
En artÃculo reciente, el profesor Alexander Cooley de la Universidad de Columbia analiza el retroceso de las democracias liberales: “Durante la última década, los autoritarismos han experimentado y perfeccionado una serie de nuevas herramientas, prácticas e instituciones que están destinados a proteger a sus regÃmenes de la crÃtica externa y erosionar las normas que informan y subyacen en el orden polÃtico internacional liberal”. En el acápite “Adiós ONG, Hola Zombis”, se refiere a cómo la observación electoral regulada y respetada, de acuerdo a normas internacionales, es sustituida por los “monitores zombis” cuya función es legitimar elecciones fraudulentas.
El autor analiza la creación de ONG oficialistas, el papel legitimador de organismos regionales como Unasur y la Alba, y el importantÃsimo papel de los nuevos paÃses prestatarios (China y los paÃses del Golfo Pérsico) que permiten a los prestamistas menos respeto a la democracia.
Con la feliz expresión de Cooley sobre los observadores zombis, es posible analizar el cuadro polÃtico venezolano actual en el cual hay multitud de zombis rodeando unas elecciones que el gobierno busca convertir en una nueva fiesta pestilente.
  El régimen construye un tinglado con poción brujeril: huesos de pollo,  alas  de murciélago, el infaltable Samper, vellos púbicos de    Mugabe, una   que otra  verruga de enano sátiro, y aderezos secretos  traÃdos de las cuevas  donde las  alborozadas rectoras pernoctan. La  entraña de la cocción pútrida  es una  operación psicológica de  desmoralización.Intentan ganar las elecciones con una previa derrota polÃtica de las fuerzas democráticas, mediante la intimidación psicológica. Se proponen vencer en el corazón ciudadano para que, al final, la gente sienta que no tiene nada qué defender. El régimen descifra lo que los demócratas a veces no comprenden exactamente: en el marco de una dictadura posmoderna, una derrota polÃtica del adversario debe preceder a la victoria electoral propia.
El bebedizo dictatorial usa los ingredientes que analiza Cooley para procurar y luego legitimar un resultado electoral fraudulento. Por eso se vuelve imprescindible que la sociedad en su conjunto denuncie, enfrente y derrote desde ya y en lo posible a los zombis escarlata. Los ciudadanos deben ser acuciosos para identificar a los zombis que brotan de las alcantarillas: no se notan cuando están quietos sino cuando se mueven, por su andar turbio y desbaratado

En artÃculo reciente, el profesor Alexander Cooley de la Universidad de Columbia analiza el retroceso de las democracias liberales: “Durante la última década, los autoritarismos han experimentado y perfeccionado una serie de nuevas herramientas, prácticas e instituciones que están destinados a proteger a sus regÃmenes de la crÃtica externa y erosionar las normas que informan y subyacen en el orden polÃtico internacional liberal”. En el acápite “Adiós ONG, Hola Zombis”, se refiere a cómo la observación electoral regulada y respetada, de acuerdo a normas internacionales, es sustituida por los “monitores zombis” cuya función es legitimar elecciones fraudulentas.
El autor analiza la creación de ONG oficialistas, el papel legitimador de organismos regionales como Unasur y la Alba, y el importantÃsimo papel de los nuevos paÃses prestatarios (China y los paÃses del Golfo Pérsico) que permiten a los prestamistas menos respeto a la democracia.
Con la feliz expresión de Cooley sobre los observadores zombis, es posible analizar el cuadro polÃtico venezolano actual en el cual hay multitud de zombis rodeando unas elecciones que el gobierno busca convertir en una nueva fiesta pestilente.
  El régimen construye un tinglado con poción brujeril: huesos de pollo,  alas  de murciélago, el infaltable Samper, vellos púbicos de    Mugabe, una   que otra  verruga de enano sátiro, y aderezos secretos  traÃdos de las cuevas  donde las  alborozadas rectoras pernoctan. La  entraña de la cocción pútrida  es una  operación psicológica de  desmoralización.Intentan ganar las elecciones con una previa derrota polÃtica de las fuerzas democráticas, mediante la intimidación psicológica. Se proponen vencer en el corazón ciudadano para que, al final, la gente sienta que no tiene nada qué defender. El régimen descifra lo que los demócratas a veces no comprenden exactamente: en el marco de una dictadura posmoderna, una derrota polÃtica del adversario debe preceder a la victoria electoral propia.
El bebedizo dictatorial usa los ingredientes que analiza Cooley para procurar y luego legitimar un resultado electoral fraudulento. Por eso se vuelve imprescindible que la sociedad en su conjunto denuncie, enfrente y derrote desde ya y en lo posible a los zombis escarlata. Los ciudadanos deben ser acuciosos para identificar a los zombis que brotan de las alcantarillas: no se notan cuando están quietos sino cuando se mueven, por su andar turbio y desbaratado