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La decadencia del proyecto imperial de Estados Unidos, por Carlos Alberto Montaner

¿ESTAMOS MÁS CERCA DE LA OTRA GUERRA? No lo sé, pero si viene será mucho más peligrosa porque la bomba atómica se ha escapado de la polvorienta lámpara maravillosa y está al alcance de cualquiera que sepa frotarla y tenga recursos para ello.

Se trataba de evitar las guerras. Woodrow Wilson había fracasado en su intento de que la Primera (1914-1918) le pusiera fin a todas las grandes guerras, pero la Casa Blanca no dejaría pasar esta nueva oportunidad. Estaba en el espíritu de Franklin D. Roosevelt y de Harry Truman durante la Segunda Guerra mundial. Estados Unidos debía encabezar el esfuerzo descomunal de dirigir al “mundo libre”, para impedir las grandes conflagraciones entre potencias. Eso, exactamente, es lo que está en crisis.

Entonces se trataba de construir un imperio basado en la ideología de la democracia liberal (instituciones democráticas más mercado y propiedad privada) y no, como se había hecho hasta ese momento, agregando territorios conquistados por la fuerza a un centro distante y distinto como Londres, Moscú, Viena, Estambul, Madrid o Lisboa.

Para esos fines fue convocada la reunión de Breton Woods en 1944. Era vital dotar al planeta de un sistema financiero que le permitiera afrontar el posnazismo. Los alemanes estaban prácticamente derrotados y no había tiempo que perder. Tras la muerte de Roosevelt, su vicepresidente Harry Truman tomó el bastón de mando y creó el mecanismo de defensa para enfrentarse al espasmo imperial soviético. En la segunda parte de la década de los cuarenta originó todas las instituciones que libraron exitosamente la guerra fría: el Plan Marshall, la OTAN, la CIA, la OEA, el TIAR y un corto etcétera.

Ninguno de los dos contaba con la terca persistencia del nacionalismo. Un nacionalismo que resurgiría en todas partes, incluido Estados Unidos, impulsado por las migraciones de personas parcialmente diferentes a la corriente central que perfilaba a las naciones de acogida.      

El Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels comenzaba con una frase muy periodística: “Un fantasma recorre a Europa. El fantasma del comunismo”. Lo publicaron un mes antes de la revolución de 1848, pero entonces pasó inadvertido. No hubo ninguna relación entre la aparición de ese texto y las revueltas europeas. Si en vez de la palabra “comunismo” los autores hubiera escrito “nacionalismo” tal vez hubiesen acertado.

Los europeos continúan dispuestos a morir o matar por sus naciones respectivas, pero no por la Unión Europea. La persistencia de este fenómeno es muy peligrosa. Lo vi muy claro tras leer una inteligente observación del argentino Mariano Grondona. Decía, más o menos, porque cito de memoria: “Muchos argentinos están dispuestos a morir por su patria, pero no conozco a ninguno que esté dispuesto a morir por el Mercosur”. Dentro de la Unión Europea sucede lo mismo.

En las últimas elecciones al Parlamento Europeo fue bastante obvio que continúa la degradación del propósito que animó a ese tinglado: unir a los pueblos europeos a partir de ideologías democráticas y no de naciones, razas o idiomas. En ese gran cuerpo legislativo existe, y todavía domina, el centroderecha o Partido Popular Europeo. Le siguen, por número de diputados, los socialistas, los liberales, los verdes y, por último, los comunistas, que no son exactamente demócratas, porque el marxismo-leninismo no lo es y se burla de esas “zarandajas pequeñoburguesas”, pero coyunturalmente se comportan como tales.

El británico Nigel Farage, el italiano Matteo Salvini, la francesa Marine Le Pen, el húngaro Viktor Orban, el español Santiago Abascal, y el asesor de todos, directamente o in pectore, el estadounidense Steve Banon, quien estuviera muy cerca de Donald Trump, están de plácemes. La tendencia aumentó notablemente en el Parlamento Europeo. A mi, en cambio, me parece un síntoma de la agonía de la hegemonía americana y el fin gradual del mundo surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Entramos en una etapa mucho más peligrosa. Frente a la URSS todo era más claro, más fácil, probablemente mejor.  

