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Candelaria

PNB reprime concentraciones en Montalbán, Candelaria, la avenida Victoria y Bello Monte

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Funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) reprimieron a los manifestantes se concentraban en cautro de los puntos de la manifestación que la oposición había convocado para este sábado, 10 de junio: la avenida Victoria, Montalbán, en el oeste de la ciudad, en la Candelaria, en el centro, y en Bello Monte, en el este.

Los agentes lanzaron bombas lacrimógenas en los tres sectores para dispersar a los marchistas que tenían como destino la avenida Victoria.

En el caso de la avenida Victoria, los manifestantes colocaron obstáculos en varios puntos para evitar el paso de los funcionarios, sin embargo reportaron la presencia de la Ballena. En Bello Monte, la PNB tuvo refuerzo de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), quienes desde la Autopista empezaron a lanzar bombas lacrimógenas. Sin embargo, en un enfrentamiento contra manifestantes, retrocedieron.

La Mesa de la Unidad Democrática había anunciado que la actividad, denominada “Rumbo a la victoria”, comenzaría a las 10:00 am y tendría 11 puntos de concentración, entre ellos los anteriormente mencionados.

 

12F: “Te pido que no me golpeen las manos, soy músico”

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Protesta, muerte, violencia, abuso de poder, injusticia, esperanza. Un relato del 12 de febrero de 2014 desde la vivencia de un joven venezolano que fue a marchar aquel Día de la Juventud

@boonbar

Sed. Tenía la garganta seca cuando decidió separarse de su mamá y su hermana para ir a comprar una botella de agua. Todo iba bien aquel luminoso 12 de febrero de 2014 en el que salió a marchar con su familia por el Día de la Juventud. Hasta el mediodía, el entusiasmo y las consignas plenaban los atiborrados alrededores de la plaza de Parque Carabobo, en la Candelaria, frente al Ministerio Público (MP).

Pero todo cambió justo cuando Rafael Pacheco quitó la tapa de la botella de agua que no llegó a beber. El ambiente se crispó y una nube de gases lacrimógenos y perdigones invadieron la Candelaria. Vio acercarse hacia él a un grupo de muchachos que presurosos cargaban el cuerpo inerte de otro joven con la cabeza sangrante. Gritos, gente corriendo, carros bajo fuego y un cordón de policías con escudos antimotines comenzó a cerrar el paso. Todo en cuestión de minutos.

Logró llegar hasta estación de Bellas Artes con una pierna acalambrada y asfixiado por los gases. Nada sabía de su mamá ni de su hermana, las conexiones estaban colapsadas. Un camión ballena escupía agua y agentes de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), a pie y en moto, disparaban perdigones a la gente demasiado cerca. En la Plaza Morelos, tratando de recuperar el aliento, vio a un adolescente con la cara tapada con una franela que lloraba: “los guardias mataron a mi hermano”.

Caminó hasta Plaza Venezuela huyendo del caos de bombas lacrimógenas, perdigones y sangre que había estallado en la Candelaria. Finalmente pudo hablar con su mamá y su hermana por celular, asegurándole que se verían en la casa.

Se encontró por casualidad con un amigo y se acercaron hasta la estación de metro Zona Rental, frente a la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) desde donde salieron repentinamente tres hombres uniformados. Uno de ellos lo obligó a tirarse al piso y le apuntó con un fusil en la cabeza. Justo en ese momento, pasaba por allí un amigo de la barra de fútbol y lo reconoció. “¿Epa Fuca, estás bien?”. Bastó esa pregunta para que el Sebin le diera un culetazo y lo obligara también a pegar la cara al suelo. Más adelante le contaría que también venía de una marcha, pero del   oficialismo.

A ambos los esposaron al igual que otros dos jóvenes y los metieron dentro del edificio del Sebin de Plaza Venezuela. Dentro de la sede, a uno de los detenidos le encontraron una botella de refresco llena de gasolina. No tardaron en relacionarlo con las patrullas incendiadas de Parque Carabobo. Cuatro personas, que se identificaron como del MP, aparecieron  con una cámara  y empezaron a tomarles fotos junto con sus pertenencias confiscadas. Rafael sólo llevaba dentro de su bolso una camisa y un pote de agua vacío.

