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Palabras para un inocente, por Carolina Jaimes Branger

Emil Friedman

 

Al profesor Juan Carrillo del Emil Friedman le dieron libertad plena, ratificada por la corte de apelaciones. Había sido injustamente acusado de violación de un menor. La prueba de ADN practicada al semen fue negativa. Pero, cosas de este país de abusos, el profesor Carrillo, sin investigación previa, fue apresado. Puedo entender la ira del padre del niño violado. Tiene que ser espantoso pasar por esa situación, como para enloquecer a cualquiera. Pero el profesor Carrillo era inocente. Y a pesar de ser inocente, pasó por la terrible experiencia de estar en el Sebin, sentado en una silla con las esposas puestas, día y noche. Alguien me comentó que era la manera de “protegerlo” de que lo llevaran a una cárcel común donde lo hubieran linchado por violador. Y es que hasta los reos tienen su código de “honor”.

Conozco varias personas cuyos hijos estudian o se graduaron en el Emil Friedman y todos me hablaron maravillas del Profesor Carrillo. Todos quedaron impactados por la noticia que conmocionó a la comunidad escolar completa, pero coincidieron en la creencia de que el profesor era inocente.

Palabras aparte merece la esposa del profesor, quien con una entereza moral y una fuerza increíble se puso del lado de su marido. “Yo lo conozco”, dijo, “sé que es inocente”. Esa seguridad la acompañó en todo momento. E hizo lo posible para demostrar su inocencia hasta que lo logró. También fue bastión para sus hijas. Inenarrable el calvario por el que transitó esa familia.

El hecho es que esta terrible historia de un inocente que fue sometido al escarnio público me recordó una que leí hace años, sobre un hombre que acusó injustamente a otro, que fue hecho preso, perdió todos sus bienes y su familia fue repudiada. Demostrada su inocencia, el acusador fue a visitar a un hombre sabio y le preguntó que cómo podría remediar la injusticia que había cometido. El sabio le dijo que tomara una almohada de plumas, las fuera lanzando por todo el pueblo y luego volviera. El hombre se fue, satisfecho de pensar que eso de lanzar las plumas era una penitencia muy fácil para lo que había hecho. Volvió donde el sabio y le contó que tal como él le había dicho, había esparcido las plumas por todas partes. El sabio le respondió: “Ésa era sólo la primera parte. Ahora tienes que volver a las mismas calles e ir recogiendo las plumas una por una, hasta que vuelvas a tener la almohada llena”. El hombre, anonadado, le dijo que eso era imposible. “Trata y luego vuelves”, fue la respuesta del sabio.

El hombre empezó a caminar por las calles recogiendo las plumas, pero no logró llenar ni la tercera parte de la almohada. Acongojado, volvió donde el sabio, quien sentenció: “Así como no pudiste recoger las plumas que esparciste porque se las llevó el viento, así mismo las calumnias que lanzaste contra un inocente volaron de boca en boca. Él jamás podrá recuperar la fama ni la reputación que tú le arrebataste. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón y decir la verdad, para reparar en alguna medida el daño que le has causado”.

La historia termina con una reflexión: “Ésta es una lección que vale para todos. Es imposible recoger las plumas esparcidas por el viento. También es imposible recoger los males causados por el viento de la calumnia. Es imposible resarcir los daños causados por las murmuraciones y chismes. Lo mismo pasa con la lengua: es un miembro pequeño pero capaz de grandes cosas. ¿No ves cómo un pequeño fuego puede hace arder un gran bosque?”

Escribo estas líneas para ayudar a restablecer la imagen de un hombre bueno e inocente. Mis respetos, Profesor Carrillo.

 

@cjaimesb

Vivencia de una rebeldía, por Carolina Jaimes Branger

RafaelArévaloGonzález

 

La Historia hay que conocerla. No sólo para tratar de no repetir los errores, sino para aprender de quienes han dejado su impronta de honor, decencia y valentía. Sobre todo en estos tiempos cuando la palabra no vale nada, el dinero compra todo, lava todo, corrompe todo y la mayoría critica, pero no hace nada.