 

@CarlosAMontaner

La vergüenza de América, por Elías Pino Iturrieta

CUANDO CIRCULÓ POR PRIMERA VEZ EL LIBRO de José Rafael Pocaterra, hace ya 83 años, usó como título La vergüenza de América. Hoy lo conocemos por los vocablos que lo convirtieron en lectura obligatoria para los venezolanos del siglo XX y de lo que va de siglo XXI, y para millares de destinatarios del vecindario y de latitudes europeas: Memorias de un venezolano de la decadencia. Es una de las obras mayores de la escritura venezolana, por el descubrimiento que hace de las características de la tiranía de Juan Vicente Gómez a través de la descripción de una experiencia personal. La narración de las vicisitudes de un hombre perseguido fue capaz de convertirse en espejo del sufrimiento de la mayoría de los actores de una época marcada por la ignominia de una autocracia bañada en petróleo, a la cual le llovían bendiciones porque había establecido la paz en una sociedad levantisca, o porque se escudaba en la bandera de un progreso material que la colectividad de los inicios del Estado nacional no había alcanzado. La imagen benévola se volvió historia aterradora y motivo de baldón colectivo cuando Pocaterra sacó sus recuerdos de la imprenta. ¿Por qué no volver ahora hacia ellos, cuando el futuro se asemeja a un pasado que parecía muerto y enterrado?

Una de las conclusiones más evidentes que se pueden sacar de la revisión de las Memorias de Pocaterra se relaciona con el predominio de una cúpula caracterizada por la mediocridad, aunque en no pocos casos también por la ignorancia supina. Venezuela fue gobernada entonces por un conjunto de funcionarios incapaces de mirar más allá de sus narices, alejados de las luces y apegados a las solicitudes de sus limitaciones de talento, librería y pupitre. Una docena de figuras que pasaban por doctas y contados burócratas apropiados para la atención de sus funciones constituyeron excepciones ante el predominio de un elenco distinguido por el adocenamiento. Seleccionados por las pinzas de un analfabeto funcional, agujas de un inmenso pajar seco que era el almacén más familiar a la voluntad de quien lo movía, una reunión de individuos minúsculos se ocupó de Venezuela durante veintisiete años. Un almanaque tan largo de permanencia en las alturas permitió que llevaran el rostro y el uniforme del jefe a la tintorería, para afeites generosos, hasta cuando Pocaterra los exhibió manchados de delitos y sangre.

Del trabajo de la adulación surgió la imagen del “hombre fuerte y bueno” que gobernaba, del estadista simplón, pero de sentimientos admirables, que miraba por el bien de la nación; pero el autor se ocupó de sacar la historia del papel de las hagiografías para ofrecer un exploración del conjunto de violaciones de la legalidad, llevado a cabo durante casi tres décadas por instituciones de apariencia republicana; y un itinerario por las prisiones tenebrosas que multiplicaron un clima de depredación hasta el extremo de fomentar una situación de parálisis cívica debido a la cual se sostuvo una de las tiranías más ignominiosas del continente. Gracias a la retentiva precisa de Pocaterra, aparece en toda su magnitud el hedor de las jaulas dedicadas al tormento de los prisioneros, la mayoría individuos comprometidos con la causa de la democracia de orientación liberal, las torturas minuciosas y la muerte ordenada con frialdad por el tirano y por quienes lo secundaban. Sentían que el miedo impedía las insurrecciones y sofocaba las respuestas categóricas, sin pensar en que un escritor memorioso se ocuparía de fijarlas en la sensibilidad del pueblo que anhelaba un destino más elevado.

El pasado no pasa del todo. Su cortejo marcha con lentitud hacia el cementerio, mientras se maquilla de actualidad para que no se observen las arrugas de su cara ni las deformaciones de su interior en el momento del segundo debut. No pocas veces se agazapa entre nosotros y entre nuestra seguridad de hombres modernos y despreocupados que tenemos la seguridad de una inhumación hecha por los antepasados. Hay que buscarlo con cuidado, porque se oculta en los rincones para reaparecer con ropa y vocablos de aparente novedad. Las Memorias de un venezolano de la decadencia pueden ayudarnos en el hallazgo del camuflaje.