Estuvo hora y media esposado y arrodillado frente a una pared mientras le repetían: “te jodiste, te van a acusar por terrorismo de Estado, escuaca, manito blanca, guarimbero, te vas a podrir en la cárcel”.

Su celular comenzó a sonar insistentemente, pero no le dejaron atenderlo. Un agente lo contestó: “su hijo está preso en el Sebin”. Colgó antes de que su madre preguntara en cual de las sedes. Ella, angustiada, lanzó un tuit de alerta que fue replicado por cientos en la red social.

Los metieron en sendas patrullas sin saber a donde los llevarían. “Van a terminar en el Rodeo, se jodieron la vida para siempre”. Ya eran como las 5 de la tarde cuando identificó la inconfundible forma del Helicoide: estaban entrando a la cárcel de los presos políticos. No le habían dejado comunicarse con su familia o algún abogado. Sentía que se le derrumbó el mundo.

Lo bajaron de la patrulla a punta de patadas y los obligaron a pararse frente a una pared. “Te dije que no voltees”, le golpeaba un guardia cada vez que se atrevía a mirar de reojo mientras escuchaba como gritaban a su compañero: “Te vamos a quemar vivo para que veas lo que se siente”. Podía sentir el sonido hueco de los golpes sobre el joven. Y los chispazos.

Vino su turno en el interrogatorio. Entró a una oficina muy iluminada, con un mapa de Venezuela bien detallado. Le tomaron fotos, anotaron su estatura, color de ojos, peso. Un hombre le hizo todas las preguntas posibles con una pistola de electricidad en la mano. “Vamos a hacer esto rápido”. Le pidieron las contraseñas de sus correos y cuentas de redes sociales. Cuando se negaba, le daban pistoletazos en la sien, axilas, detrás de las orejas. Amenazaron quemarle los genitales. Le daban bofetadas y golpes en la cabeza.

“Soy ingeniero de sonido y músico. Te pido por favor, no me golpees las manos. Son mi instrumento”, les rogaba. Pero los agentes se reían y le pegaban en las manos. Una hora duró la pesadilla.

Le obligaron a firmar un chequeo médico que certificaba que gozaba de buena salud. Pasó la noche en una celda 3 por 3 con los otros tres detenidos y dos adolescentes heridos que había disparado a un hijo de un Sebin. Le ofrecieron agua, el primer sorbo que tomaba en horas, y unas sobras de comida. Logró dormitar un poco. Al fondo escuchaba la cadena de Nicolás Maduro en La Victoria.

Al día siguiente, los trasladaron a un calabozo del Cicpc en el centro de Caracas con olor a orín. Al atardecer, lo presentaron en  la audiencia de precalificación en el Palacio de Justicia. Les imputaron los delitos de alteración de orden público, asociación para delinquir y terrorismo de Estado, con régimen de presentación cada 30 días. Le quitaron las esposas. Lo dejaron libre. Al salir, pudo abrazar a su mamá. Ella sólo se enteraba de lo que pasaba dentro del edificio por los tuits del abogado Alfredo Romero, del Foro Penal: “Los jóvenes

El abogado de la organización Foro Penal que asumió su caso comentó que se trataba de uno de los casos más interesantes de su vida: un joven que participó en la marcha de la oposición se había salvado de que le cayeran mayores cargos gracias al testimonio de su amigo de fútbol, su amigo chavista.

 

Caraqueños almorzaron con la primera sesión de la nueva Asamblea Nacional

@loremelendez | Video: John Lindarte (El Pitazo)

LAS BURLAS CORRIERON DE UNA MESA A OTRA. Lo mismo ocurrió con los brindis, los aplausos y los presagios de lo que se avecina este 2016. En ese restaurante de la esquina La Cruz, en Candelaria, el almuerzo de este 5 de enero se hizo en torno a lo que todos veían en las pantallas de los tres televisores que estaban pegados a una pared adornada con guirnaldas navideñas. Donde suelen sintonizarse videos musicales o partidos de fútbol, esa tarde se pusieron las imágenes de la instalación de una Asamblea Nacional con mayoría opositora, algo que no sucedía desde hacía 15 años.

