Gerardo Guaidó.

Este, cuyo liderazgo no cuaja en las FANB, dejará de ser el referente de conducción de producirse la transición por la vía militar. Entre otras cosas, por no asumir por cuenta propia el liderazgo que se le ha confiado y ceñir su toma de decisiones a la de los cuestionados partidos, repudiados socialmente.

La delicada situación social anuncia tempestad. No hay una sola zona de defensa integral de la nación, batallón, base militar, del ejército, armada, aviación, que no padezca los embates de la crisis social originada por la convulsionada situación política.

Las FANB aguardan su momento. Cada minuto desde ahora pesa una barbaridad, se avecina el cambio y no hay forma de pararlo. En Miraflores hay preocupación y, sin dudas, buscan restablecer las negociaciones para su salida. Ya los cercanos no son tan cercanos, la desconfianza impera en todas las relaciones, cada quien abona su camino en búsqueda de una pequeña brecha para salvarse. La benevolencia divina no da para más, la tragedia pudo evitarse. Ahora deben enfrentar la irreversibilidad del tiempo y a todo un país que va en su búsqueda para exigir justicia y libertad.

Las horas para la transición van descontando.

[email protected]

Juan Francisco García Escalona: Exdiputado AN del PSUV, por el estado Apure, expresidente de la subcomisión de Cultos y Regímenes Penitenciarios de la Asamblea Nacional. Actualmente de la comisión de Organización del Movimiento Democracia e Inclusión, MDI, y coordinador Regional del estado Apure.

El juego de los dos Guaidó en la cancha del G4 que no da resultados al país, por Juan Francisco Gracia Escalona

Todos los venezolanos de bien apostamos por una salida democrática al grave conflicto político que vive nuestro país. Lamentablemente, cada vez que pareciera que estamos cerca de encontrarla, se presentan movimientos que nos hacen retroceder y el régimen madurista se afianza en el poder, que ejerce con brazo de hierro arrollando todo a su paso, como río en creciente.

La oposición venezolana no es la misma de hace unos años, pues se rompió el antiguo núcleo de chavistas contra opositores. El chavismo se desvaneció por toda la ola de corrupción, hambre y miseria que representa ese modelo político. Hoy es todo un pueblo contra una dictadura, aspecto de interés que no ha sido en su totalidad comprendido por la elite de los partidos de oposición denominada G4. Estos aún no encuentran las formas de encauzar a todos los sectores representativos de la diversa sociedad venezolana en la tarea del rescate de la democracia, y solo dibujan sus intereses por hacerse de los espacios burocráticos que genera el poder en las instituciones.

El castigo severo de la no concreción de los objetivos trazados lo cobra el presidente interino Juan Gerardo Guaidó Márquez, a quien le ha tocado la difícil tarea de ser el líder de una oposición partidista, que a la vista de todos no ama a nuestro país, que negocia sin escrúpulos con el régimen y muchas veces lo deja expuesto a la opinión pública como un gobernado de estos partidos. El presidente interino no ha demostrado en su totalidad la determinación de líder y de gran conductor de todo el país, actuando en concordancia con las direcciones de los partidos.

Mientras no asuma su liderazgo cabalmente y se prenda en fuego, los desatinos serán cada vez mayores, porque hasta ahora insiste en jugar en la cancha del G4, y cada vez que entrega el balón le hacen el gol en propia guardería, hablando en términos deportivos.

No obstante, siendo incisivo en el análisis, sin dudas hoy existen dos Guaidó: uno que no encuentra las formas y los medios de zafarse de la marcación hombre a hombre en toda la cancha que le han impuesto las propias organizaciones políticas opositoras, para que no se le ocurra avanzar en un planteamiento que no les asegure sus ansiadas cuotas de poder, esas que se reparten entre ellos según sus conveniencias.

Y el otro Juan Guaidó es el del retorno de la gira por Europa y Estado Unidos, un Guaidó que intenta abordar un mensaje más a la línea social, más al país y no a los partidos y que empieza a dar visos de asumir la dura carga que tiene en sus hombros, sin importarle que sus aliados presionen por opciones más cómodas.

Los aliados internacionales, por su parte, han manifestado públicamente en voceros de altísimo nivel su desconcierto por las tantas contradicciones entre los liderazgos de los partidos en Venezuela, tema que estoy seguro inundó a Guaidó en su gira internacional. Los reclamos evidentemente no se hicieron esperar, lo que en estos momentos debe retumbarle en su conciencia a la hora de anunciar acciones y trazar estrategias junto con quienes, evidentemente, están en un flujo de acuerdos con el régimen.

Una vez expuesta al país la búsqueda desesperada de los partidos políticos del G4 de un acuerdo con el régimen para participar en unas fraudulentas elecciones parlamentarias, en complicidad además con lo que se denomina “la mesita”, quedan muchas exclamaciones en los venezolanos que resisten y sueñan con la libertad de nuestra nación. Todos sabemos que la mesita no es más que una oposición creada y comprada, que existe en una nómina nacional, para lavarle el rostro a la dictadura venezolana.