 

La porquería de 1913, por Elías Pino Iturrieta

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La Constitución reformada al gusto de los golpistas para librarse de Cipriano Castro imponía la consulta electoral. Se debía elegir el próximo presidente de la república, en un ambiente de tranquilidad que controlaba Juan Vicente Gómez desde finales de 1908. Los nubarrones del castrismo no estorbaban la atmósfera. Los caudillos se juzgaban como escombros vivientes. Pocos se acordaban de los partidos del siglo XIX. Apenas un ruido que al principio no llamó a las preocupaciones insinuaba la posibilidad de sorpresas desagradables. Ezequiel Vivas, uno de los hombres más locuaces de Miraflores, había lanzado una consigna que podía anunciar incomodidades: ¡Gómez único! Pero los letrados y los políticos alejados del círculo montañés que se apuntalaba pensaron que aquello era pólvora mojada. Con tanta gente aguerrida, talentosa y decente, solo un insensato podía sugerir la jefatura exclusiva de un sujeto sin luces, la continuidad de un tonto que se había sostenido por obra del milagro durante cinco años. Veremos quiénes fueron los tontos de entonces.

En el entendido de que actuaba dentro de la más evidente normalidad, el ciudadano Rafael Arévalo González propuso la candidatura presidencial de Félix Montes, un abogado prestigioso y pacífico que jamás le había dado motivos al escándalo. Ignoraba Arévalo una noticia que lo dejó paralizado, antes de que fuera conducido a feroz cautiverio en La Rotunda, cargado de grillos: la novedad de una conspiración. El 17 de mayo de 1913, el gobierno anunció el descubrimiento de un movimiento armado que tenía el propósito de asesinar a Gómez para hacerse del poder. De acuerdo con las informaciones oficiales, bajo el influjo del coronel Román Delgado Chalbaud, hasta hacía poco socio del mandatario y director de una pujante empresa de navegación, se había desarrollado la felonía que obligaba a medidas extraordinarias. Agregaban los plumarios del régimen que lo acompañaba en el delito Leopoldo Baptista, personaje célebre, consejero de don Juan Vicente en la víspera y ahora tocado por el veneno de los iscariotes. Al frente del movimiento se encontraba un jefe temible que nunca había perdido una batalla y quien ahora afilaba el machete en Puerto Rico, Cipriano Castro, el “siempre vencedor jamás vencido”, información en la cual insistieron desde la casa de gobierno para que la sociedad calculara la magnitud de la convulsión que produciría un espantoso derramamiento de sangre. Gómez dijo que el tiempo no estaba para votaciones, suspendió las garantías constitucionales, encargó de la jefatura del Estado a un intelectual dócil, José Gil Fortoul, y se puso en campaña con un ejército de 5.500 hombres. Su cometido era la salvación de la patria.

Los ojos de entonces vieron el desfile de la formidable tropa, pero los oídos no se turbaron por el ruido de los disparos. No sonaron las balas porque no había enemigo. “Yo no puedo estar laborando en una guerra que no existe”, escribió Baptista desde el exilio. Cipriano Castro se enteró de los acontecimientos por el periódico de Santurce. Apenas se desarrollaron precarios movimientos de alzados en Guayana y en la frontera del Táchira, que desaparecieron en una primera escaramuza; e inició una heroica acción de guerrillas Horacio Ducharne, quien peleaba a solas en las montañas de Maturín. Para que la maniobra tuviera credibilidad, factores del gobierno, por intermedio del general León Jurado, propusieron a unos comités ciprianistas de las Antillas que se lanzaran a la lucha con su apoyo. Cayeron en la celada, y sus capitanes fueron capturados por el convidante cuando estaban en un hospedaje que les había facilitado. No hubo elecciones, desde luego, porque el patriotismo debía primero ocuparse de unos malvados. En abril de 1914, una Asamblea Nacional de Plenipotenciarios “en forma legal y solemne” entregó el poder a Victorino Márquez Bustillos, presidente provisional escogido por el héroe de una hazaña bélica que no tuvo lugar.

Escribo esta crónica porque estoy conmovido por la relectura de un libro mayor, las Memorias de un venezolano de la decadencia, que debemos a José Rafael Pocaterra. Me pareció útil volver con ustedes a las vicisitudes que tomé de sus páginas, pese a que, en sentido estricto, no se refieren a la decadencia de la actualidad.