El miércoles pasado mi amigo Otto Seijas Sigala me hizo un regalo maravilloso: la biografía de su bisabuelo Rafael Arévalo González, escrita por Mariela Arvelo. Grandes lazos de afecto me unen a esa familia, heredera de una tradición de integridad que ha sabido honrar. Rafael Arévalo González fue periodista, director del diario El Pregonero y de la revista literaria Atenas. Sufrió catorce prisiones políticas, desde Crespo hasta Gómez, en el Castillo San Carlos en el Zulia, en La Rotunda en Caracas y en el Castillo Libertador de Puerto Cabello. Todas por opinar en contra del régimen de turno.

Su esposa Elisa Bernal Ponte -prima del Libertador- y sus hijos, padecieron las penurias que significaba tener al sostén de la familia preso, más nunca se quejaron. Elisa fue mujer de gran guáramo: se encargó de que la Revista Atenas siguiera imprimiéndose. Con esa escasa ganancia mantuvo a sus diez hijos. Murió unos meses antes de que Arévalo saliera de su última prisión. En una carta escrita poco después de su liberación “Para mi Elisa”, él le expresa su infinita gratitud:“No obstante la inmensidad de tu infortunio, nunca tuviste para mí un reproche, ni una queja siquiera por haberte arrastrado a los horrores de mi negra suerte…Te encaraste con la desgracia, la frente erguida y el corazón sereno. Te reíste de la pobreza…”. Elisa  de Arévalo nunca se cansó de abogar por la libertad de su marido. Fue la pareja perfecta para el idealista.
Arévalo González, como otros héroes venezolanos, fue considerado conspirador y desestabilizador por las opiniones que nunca calló. Su delito mayor fue haber postulado desde su columna del diario El Pregonero la candidatura de Félix Montes para la Presidencia de la República para el período entre 1914 y 1918, cuando pidió la renuncia de Juan Vicente Gómez. Su memoria debería ser objeto de los mayores homenajes, porque jamás cedió ni entregó sus principios. Es el precursor de tantos periodistas y presos políticos que han puesto sus valores por encima de cualquier amenaza o chantaje. Luis Beltrán Guerrero escribió el 5 de abril de 1965 en El Universal:
“Las Memorias de Arévalo González se leen de un tirón, como si fuese una novela de aventuras o policial, con interés creciente… En ningún otro libro venezolano encontrarán los jóvenes mayor ejemplo de dignidad, de honorabilidad verdadera, ajeno a toda componenda. Arévalo no se vendió ni antes del parto, ni en el parto, ni después del parto…”
“Ha llegado la hora de las reparaciones definitivas. La hora de reconocer, en toda forma, que Rafael Arévalo González ha sido uno de los grandes varones de la nacionalidad”.

Ricardo Zuloaga tenía en mente reeditar esas memorias y comisionó a la escritora Nacha Sucre, pero murió antes de cumplir su cometido. Ojalá que alguien retome la iniciativa, porque es cuestión de mera justicia. Como dijo Rafael Caldera: “Él fue el creador de la conciencia nacional. La expresión de secular anhelo. La vivencia de una rebeldía y al mismo tiempo –en la época del pesimismo máximo en la historia política del país- la afirmación de fe en un ideal”.

@cjaimesb

Surafricanos rinden honor a Mandela con un día de labor social

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La Asamblea General de las Naciones Unidas decide designar el 18 de julio Día Internacional de Nelson Mandela, que se observará todos los años a partir de 2010.

El 10 de noviembre de 2009 la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 64/13 decide designar el 18 de julio Día Internacional de Nelson Mandela, “en reconocimiento de la contribución aportada por el ex Presidente de Sudáfrica a la cultura de la paz y la libertad.

Reconocen los valores de Nelson Mandela y su dedicación al servicio de la humanidad a través de su labor humanitaria en los ámbitos de la solución de conflictos, las relaciones interraciales, la promoción y protección de los derechoshumanos, la reconciliación, la igualdad entre los géneros, los derechos de los niños y otros grupos vulnerables, y la defensa de las comunidades pobres y subdesarrolladas. Se reconoce también su contribución a la lucha por la democracia a nivel internacional y a la promoción de una cultura de paz en todo el mundo”.

El 18 de julio de cada año, la ONU se une al llamamiento de la fundación que lleva su nombre para dedicar 67 minutos de nuestro tiempo a ayudar a los demás, homenajeando a Nelson Mandela en su día.

Durante 67 años Nelson Mandela dedicó su vida al servicio de la humanidad, como abogado defensor de los derechos humanos, como preso de conciencia, trabajando por la paz y como primer presidente elegido democráticamente de una Sudáfrica libre.