“¡Así es! Pal’ revocatorio vamos”, respondía una mujer a un hombre que se había acercado hasta su mesa para decir que los diputados de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) debían actuar pronto para sacar a Nicolás Maduro del poder o para organizar una Asamblea Nacional Constituyente.

“Vamos, (Henry) Ramos Allup. ¡Córrelos, córrelos!”, sentenciaba otra señora luego de que el diputado de Acción Democrática (AD), que es nuevo presidente del Parlamento venezolano, subiera al lugar donde se sienta la directiva del hemiciclo. En el momento en el que fue oficialmente electo en su nuevo cargo, los comensales festejaron. Las jarras de cerveza se chocaron. Un hombre de camisa roja, estampada con el logotipo de un ministerio, permaneció en silencio, con la mirada hacia abajo.

Quienes celebraban en el restaurante venían de la concentración que, más temprano, acompañó a los parlamentarios opositores hasta la esquina de San Francisco, donde el cordón policial impidió que los manifestantes siguieran la marcha hasta las puertas del Capitolio, tal como estaba planeado. Algunos se fueron a su casa luego de la corta caminata, mientras que otros esperaron en los alrededores para estar seguros de que la juramentación de los nuevos diputados se llevaría a cabo. Fueron esos quienes al mediodía se asomaron en los locales comerciales a la búsqueda de televisores que les mostraran qué pasaba puertas adentro del Palacio Legislativo. A la hora del almuerzo, todos querían saberlo.

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“Los que vienen aquí son los empleados del Ministerio Público. Esa gente está todo el día con la presión del ‘si no votas por mí, te boto o te quito el sueldo’. Yo pongo siempre canales de música, porque es lo que ellos me piden para almorzar, pero hoy es una circunstancia especial”, comentó el propietario de un restaurante de la avenida Urdaneta.

En una pollera cercana, muchos se asomaban, pero ninguno consumía. Quienes entraban se quedaban prendados de las imágenes del acto del Parlamento que se veían en el televisor de la entrada. El grupo de tres hombres de brazos cruzados frente a la pantalla, se ampliaba y disminuía con los transeúntes que se paraban para mirar la sesión por unos instantes.

“Este tipo si es ridículo. Puro pasado, chico”, comentaba un hombre frente al televisor mientras escuchaba la intervención del diputado del PSUV, Héctor Rodríguez, en el hemiciclo. Hablaba del Puntofijismo, de la avanzada edad de Ramos Allup y del paquetazo del 83. Otro le replicó que estaba “diciendo la verdad”.

Pero más temprano, la atención sobre lo que sucedería en la Asamblea parecía no perturbar la tranquilidad propia de los primeros días de enero. Si bien el Metro de Caracas lució más lleno por los manifestantes que se trasladaron hacia La Hoyada, las calles no lo estaban. Muchos negocios del centro de la ciudad permanecieron cerrados. Hubo gente en las colas de los supermercados y los taxistas en Bellas Artes auguraron un día de poco trabajo.

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“Aquí hemos visto pasar a bastante gente de la oposición, que se tuvo que venir a pie desde Colegio de Ingenieros, porque todas estas estaciones las cerraron. Los chavistas también pasaron por aquí, pero en autobús, hasta trancaron el tráfico”, comentó un conductor sentado en un banco de plástico, a la sombra de un edificio. Cerca de las 11:00 am, esperaba hacer su primera carrera.

¡El hombre de la Candelaria! por Carlos Dorado

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Cuando voy a mi trabajo, subo por la Avenida Urdaneta, y justo en la isla que está en la esquina de la Plaza La Candelaria, hay un hombre como de unos 65 años, con un medio bigote (se dejó crecer sólo la parte izquierda del mismo), con el pelo totalmente blanco. Este hombre, hace girar dos ruedas plásticas circulares de color.

En los momentos estelares de su actuación,  hace circular una en el brazo, y la otra en  la  pierna derecha, levantándola lo más que puede. Otras veces, como tomando un segundo aire, utiliza al igual que los niños, una sola rueda en la cintura, dándole vueltas a su cadera para hacerla girar.

Nunca he visto a nadie que le haya dado dinero por su actuación, pese a que serán más de diez años que lo observo en el mismo sitio, con la misma rutina, al igual que cientos de miles de personas que lo ven indiferentes al pasar. Ni siquiera sé, si el recibir dinero está dentro de su estrategia de vida.