 

@eliaspino

El Nacional

En lo concreto ... Y sin ir al más allá por Andreína Muñoz-Tébar

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    Comienzo invitando al lector a realizar el siguiente ejercicio (sacrificio) ciudadano:

   Dedique algunos minutos de esas horas que decide invertir en la Televisión para sintonizar la programación del Canal 8 o VTV, ese medio que se vende como “el canal de todos los venezolanos”; un Slógan más falso que aquella frase que soltó alguna vez el Comandante Galáctico: “Ser rico es malo” (malo para todo el mundo menos para la cúpula rojo rojita y los enchufados). Cabe hacer notar que da lo mismo si aprieta el 08 en su control que el 33 (Globovisión).

  No manejo cifras de las toneladas de cemento y cabilla con la cual cuenta este gobierno en stock, pero a falta de mercancía para “Dakazos”, y con los Mercados Bicentenarios más desolados que  coco de Hugo Carvajal o Rodríguez Chacín,  este Desgobierno se ha dedicado a “vender”, como muestra de interés por el Soberano, muchas “soluciones viales”.

 Al colocar entre comillas las soluciones viales no busco resaltarlas; se resalta lo que está bien hecho, lo que funciona, y no lo que se ejecuta sin estudio previo serio, donde la operatividad, seguridad y viabilidad del proyecto sean condiciones determinantes, que superen al menos en un 10% el “cuánto hay pa eso”.

  A diario circulo por la nueva “solución vial” de la Carlota, y puedo dar fe de las “nuevas colas” que se forman, de este a oeste y en la dirección contraria, sumando las probabilidades de accidentes fatales. Hace algún tiempo transité por la Valle Coche, y detenida por el tráfico producto de las obras de su ampliación, sin ser ingeniero ni carrera parecida, me preguntaba ¿Será que realizaron un estudio “serio” antes de intervenir estos cauces del Guaire? Solo una lluvia fuerte bastó para responder mi sana y lógica inquietud. Digamos que una que otra solución vial estuvo bien pensada e implementada. ¡Caray! Definitivamente luce irrisorio después de 15 años ininterrumpidos gobernando, sin obstáculo (legislativo y financiero) alguno. Cabe recordar los precios en mercado por barril de petróleo que recibieron durante los primeros 10 años de Robolución.

 Los autobuses Yukón son otro Plato Fuerte de esta Campaña Electoral (quien sabe si de otro guiso Chino-Gubernamental). Crean líneas de transporte solidario (muy válidas por cierto) como arroz (que no se siembra ni cosecha). El resultado: un pueblo desnutrido, sin ni siquiera “Yuka” que comer, pero con modernos autobuses a su disposición (y dólares para otros). ¿De qué sirve un Yukón sin medicinas para tratar la hipertensión, la diabetes, manque sea una simple gripe o una jaqueca producto de las horas en cola por conseguir comida o jabón para asearnos o lavar la ropa? ¿Cómo agradecer un Yukón que me traslade a un CDI o a un Hospital tipo I, II o III si al llegar no cuentan con los recursos para atender mi afección de salud? 

   Probablemente quienes se niegan a soltar poder en las próximas elecciones, (más que poder control a un poder desbocado, porque es parte de lo que debe hacer la Asamblea es eso, controlar) conocen las respuestas a las preguntas anteriores. Las viven en sus bolsillos, en la farsa diseñada en un “Plan de La Patria” acomodaticio para continuar con sus Pre-vendas y negocios de toda índole.

  Y entonces apelan al Muerto. Porque duélale a un gentío que lo amó, Chávez murió; y lo que dejó es un Ser, un Personaje que echa a la borda lo poco logrado.

  Chávez murió, y todas las tierras agrícolas expropiadas no producen ni monte.

  Chávez murió, y las escuelas siguen en ruinas, sin ofrecer espacios adecuados para la enseñanza, por más Canaimitas y tabletas que repartan. El estudiante de las Universidades Políticas sale formado en eso, en Política Roja Rojita, pero las universidades basadas en el pensum progresista son asfixiadas con descarado propósito de controlar Más Poder: El Intelecto, El Debate, El Cuestionamiento.

