Carmen Beatriz Fernández: “En las autocracias la desinformación nace del propio Estado”

Internet se ha convertido en un nuevo teatro de operaciones de los conflictos entre países. Para la consultora política Carmen Beatriz Fernández, la desinformación, la censura y la manipulación hacen del espacio digital “el epicentro del teatro de operaciones global”, donde se confunden fronteras entre diplomacia, propaganda y maniobras militares.

Fernández, en conversación con Luis Ernesto Blanco en la más reciente edición de Espacio Runrun.es, recordó al académico Joseph Nye y su concepto de “poder blando”, basado en la persuasión cultural y diplomática, hoy desplazado por un poder duro que se despliega también en el ciberespacio. Allí conviven la propaganda y la diplomacia de los memes con los ciberataques, el hacking y las campañas coordinadas de desinformación. En este terreno híbrido, explicó, las autocracias tienen ventaja: carecen de contrapesos informativos y pueden combinar censura, bots y propaganda oficial con un férreo control de narrativas.

El caso venezolano ocupó un lugar central en la conversación. “Venezuela fue pionera en muchas de estas prácticas que hoy alarman en el mundo. Lo que Occidente descubrió en 2016 con los bots rusos, nosotros lo vivíamos desde 2012”, afirmó. Para Fernández, el chavismo pasó “de intentar ganar por la vía de la persuasión a imponer su relato por la fuerza, con bloqueos de medios, censura de plataformas y persecución digital”.

Un punto clave de la entrevista fue la constatación de que Venezuela no solo sufre estas prácticas, sino que ha sido pionera en ellas: mucho antes de que Occidente se alarmara por bots rusos o campañas de desinformación en 2016, ya el país experimentaba esas dinámicas. Esa condición de “laboratorio” explica por qué varios de los métodos vistos hoy en democracias avanzadas tienen antecedentes en la experiencia venezolana.

Sin embargo, Fernández también destacó la resistencia de periodistas y ciudadanos:

“En Venezuela sigue existiendo periodismo de gran calidad, y eso es absolutamente meritorio. La mejor vacuna contra la desinformación sigue siendo la información de calidad y la educación del consumidor”.

El diálogo también apuntó hacia el futuro. Si bien la inteligencia artificial y las herramientas de manipulación digital parecen un riesgo creciente, también ofrecen oportunidades inéditas para democratizar salud, educación y comunicación social. La entrevistada insistió en que el reto está en no ceder el terreno a la censura y en cultivar audiencias capaces de distinguir información confiable de ruido fabricado.

El intercambio concluyó con un matiz de esperanza: aunque las autocracias busquen monopolizar el ciberespacio, la propia dinámica tecnológica abre grietas para la libertad de expresión. “Cada vez que una plataforma se cierra, la gente inventa otra forma de comunicarse. La tecnología cambia rápido, pero el instinto de expresarse cambia aún más rápido”, afirmó Fernández, convencida de que ni siquiera los regímenes más duros pueden sofocar del todo la necesidad de informar y opinar.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país

Para la consultora política, cada vez que una plataforma se cierra, la gente inventa otra forma de comunicarse. La tecnología cambia rápido, pero el instinto de expresarse cambia aún más rápido
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Internet se ha convertido en un nuevo teatro de operaciones de los conflictos entre países. Para la consultora política Carmen Beatriz Fernández, la desinformación, la censura y la manipulación hacen del espacio digital “el epicentro del teatro de operaciones global”, donde se confunden fronteras entre diplomacia, propaganda y maniobras militares.

Fernández, en conversación con Luis Ernesto Blanco en la más reciente edición de Espacio Runrun.es, recordó al académico Joseph Nye y su concepto de “poder blando”, basado en la persuasión cultural y diplomática, hoy desplazado por un poder duro que se despliega también en el ciberespacio. Allí conviven la propaganda y la diplomacia de los memes con los ciberataques, el hacking y las campañas coordinadas de desinformación. En este terreno híbrido, explicó, las autocracias tienen ventaja: carecen de contrapesos informativos y pueden combinar censura, bots y propaganda oficial con un férreo control de narrativas.

El caso venezolano ocupó un lugar central en la conversación. “Venezuela fue pionera en muchas de estas prácticas que hoy alarman en el mundo. Lo que Occidente descubrió en 2016 con los bots rusos, nosotros lo vivíamos desde 2012”, afirmó. Para Fernández, el chavismo pasó “de intentar ganar por la vía de la persuasión a imponer su relato por la fuerza, con bloqueos de medios, censura de plataformas y persecución digital”.

Un punto clave de la entrevista fue la constatación de que Venezuela no solo sufre estas prácticas, sino que ha sido pionera en ellas: mucho antes de que Occidente se alarmara por bots rusos o campañas de desinformación en 2016, ya el país experimentaba esas dinámicas. Esa condición de “laboratorio” explica por qué varios de los métodos vistos hoy en democracias avanzadas tienen antecedentes en la experiencia venezolana.

Sin embargo, Fernández también destacó la resistencia de periodistas y ciudadanos:

“En Venezuela sigue existiendo periodismo de gran calidad, y eso es absolutamente meritorio. La mejor vacuna contra la desinformación sigue siendo la información de calidad y la educación del consumidor”.

El diálogo también apuntó hacia el futuro. Si bien la inteligencia artificial y las herramientas de manipulación digital parecen un riesgo creciente, también ofrecen oportunidades inéditas para democratizar salud, educación y comunicación social. La entrevistada insistió en que el reto está en no ceder el terreno a la censura y en cultivar audiencias capaces de distinguir información confiable de ruido fabricado.

El intercambio concluyó con un matiz de esperanza: aunque las autocracias busquen monopolizar el ciberespacio, la propia dinámica tecnológica abre grietas para la libertad de expresión. “Cada vez que una plataforma se cierra, la gente inventa otra forma de comunicarse. La tecnología cambia rápido, pero el instinto de expresarse cambia aún más rápido”, afirmó Fernández, convencida de que ni siquiera los regímenes más duros pueden sofocar del todo la necesidad de informar y opinar.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país

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