Él está, y sigue ahí todos los días, con esa cara de serio, viéndolo todo y no viendo nada. ¡Algo así como que te mira, pero no te ve!

Para mí (me imagino que también para otros muchos), después de tantos años, ya forma parte de la arquitectura urbana de esa esquina; y mientras el semáforo me lo permite, siempre me quedo viéndolo, y pensando en qué pensará el hombre de La Candelaria. ¿Cuántas vidas habrán pasado a su lado, mientras él pasa su vida?

Debo confesar, que estos personajes atípicos me llaman mucho la atención, sobretodo porque somos muy superficiales evaluándolos; y mucho más ligeros al juzgarlos. Nuestras vidas, en estos tiempos que corren, nos han llevado a un pragmatismo enfermizo, donde invertimos nuestro tiempo, única y exclusivamente en aquello que consideramos que nos produce resultados concretos y rápidos; sin darnos cuenta de que en la vida, tan importante como los resultados, son los procesos. Pretender únicamente disfrutar de la victoria, sin haber estado apasionado por la preparación y la carrera, es simplemente una victoria muy pírrica.

La velocidad con que vivimos, nos impide en la mayoría de los casos ver y disfrutar el paisaje, y sólo nos motiva el deseo de llegar a donde supuestamente debemos llegar, asemejándonos a esos carruseles infantiles, que dan vueltas y vueltas, sin llegar nunca a ningún lado.

Estamos más preocupados por la velocidad que por la dirección. Ya no tenemos tiempo de leer la noticia, nos conformamos con el titular. Un buen artículo, lo sustituimos por una frase de twitter que leemos en segundos; y la cual seguramente más que formarnos, está deformando a alguien, disfrazado de información.

En nuestro email recibimos  información continua, que leemos hasta la segunda línea; y a veces hasta la transmitimos sin haberla casi leído; tal vez  porque es lo que intuimos que queremos leer y transmitir.

Estamos llegando a un extremo, en el que no conocemos lo que realmente debemos conocer, preocupándonos por lo que supuestamente le sucede a todos, olvidándonos de analizar lo que nos sucede a nosotros. ¡Estamos siendo nuestro principal enemigo!

Hace mucho tiempo, que al llegar a esa esquina, lo observo, y me pregunto: ¿Quién tendrá razón en la vida?, y siempre viene a mi mente la frase que mi madre solía decirme: “Carlos, vi tantas liebres correr sin sentido en la vida, que aprendí a ser tortuga para apreciar el recorrido”

A veces me provoca bajar el vidrio y hacerle algunas preguntas; pero me atemoriza pensar, que la respuesta del hombre de La Candelaria, sea muchísimo mejor que mi pregunta.

 

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El Ministerio Público presentará en las próximas horas ante un tribunal de control del Área Metropolitana de Caracas (AMC) a José Rafael Pérez Venta y Carlos Eduardo Trejo Mosquera, por su presunta responsabilidad en la muerte de Liana Aixa Hergueta González (53), cuyo cadáver descuartizado fue encontrado el pasado 7 de agosto en el interior de un vehículo marca Mazda,  urbanización Las Palmas, municipio Libertador del Distrito Capital.

En la audiencia de presentación, las fiscales 36º y 142º del AMC, Liduska Aguilera y Eliana Suárez, respectivamente, imputarán a los hombres por delitos previstos en la legislación venezolana.

Tras varias diligencias de investigación coordinadas por el Ministerio Público y ejecutadas por el Cicpc, se logró determinar la presunta vinculación de Pérez Venta y Trejo Mosquera con el mencionado hecho.

Por tal motivo, Pérez Venta fue detenido en horas de la noche de este lunes 10 de agosto por funcionarios del Cicpc en las inmediaciones de la parroquia Candelaria.

En el caso de Trejo, fue detenido la tarde de este martes 11 de agosto por funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana, en Nirgua, estado Yaracuy.

A Pérez Venta y Trejo se le señala de ser “patriotas cooperantes” y de haber infiltrado algunos partidos de oposición. Así lo revela un trabajo de investigación de RunRunes, que muestra la relación entre el caso de la química Araminta González y la mujer descuartizada.

 

*Con información del Ministerio Público