  Chávez murió, y la mayoría de los módulos de barrio adentro están técnicamente cerrados, sin recursos, incluso sin cubanos (porque se fueron a Estados Unidos).

  Chávez murió pero, ¿Se sabrá algún día la cantidad de dólares que se amasan en las alturas rojas rojitas, mientras el soberano padece escasez de productos, muchos de los cuales son sinónimo de vida?

  Chávez murió. Y utilizando su memoria pretenden ahora que justifiques desfalcos, ineficiencia, narco-tráfico, y te creas el cuento de guerras económicas inventadas, cuando ellos controlan hasta el más mínimo paquete de café o de harina que salga de planta? Su precio, su fabricación, su distribución?

  Chávez murió, y aquí no se produce nada, todo se importa, y sabes bien que con el barril de petróleo en el subsuelo, “literalmente”, Venezuela se quedó sin dólares.

   El FMI, ese del cual hablan no solamente Lorenzo, sino miles de economistas, no es el Coco… El  Coco son los millones de dólares que ya le debemos a la nación China. Y con sus condiciones, como por ejemplo, la entrega de exploraciones petrolíferas, entre otros negocios.

    Sí, debemos realizar ajustes, controlar el gasto público de un elefante blanco llamado Estado con una nómina para nada eficiente y muy politiquera, nunca planificada; pero esos millones de empleados en empresas improductivas del Estado podrían pasar a Empresas Productivas, disfrutando de un mejor vivir en una economía menos inflacionaria. Seguimos dándole más propina al Bombero que lo que gastamos en gasolina; un precio de comiquitas, pero que, de ser transparentemente invertido, estaríamos todos dispuestos a ajustar.

    ¿Sabes cuáles son los ajustes que no le interesan a la cúpula roja rojita? Esos que surgirían de meterle la lupa a los contratos, las obras, las compras, hasta del propio respirar de cada dirigente del gobierno que hoy pide el voto de los venezolanos.

    En lo Concreto y Sin ir al Más Allá, contéstame algo… ¿Vives mejor…? ¿Te alcanzan los reales para alimentarte? Te consideran criminal por “Bachaquear”, pero… ¿No es criminal es el costo de la vida que te obliga a optar por ese rebusque? ¿Estás de acuerdo con que eliminen tu póliza de HCM como empleado público, tal y como sugirió Maduro en alocución en cadena, y atenderte sólo en el Seguro Social y en Barrio Adentro? ¿Reciben tus hijos una educación colmada de excelencia académica y valores ciudadanos en las escuelas públicas? ¿No es una humillación que después de pasar ocho horas trabajando, tengas que sufrir 3 horas de colas por un champú? Te sacan a plomo limpio de un operativo de Mi casa Bien Equipada pero, ¿Dónde compran quienes te piden el voto ese televisor inteligente, esa nevera con fabricador de hielo, el horno multiuso que toditos tiene en sus hogares? ¿A cuánto y cómo lo compran?

  Son 15 años a cuenta del Comandante… 15 años de una Venezuela llevada al Quiebre y a la Decadencia…

  En lo Concreto y sin ir al Más Allá… ¿Realmente crees que les interesas…?

  Depende de alguien, llámese Estado o Revolución, para volverte esclavo.

  A eso llaman Revolución.

 

@dremunoztebar

  

La última carta de la decadencia por Ángel Oropeza

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Un síntoma inequívoco del ocaso de los regímenes autoritarios es cuando pierden su capacidad de sorprender. Y nuestro decadente madurocabellismo entró en esa menguante etapa desde hace rato.

Frente a la inocultable decisión de cambio de las grandes mayorías, el gobierno ha intentado de todo para torcerle el rumbo a lo que es ya un sentimiento nacional. La lista es larga. Desde retrasar el anuncio de la fecha de las elecciones, buscando generar desánimo y confusión, pasando por la ratificación de la muy útil y obediente señora Lucena al frente del CNE, la inhabilitación ilegal de candidatos, los arbitrarios cambios en la base poblacional de algunos circuitos para favorecer al oficialismo, la ocurrencia de la “paridad de género” después que la MUD había escogido sus candidatos, pensando que con ello podían impedir la constitución de sus planchas, la criminalización y persecución de dirigentes, la expropiación ilegal de partidos, la facilitación e incluso financiamiento de engañosas candidaturas disfrazadas de oposición, hasta el diseño fraudulento del tarjetón electoral, rodeando la tarjeta de la MUD con tarjetas oficialistas de igual forma, color y letra.

