La continuidad escolar en las regiones del país que resultaron menos afectadas por los recientes terremotos del pasado 24 de junio no debe asumirse de manera automática ni administrativa, sino más bien como una oportunidad indispensable para propiciar “el reencuentro social, la sanación emocional y la consolidación de una rigurosa cultura de prevención”. Es la posición de la Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) ante el llamado gubernamental a retomar el calendario académico.
Con este propósito que considera fundamental, la UCAB publicó el 7 de julio un documento de orientación pedagógica titulado “Decálogo para la continuidad escolar segura: un retorno basado en la protección, el bienestar y la resiliencia”. El manual establece que las escuelas y los hogares tienen en la actualidad la misión de convertirse en espacios seguros para procesar de forma colectiva el dolor generado por la tragedia y sembrar las bases para la esperanza.
A través de este escrito, se sugieren acciones prioritarias dirigidas a planificar y gestionar el cuidado integral de los docentes, estudiantes y los familiares encargados del acompañamiento en las viviendas.
Sanación y validación
La persistencia de la angustia y las secuelas psicológicas causada por los sismos fundamentan la primera recomendación del decálogo de la UCAB. La institución señala que el regreso presencial a los centros educativos tiene que configurarse primordialmente como un acercamiento. Así, proponen de manera explícita que las jornadas iniciales de clase se dediquen por completo a permitir que tanto los alumnos como los profesores compartan abiertamente sus vivencias, temores, miedos y esperanzas.
Todo bajo la premisa de que la paz y la armonía en el sector educativo solo pueden construirse si se reconocen plenamente las emociones de los demás y se validan de manera compartida el alivio y el valor emocional de encontrarse juntos nuevamente.
De todos modos, la estabilidad emocional requiere de soportes y objetivos que ayuden a disipar la incertidumbre de la comunidad. En su segundo punto, la guía pedagógica advierte que el cuidado debe pasar necesariamente por constatación irrefutable de la seguridad y la habitabilidad del plantel.
Por este mismo motivo, exigen que cada centro educativo cuente con una evaluación técnica rigurosa y con la correspondiente certificación de habitabilidad, emitida formalmente por las autoridades competentes, antes de autorizar el ingreso de los estudiantes y del personal docente, y así brindar seguridad sobre las condiciones de la infraestructura escolar.
Flexibilidad y salud mental
El tercer elemento del decálogo abarca la necesidad de adaptar la planificación académica según la compasión y la flexibilidad, partiendo del principio de que retornar a las aulas no puede traducirse, bajo ninguna razón, en un intento de recuperar el tiempo perdido por encima de la estabilidad psicológica de los estudiantes.
Educación UCAB solicita la suspensión inmediata de las evaluaciones de carácter rígido y de las exigencias netamente burocráticas, ya que estudios científicos y pedagógicos comprueban que un cerebro sometido a estados persistentes de estrés o miedo carece de la capacidad de procesar y fijar el aprendizaje como lo hace en condiciones normales. En su lugar, se propone reestructurar la planificación para darle prioridad a las dinámicas académicas, reflexivas y adaptadas de forma estricta a la situación en curso.
Por otra parte, la universidad recuerda que el personal docente, administrativo y de servicio también ha experimentado de primera mano las dificultades y temores de la emergencia sísmica, por lo que resulta imprescindible cuidar a los que cuidan también.
El cuarto punto aconseja a las autoridades de los centros educativos diseñar y activar espacios específicos de soporte psicológico y de contención emocional para los profesores. De acuerdo con la UCAB, se debería establecer una reducción real de las cargas laborales y un fortalecimiento de su salud mental, para garantizar que los maestros estén en las mejores condiciones para actuar como guía y apoyo dentro de sus aulas.
Cultura preventiva
Las autoridades aconsejan integrar la cultura preventiva ante desastres —con un enfoque netamente pedagógico— en las rutinas de las instituciones, en vez de mostrarla como actividad orientada a infundir temor o incertidumbre en los estudiantes. El diseño de planes de evacuación, la delimitación de las áreas seguras y la ejecución organizada y periódica de simulacros deben presentarse como herramientas fundamentales para los ciudadanos, entendiendo que el conocimiento sobre cómo actuar en momentos de emergencia es la fuente principal de paz y control.
El sexto punto abarca las consecuencias económicas que trajo consigo la tragedia y la responsabilidad social que deben manifestar las instituciones educativas, al reconocer que un volumen considerable de hogares padece pérdidas materiales severas o una gran inestabilidad financiera después de los terremotos.
La UCAB insiste en que las direcciones de los planteles manifiesten la máxima empatía y solidaridad posibles. Esto puede implicar el diseño e implementación de planes de flexibilización en los compromisos y pagos económicos de las familias afectadas, con la intención de evitar que este sea un factor de exclusión del derecho a la educación de los niños y adolescentes venezolanos.
Estrategias y acompañamiento
El decálogo también pone el foco en el hogar, al asignar a esta entidad un rol protagónico en el caso de los estudiantes que tengan dificultades para asistir de manera presencial a las escuelas. El séptimo punto determina que los padres, representantes y adultos del grupo familiar deben dar prioridad a las labores de contención, la escucha activa y la validación de los miedos y preocupaciones que expresen sus hijos.
La guía detalla cómo estructurar el acompañamiento pedagógico en el hogar para los alumnos que se mantengan bajo la modalidad a distancia y recomienda establecer rutinas que busquen estructura, pero sin generar estrés o presiones adicionales. Se sugieren actividades reflexivas, sesiones de lectura compartida y espacios de diálogo permanente, así como evitar replicar las dinámicas u horarios escolares en el hogar para, en su lugar, conservar de manera saludable el hábito del aprendizaje desde la calma.
Transparencia informativa
La necesidad de contrarrestar los rumores y la desinformación que suelen amplificar los estados de estrés y pánico social da pie a la novena directriz de la Escuela de Educación, en la que se destaca la importancia de que las autoridades de los colegios implementen y mantengan canales de comunicación transparentes, claros y constantes con los representantes, tanto para los núcleos familiares de los alumnos que asisten presencialmente como para aquellos que permanecen resguardados en sus hogares.
Finalmente, el décimo punto hace un llamado a acabar con el aislamiento de las escuelas en la gestión de las secuelas de la crisis. La UCAB exhorta a los planteles a reactivar y trabajar de la mano con las redes de protección social, como los consejos de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, las divisiones de Protección Civil y los servicios médicos locales, con el fin de detectar de forma temprana y abordar de manera eficiente cualquier caso de vulnerabilidad social y emocional.
Puede leer el comunicado por Educación UCAB aquí.
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