EL DIARIO ABC de Madrid (www.abc.es) consigue las revelaciones del cocinero del dictador norcoreano quien narra un ejercito de esclavas sexuales y se bebÃa 700.000 dólares anuales en coñac.
Las excentricidades más Ãntimas de Kim Jong-il, reveladas por su cocinero
El japonés Kenji Fujimoto afirma que el difunto dictador tenÃa un ejército de esclavas sexuales y gastaba 700.000 dólares al año en coñac
U. MEZCUAÂ /Â MADRID
DÃa 13/06/2013 –Â 01.26h
Poco, muy poco se sabÃa de la vida diaria de los gobernantes de Corea del Norte, el paÃs informativamente más cerrado del planeta. Hasta ahora: el chef de sushi japonés Kenji Fujimoto ha desvelado todos los secretos de Kim Jong-il, el padre del actual dictador norcoreano Kim Jong-un, en una entrevista concedida al ganador del premio PulitzerAdam Johnson.
Fujimoto —pseudónimo—, relata en la entrevista (publicada en la revista GQ) que permaneció durante doce años junto al dirigente norcoreano, con el que llegó a trabar algo parecido a una amistad (pese a que intentó asesinarle el al menos una ocasion, al sospechar que le habÃa traicionado).
Gracias a su posición privilegiada, a la que accedió tras haber conocido a Kim Jong-il durante un primer viaje al paÃs asiático en 1981 en el que el dictador, fallecido en 2011, se encaprichó de él, el cocinero fue testigo de los desmanes de la casta dirigente del paÃs entre 1988 y 1999. Durante ese perÃodo al menos dos millones de norcoreanos murieron de hambre.
Kim Jong-il vio en el un excelente confidente, ya que no conocÃa ni el idioma ni las complejas tramas polÃticas del paÃs asiático. Además, compartÃa en gran medida los extravagantes gustos del dictadorl. AsÃ, Fujimoto acompañó al hijo de Kim Il-Sung en numerosas juergas, que llegaban a durar varios dÃas, y también mientras veÃa su extensÃsima colección de cine norteamericano —llegó a atesorar más de 30.000 pelÃculas—, además de servirle como chico de los recados —volaba por todo el mundo para satisfacer sus deseos culinarios más extravagantes, y como cuidador de sus hijos, Kim Jong-chul y Kim Jong-un, el actual caudillo norcoreano.
A PekÃn por una hamburguesa
El chef se encargaba de la alimentación de Kim Jong-il, lo cual incluÃa frecuentes viajes por todo el mundo para abastecer su despensa de los productos más caros y selectos. Como parte de su trabajo, Fujimoto se desplazaba a Irán a comprar caviar, a Tokio para adquirir pescado o a Dinamarca para aprovisionarse de cerveza. También viajó a Francia en numerosas ocasiones para reponer la muy frecuentada bodega del dictador: según él, gastaba 700.000 dólares anuales en coñac.
Sin embargo, el viaje más disparatado fue cuando al caudillo norcoreano, paradójicamente amante de los productos norteamericanos, se le antojó una hamburguesa de Mc Donald’s: el régimen fletó un avión de Air Koryo, la aerolÃnea oficial del paÃs —y la peor del mundo, según los ránkings internacionales— únicamente para trasladarle a un restaurante de comida rápida de PekÃn.
Además, sus manÃas culinarias llegaban hasta el extremo de exigir que el arroz que comÃa fuera inspeccionado, grano a grano, por un equipo de 200 personas para evitar ser envenenado y que se filtrara algún grano defectuoso. El cereal debÃa ser cocinado con madera traÃda expresamente del monte Paektu, una de las montañas sagradas de Corea del Norte.
Un ejército de jovencitas para satisfacerle
Según el testimonio de Fujimoto, Kim Jong-il mantenÃa una animada vida sexual… a costa de decenas de esclavas sexuales a las que forzaba. Durante el primer viaje del cocinero al norte de la penÃnsula coreana, en 1981, los guardaespaldas del lÃder coreano se dedicaban a secuestrarlas en paÃses del entorno, como Tailandia o China.
Sin embargo, esta práctica era arriesgada y desataba las iras de la diplomacia de los paÃses afectados, asà que en 1988 el caudillo norcoreano creó un cuerpo especial de jovencitas de menores de dieciséis años a las que adiestraban para satisfacerle: las kippumjo o «Joy division» (División de la diversión). Las kippumjo eran enviadas a Taiwan o Hong Kong para recibir cursos especiales sobre masajismo y nadie, salvo el propio Kim Jong-il, podÃa tocarlas.
Borracheras de órdago
Además, el lÃder norcoreano celebraba continuas fiestas en las que el alcohol, procedente de la bien surtida bodega que tenÃa en un búnker de Pyongiang —donde guardaba más de cien mil botellas— fluÃa a raudales mientras los invitados jugaban al bacará, un juego de cartas similar al black jack.
En ellas los desmadres eran frecuentes: al dictador le gustaba practicar peligrosos juegos con armas de fuego, además de afeitar la cabeza de sus invitados cuando se emborrachaban. En la boda de Fujimoto con una famosa cantante norcoreana —a la que Kim Jong-il obligó a casarse con él—, el lÃder norcoreano aprovechó la borrachera del cocinero para raparle los testÃculos, a modo de particular regalo nupcial.
Pasión por el cine norteamericano
Kim Jong-il era un auténtico enamorado del cine estadounidense. Según Fujimoto tenÃa una colección de más de 30.000 pelÃculas de Hollywood, de las cuales sus favoritas eran las protagonizadas por Arnold Schwarzenegger, las cuales solÃa ver con Fujimoto.
En una ocasión, el dictador llegó a cambiar su seguridad personal tras visionar la cinta «En la lÃnea de fuego», en la que Clint Eastwood ejerce de guardaespaldas del presidente norteamericano. En la escena en la que Eastwood corre junto a la limusina presidencial. Kim Jong-il paró la pelÃcula, se levantó y gritó a su guardia personal: «asà es como quiero que me protejáis, como lo hacen los agentes del Servicio Secreto de las pelÃculas».Además, el dictador era seguidor habitual de los programas de cocina. Su favorito era «Iron Chef», y cada vez que Fujimoto viajaba a Japón, le traÃa los últimos capÃtulos en VHS, que después comentaba con él.
Nombre impronunciable
Cuando llegó por primera vez a Corea del Norte, en 1981, Fujimoto cuenta que tardó dÃas en saber que estaba trabajando para el lÃder norcoreano «porque nadie se atrevÃa a pronunciar su nombre». Según él, todos le llamaban «Jang-gun-nim», que significa «querido general».
El sumo respeto con el que todos trataban al dictador era una constante, hasta el punto de que nadie osaba llevarle la contraria. El propio Fujimoto cree que, en parte, el haberle caÃdo en gracia a Kim Jong-il se debe a que en una ocasión, al poco de conocerle, osó rechazar un sobre repleto de dólares norteamericanos que éste le tendió. «El traductor me dijo que estaba loco», explica.
Piscina de oro
Otra de las extravagancias del general fue ordenar la construcción de una piscina olÃmpica subterránea a prueba de misiles en la ciudad de Wonsan, la segunda más importante del paÃs, situada en el sureste. En el fondo de la piscina King Jong-il ordenó dibujar su esfinge con teselas de oro. Además, para evitar cansarse al nadar, el dictador ordenó a sus ingenieros que le construyeran una lancha motorizada.