Y es que este tipo de conductas es inadmisible en este punto de la lucha. Recientemente, como corolario de esta situación, tenemos las declaraciones de un diputado de la fracción del G4 justificando la necesidad de las elecciones parlamentarias según sus compromisos y su visión de lo que han sido los procesos electorales en Venezuela. Además del bochornoso acto de repartición entre los partidos -del G4 claro está y del PSUV- de los representantes de la sociedad civil al comité de postulaciones del Consejo Nacional Electoral. Esto ha significado una nueva estafa al país, una nueva burla con participación directa de quienes deberían actuar en consideración de lo que ha indicado el presidente interino.

¿Juan Guaido es contrario a esta situación, o la avala? Pregunta que sacude a todo el pueblo venezolano, aun brindándole el beneficio de la duda por la buena fe y el compromiso de Guaidó.

Por otra parte, el Sr. Capriles abiertamente hace campaña por elecciones parlamentarias, obviando a todas luces lo que es un pedimento internacional: elecciones presidenciales y parlamentarias, simultáneamente. La negativa del régimen se mantiene, además de retardar e impedir todo proceso de acuerdo transparente. Hemos visto cómo ha formado estructuras paralelas a las instituciones legítimas del país, siendo la referencia más horrenda la Asamblea Nacional Constituyente, el instrumento para falsear toda verdad y toda lógica de legalidad en la nación. Y, por si fuera poco, acude al Tribunal Supremo de Justicia para golpear incesantemente la voluntad del pueblo venezolano.

De acuerdo a todo esto ¿se puede confiar en el régimen de Maduro y Diosdado? No hay ni un ápice de transparencia en las negociaciones del G4 con el PSUV, en función de las elecciones parlamentarias. Esta situación responde a una estela de compromisos en el tiempo y concesiones de orden económico que son secretos a voces y que hipócritamente desmienten con el cinismo que no cabe en el rostro de ninguno de sus voceros, algunos con mejor trino que otros.

Mientras, el país espera que se consolide la propuesta de las elecciones simultáneas con el aval del Grupo de Lima, OEA, EE. UU. y la UE. Pero esta propuesta no se materializará si tras bastidores el G4 negocia otros rumbos.

Juan Guaidó, en su laberinto, debe saber que se juega su sobrevivencia política. Debe desmarcarse y evitar que otros decidan sobre él; de no hacerlo irá tristemente a un despeñadero de donde jamás podrá salir. Si estos desatinos continúan, probablemente tendrá un relevo de otro tipo, que asumirá las acciones a toda consecuencia sin flaquear ante el G4.

Esta carta se baraja en sincronización con los aliados internacionales, porque realmente todas las opciones están sobre la mesa, incluso la permanencia y la pertinencia del liderazgo del propio Juan Guaidó.

* Juan Francisco Gracia Escalona, exdiputado AN del PSUV, por el estado Apure, expresidente de la subcomisión de Cultos y Regímenes Penitenciarios de la Asamblea Nacional. Actualmente preside la comisión de la Organización del Movimiento Democracia e Inclusión, MDI, y coordinador regional del estado Apure.

Clamor indígena, por Juan Francisco García
Nuestros indígenas apureños, los hermanos indígenas de Amazonas, Delta Amacuro, Bolívar y Zulia están asediados hoy por la miseria, la desatención sanitaria y el hambre, esas plagas exterminadoras que arrasan con todo vestigio de vida a su paso. 

@jufraga12 

Venezuela es hoy un país en ruinas. El nivel de deterioro que exhibe cada estructura de nuestra base social es verdaderamente aterrador. Ahí está el desplome de la salud con epidemias redivivas que, no atendidas e incluso ocultadas por el Estado, diezman a nuestros pueblos originarios, esos que tanto exalta (y explota) el régimen en su retórica indigenista.

La atención indígena es inexistente en Venezuela, pese al discurso oficial “descolonizador” y a los golpes de pecho del Gobierno por nuestros pueblos primigenios. La Constitución de la República Bolivariana es letra muerta para, por mencionar el caso de Apure, poco más de 16 000 personas de las etnias Hivi, Yaruro, Pume y Capuruchano. Estas habitan en aproximadamente 600 comunidades, como Algarrobal, Las Mercedes del Capanaparo y Santa Barbará de Cunaviche del municipio Pedro Camejo, las más cercanas de las cuales están a unos 500 kilómetros de distancia de la capital, San Fernando de Apure.

Depredación sexual de niñas indígenas

En Santa Bárbara las comunidades indígenas se asientan en una finca que fue ocupada y posteriormente abandonada por el Ejército, dejando allí antenas de comunicaciones en desuso. Hoy estos pobladores y dueños de fincas denuncian, sin ser escuchados, que están siendo invadidos por grupos irregulares que los someten y esclavizan. Además de depredar sexualmente a las niñas indígenas con “más de una cuarta en la cintura”, las pequeñas de 10 a 11 años en adelante.