Para desconcierto del gobierno, ninguna de estas cosas ni sorprende ni funciona. Simplemente porque los venezolanos se cansaron ya de estar golpeando las puertas del gobierno reclamando comida y medicinas, mientras dentro sigue un grupito de privilegiados que no quiere que su fiesta privada se acabe.

Pues bien, a esa lista se suma la creación a diestra y siniestra de “estados de excepción”, último invento de la desesperación de un régimen en estado terminal.

Esta última carta no es otra cosa que un recurso extremo para intentar envilecer las elecciones de diciembre, buscando obstruir la realización de movilizaciones populares, el desarrollo de actividades de campaña y, al final, tratar de montar un control tutelar sobre la ciudadanía en esas circunscripciones sometidas a excepción.

Pero, además, este invento constituye al mismo tiempo una burla y una afrenta a nuestra Fuerza Armada, porque la pone a reprimir al pueblo para servir, en una obscena jugada electoralista, a unos poquitos desesperados que temen perder las delicias del poder.

La mala noticia para el gobierno es que este último invento tampoco va a funcionar. Pero ello implica actuar también con inteligencia, sobre todo por parte de la dirigencia de la alianza unitaria.

Hay que subrayar, como lo ha destacado el constitucionalista Juan Raffalli, que la participación ciudadana, incluida la política, no está suspendida ni restringida según los decretos de estados de excepción. El derecho de reunirse y de organizarse para participar en un proceso electoral está previsto en los artículos 62 y 63 de la Constitución, y por ello no puede ser restringido por la excepción según los mismos decretos que la rigen.

La Ley de Estados de Excepción en su artículo 7 dispone que en ellos no pueden ser restringidos los derechos a la participación y el sufragio. Pero, como recuerda Raffalli, el sufragio no es únicamente el acto de votar, sino que incluye –de acuerdo con la Ley Orgánica de Procesos Electorales–  todos los hitos del proceso, incluso los actos de campaña y sus actividades relacionadas.

Así que cualquier acto emanado de cualquier autoridad policial o militar que atente contra el sufragio y la participación política serían contrarios a la Constitución y a los propios decretos que rigen los estados de excepción. En consecuencia, ningún candidato a la AN puede ser privado de su derecho de realizar actos propios de su condición acreditada por el CNE, ni ningún ciudadano debe abstenerse –por pensar que no puede– de ejercer su derecho de expresar pacíficamente su preferencia política.

Una vez más, si seguimos haciendo las cosas bien, nos encaminamos a una victoria tan necesaria como contundente. Intentar detener a un pueblo cuando se decide a cambiar es como detener un tsunami con la mano. Simplemente no se puede.