Nelson Rolihlahla Mandela nació en Mvezo, Unión Sudafricana en 1918 y falleció enJohannesburgo, Gauteng, Sudáfrica, el 5 de diciembre de 2013. Fue un abogado, activista contra el apartheid, político y filántropo sudafricano que fungió como presidente de su país en el periodo de 1994 a 1999. Fue el primer mandatario de raza negra que encabezó el poder ejecutivo, y también el primero en resultar elegido por sufragio universal en su país. Su gobierno se dedicó a desmontar la estructura social y política heredada del apartheid a través del combate al racismo institucionalizado, la pobreza y la desigualdad social, y la promoción de la reconciliación social. Como nacionalista africano y socialista, presidió el Congreso Nacional Africano (CNA) entre 1991 y 1997, y a nivel internacional fue secretario general del Movimiento de Países No Alineados entre 1998 y 1999.

Originario del pueblo xhosa y parte de casa real tembu, Mandela estudió en la Universidad de Fort Hare y la Universidad de Witwatersrand donde estudió Derecho. Cuando residía en Johannesburgo se involucró en la política anticolonialista, por lo que se unió a las filas del Congreso Nacional Africano, y posteriormente fundó la Liga Juvenil en la misma organización. Tras la llegada al poder del Partido Nacional en 1948, ganó protagonismo durante la Campaña del Desafío de 1952, y fue elegido como presidente regional del Congreso Nacional Africano en la provincia de Transvaal.

Además presidió el Congreso Popular de 1955. En su ejercicio como abogado, fue varias veces arrestado por actividades sediciosas y, como parte del liderazgo del CNA, fue procesado en el Juicio por Traición desde 1956 a 1961. Influenciado por el marxismo, se unió en secreto al Partido Comunista Sudafricano (SACP) y fue parte de su comité central. Pese a que estaba a favor de las protestas no violentas, en asociación con la SACP fundó y comandando la organización guerrillera/terrorista Umkhonto we Sizwe (MK) o «La Lanza de la Nación» en 1961. En 1962 fue arrestado y acusado de conspiración para derrocar al gobierno, por lo que fue sentenciado a prisión de por vida durante el Proceso de Rivonia.

Fue prisionero

Mandela se mantuvo prisionero por 27 años, primero en la isla Robben y después en las prisiones de Pollsmoor y de Víctor Verster. Campañas internacionales abogaron por su liberación, y fue excarcelado en 1990 en medio de una convulsión social en Sudáfrica. Se unió a las negociaciones políticas con Frederik de Klerk para abolir el apartheid y establecer las elecciones generales de 1994, en las que lideró al CNA al triunfo en las urnas por lo que se convirtió en el primer presidente sudafricano de raza negra. Durante su Gobierno de Unidad Nacional invitó a otros partidos políticos para unirse a su gabinete, y además se promulgó una nueva constitución.

También creó la comisión para la verdad y la reconciliación para investigar las violaciones a los Derechos humanos cometidos en los años del apartheid. Aunque dio continuidad a las políticas liberales de gobiernos anteriores, en su administración se implantaron medidas para una reforma de la propiedad de la tierra, el combate a la pobreza y la expansión de los servicios de salud. A nivel internacional fue mediador entre los gobiernos de Libia y el Reino Unido en el juicio por el atentado al vuelo 103 de Pan Am, y verificó la intervención militar en Lesoto. Declinó postularse para un segundo periodo de gobierno, y fue sucedido en el cargo por Thabo Mbeki. En su retiro de la política se dedicó a obras de caridad y al combate a la pandemia del Sida a través de la FundaciónNelson Mandela.

De “terrorista” a político

Mandela, en palabras de van Engeland y Rudolph (2007), pasó de terrorista a político hasta llegar a presidente de Sudáfrica (1994-1999), por lo que fue una figura controversial en gran parte de su vida. Sus críticos le acusaron de ser un comunista y terrorista, pese a que se ganó el apoyo de la comunidad internacional por su activismo, lo que le hizo acreedor a más de 250 menciones honoríficas y otros galardones, entre ellos el Premio Nobel de la Paz, la Medalla Presidencial de la Libertad y el Premio Lenin de la Paz. En Sudáfrica es considerado como una figura de respeto, donde se le conoce con el nombre originario del clan xhosa, Madiba, o Tata (padre). Se le llama también el Padre de la Nación sudafricana.