El mismo sometimiento lo sufren los guaijivos de las comunidades de La Macanilla, de Santa Ana, La Planta, Los Mangos, Vidal, Caño e La Guardia I, Caño e La guardia II y otras asentadas en el municipio Pedro Camejo, conocido como la Ruta de Gallegos por servir de inspiración a Rómulo Gallegos para escribir la novela Doña Bárbara.

Tampoco se quedan atrás, como víctimas de este horror, los hermanos yaruros en las comunidades Copa de Oro, Caño Negro entre otras de Cunaviche; y los indígenas del municipio Achaguas, repartidos en pueblos de Toribito, Chaparralito, Las Piedras, El Algarrobo, Los Mangos, Las Palmas, Matas Azules, Las Mercedes, Caño Amarillo, San José de Capanaparo, El Rosario, Fruta de Burro, Los Médanos, Palmarito, Las Matas, Guamote y Costa e La Pica.

Ejército y miseria

Con dolor recogemos las denuncias de los pobladores de Chaparralito, donde el atropello no solo ocurre a manos de grupos irregulares extranjeros como las FARC o el ELN. Es el propio ejército venezolano destacado en el lugar el que ha contribuido a destrozar la moral y la vida de los indígenas de esa comunidad.

Mientras que en el municipio Rómulo Gallegos, conocido en el país por las fiestas tradicionales de Elorza, la pobreza campea. Allí las comunidades de Boca Tronador, Puerto Infante, Elorza, La Trinidad de Orichuna y muchas otras han sido empujadas al extremo de la miseria: sin casas, con ranchos improvisados de palos y cubiertos con bolsas negras, sin medicinas, sin agua potable, sin comida.

Muchas de estas etnias, como las existentes en La Macanilla y en buena parte de Capanaparo, en mejores tiempos fueron atendidas por misiones religiosas de la Iglesia católica, logrando avances importantes en la atención médica y en la formación de los compañeros indígenas sin que perdieran su cosmovisión.

Pero esta actividad se vio fuertemente golpeada por las actuales autoridades locales que no solo no hacen su trabajo de asistir y servir según los cargos que ostentan, sino que bloquean toda iniciativa de apoyo y logística que organizaciones de la sociedad civil podrían emprender para aliviar la situación de las comunidades indígenas.

Sin Estado, sin dónde caerse muertos

Huérfanos, sin Estado, los hermanos indígenas se están muriendo aceleradamente y por cantidades. El paludismo, la malaria, la tuberculosis, el hambre no dan tregua. Y así como mueren, los entierran en un hueco sin condición sanitaria alguna. Con la llegada del invierno se incrementarán las muertes. Quienes logren sobrevivir y salir de las comunidades indígenas se irán a los pueblos a seguir hacinándose en mercados y en las terminales de autobuses, donde vivirán de la indigencia y la prostitución, a la vista de toda autoridad.

El estado Apure posee una geografía complicada en medio de sus 76 500 kilómetros. Tiene grandes ríos, selvas e incluso montañas en sus fronteras. Nuestra cultura envuelve grandes mitos y grandezas, siendo su mayor riqueza la calidad humana de pobladores que históricamente han hecho de las labores del campo, agricultura y ganadería, nuestro mayor referente.

Pero en una perversa lógica de dominación, el Gobierno de Maduro le niega el desarrollo agroindustrial y cede sus territorios y gentes a fuerzas irregulares que funcionan como escudo del régimen, en los planteamientos de guerra conjunta diseñada por los cubanos. Así, Apure fue entregado al manejo de gobernadores militares por la relación con las FARC y el ELN, convirtiéndolo en un flanco por donde el país pierde su soberanía por completo.

SOS al pueblo venezolano

Hoy la entidad clama por atenciones urgentes y una revisión futura de las líneas políticas para el desarrollo del territorio. No pueden seguir subestimándola por la escasa densidad demográfica de apenas 600 000 habitantes en la región apureña. Requerimos de una valoración geopolítica y geoestratégica de mayor incidencia en el acontecer nacional, por lo que albergan las inmensidades de nuestro territorio, incluidos los pueblos originarios.

Es pertinente que la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, revise e incorpore en su informe sobre Venezuela lo que ocurre con los indígenas de Apure, que se mueren en masa por la omisión de un Estado que prefiere dedicarse a las relaciones con el narcotráfico y el contrabando de oro, que garantizar el derecho a la salud y a la vida de las comunidades indígenas.  

Desde Apure le pedimos a todo el pueblo venezolano que se haga eco del clamor indígena. Que haga descorrer la máscara del supuesto indigenismo con el que el Gobierno pretende lavarse la cara entre seguidores incautos, “progresistas” y demás comeflores del mundo.  

La dura realidad es que, aquí en Venezuela, los pueblos indígenas siguen muriendo.

Juan Francisco García / Miembro de la comisión de organización del Movimiento Democracia e Inclusión.