@AngelOropeza182

El Nacional 

Venezolanos de la decadencia ... por Orlando Viera-Blanco

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En nuestro artículo anterior ¡No es la economía estúpido!, apelamos a un comparable cultural entre la sociedad norteamericana y la venezolana (y si me apuran, la latinoamericana), en la que planteo el componente económico vs. el social, como variables de incidencia política, de mayor impacto en la anglo (lo económico) que en la nuestra (lo social). Con este análisis ni negamos el mercado ni exacerbamos lo social.  Sólo queremos explicar por qué el divorcio de las masas con la oferta liberal, siendo en definitiva, la mejor alternativa.Ni Friedman o Smith ni Marx o el existencialismo ‎horizontal e igualitario de los clásicos de la ilustración. En el caso venezolano tratamos de reivindicar la pérdida del sentido de valoración grupal, que pasa por revisar nuestros códigos contributivos, humanitarios y morales, para hacernos resilentes no en lo individual, sino en lo colectivo y ciudadano. No puede ser que el costo de ser servidor público sea vaciar la tesorería, o de no pagar impuestos sea renunciar a nuestra pertenencia-nación.  Es la forma andaluza y lisa de hacer negocios con el Estado para exprimirlo, desde lo cual el corrupto exhibe su templo como trofeo, con pileta ataviada de pantalla de cine por un costado, y un bar anfibio por el otro; forrado de mármol y lapislazuli. Es el celestino que visita al burócrata exhibiendo su clásico cortejo, fumando un buen Cohiba y bebiendo un ron de reserva. Y no es un tema de Chávez para acá. Es de Guzmán Blanco a nuestros días, costumbrismo lacayo enaltecido con el Cabito Cipriano Castro. Si antes se hacía con mayor “discreción”, el descuento no le resta reproche. Porque desde lo ciudadano, que los alfiles de lo ajeno -el corrupto y el armador- beban y contemplen una puesta del sol en Santorini, mientras mueren de mengua, droga o violencia, el pueblo que les voto, ello no merece otro apelativo, que el adjudicado por Pocaterra en su Memoria de un venezolano de la decadencia, estos son, los “doctorsotes, los poetazos, los hombrazos de negocios… Una raza imperdonable de esquilmadores que raspan las dotes del poder vestidos de guayabera, sin importarle un carato el país. Pero también están aquellos que testimonian el saqueo calladitos, y lejos de censurarlo o contenerlo, imploran “por que no me tocó o mi”. Todo un “melpot” de riqueza fácil para unos y miseria para muchos, que trajo ansiedad de desquite, pasando lo económico de una aspiración válida, a un objetivo a muerte. Es el botín.

Nada hacemos reinstalando la democracia más liberal o el mejor capitalismo, si quienes administran y muchos de sus adminis‎trados, siguen operando como corsarios, ‎devorando los recursos del Estado y usando al pueblo como coartada.  Así vamos en una perversa espiral de vandalismo legitimado, donde cada 4 décadas entra el nuevo ciclo de andaluces (con el perdón de los gitanos), que se bailan el país a rabiar. Entretanto los sectores medios y profesionales quedan a merced de las sobras de la clase política y de una clase corporativa dizque comercial e industriosa, dejando a las masas, indefensas y desnudas a la espera de un nuevo actor político, ataviado de gorrita tricolor, escapularios y amuletos, arengando el sueño latino: un techo de cartón, un vergatario, un pico y una pala. La patria nueva. Una dinámica explosiva, engañosa y violenta, que acumula desconfianza e inquina, donde los clivages polarizados van a tiro de una sangrienta confrontación, mientras aparentes demócratas y revolucionarios, se llevan ¡hasta el queso que quedó en la mesa!

Frente a esta oprobiosa “convivencia ciudadada”,  no queda sino quitarle el testigo al liderazgo político, zamarro y genuflexo, que pacta hasta con el pirata. No negamos la democracia. No negamos la implementación de un modelo liberal y capitalista. Pero de seguir atrapados en el descrédito de los políticos convencionales y en la rapacidad de la “generación visa”, misma que raya tarjetas por el mundo, ruleteando Ferraris con pashminas de seda, vistiendo a sus niños de benetton o ferragamo y celebrándoles cumpleaños  de cientos de miles de dólares, el país seguirá bajo el mando de la codicia y  la gula.Si la sociedad civil decente no es capaz de organizarse entorno a un nuevo movimiento por la dignidad humana, la honradez, la civilidad y el respeto a la ley, seremos desplazados por un oportunismo voraz. Venezuela será rescatada por un nuevo orden ético, profundamente social (no socialista), inmensamente espiritual, consciente del desposeído, inclemente con el celestino; rigurosamente humano y normativo a la vez. La primera medida que clama el país es la recuperación de los fondos dilapidados y el enjuiciamiento de sus saqueadores. El pueblo hastiado, se unirá en esa cruzada… Obviamente la libertad de los justos y la justicia por los caídos es un fin superior. Pero el despojo de la riqueza de los venezolanos, tiene que ser reivindicada. Los venezolanos de la decadencia se reconocen fácil. Portan más de un avión y un objetivo: ¡llenarse de dólares! Y falta poco para pedirles cuenta de su borrachera de “Polo y Moet Chandon”, porque esa Venezuela proba, buena y digna, esta a la vuelta de la esquina…

@ovierablanco 

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