POCO A POCO ESTE APÓSTOL de la izquierda latinoamericana, quien desde el comienzo del gobierno de Chávez tuvo papel protagónico en la cúpula cívico-militar -que hasta sus libros publicó como cortesía de la alcaldía del municipio Libertador bajo Freddy Bernal- se ha venido separando de aquella ilusión creada del caudillo-militares-pueblo que tanto lo entusiasmó.
Primero veamos el currículo que una revista del socialismo trae sobre este profesor Heinz Dieterich, quien al principio del establecimiento del gobierno chavista fue junto a la chilena Marta Harnecker un consultado asesor del comandante Chávez: “nacido en la RFA radica en la Ciudad de México. Es sociólogo por la Universidad de Frankfurt, Alemania y Doctor en ciencias económicas y sociales por la Universidad de Bremen, Alemania. Desde 1976 es Profesor e investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana en la Ciudad de México; desde 1989, Presidente del Foro por la Emancipación e Identidad de América Latina; desde 1992, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y del 2006, Coordinador Internacional del Bloque Regional de Poder Popular en América Latina. Autor de más de 30 libros y profesor visitante en Alemania, España, los Estados Unidos, Brasil, Nicaragua, Venezuela y Canadá”.
Dieterich, que como dice arriba esta residenciado en México fue convocado por el presidente venezolano para que desde la embajada venezolana en Ciudad de México reuniera a intelectuales latinoamericanos y mexicanos en diferentes cónclaves de reflexión en la propia sede diplomática venezolana. Varios embajadores pueden dar fe de dichos coloquios donde hasta fueron invitados miembros del FMLN de El Salvador para ser “bañados” por las luces del pensamiento socialista.
Hace unos años cuando Heinz comenzó a cuestionar el rumbo de la revolución venezolana no por otra cosa sino porque sentía que la nueva esperanza de la izquierda comunista o socialista global, a pesar de tener dinero para repartir y sembrar sus ideas en todo el mundo, no tenia futuro ante tantas incongruencias y chapucerías por parte de los rojos venezolanos.
Sus críticas han venido apareciendo en los diferentes portales de la izquierda latinoamericana.
Si bien es cierto que la última advertencia de Dieterich fue la de la pasada semana podemos revisar y ver como su visión crítica ha sido permanente en los últimos años.
Colocaré, comenzando por su evaluación de los resultados electorales del domingo, algunas de sus señales al socialismo-comunismo venezolano:
Venezuela: cambia el modelo o colapsará como el modelo cubano
En Cuba se perdieron cinco valiosos años antes de emprenderse la necesaria rectificación de un modelo estructuralmente agotado. A Hugo Chávez le quedan para la misma tarea menos que ocho meses.
Heinz Dieterich | Para Kaos en la Red | 28-9-2010
Los resultados electorales de Venezuela manifiestan una verdad vital para el proceso bolivariano y plantean una incógnita existencial para el Chavismo. La verdad es, que el modelo de gobierno postgolpista de Hugo Chávez, de 2003-2007, ha sido incapaz de desmantelar el Bloque Electoral Opositor (BEO) de la derecha en siete años, pese a disponer de condiciones excepcionalmente favorables para lograr tal fin. Ahora, la interrogante existencial es, si Hugo Chávez ganará las elecciones presidenciales del 2012.
La incapacidad de la política del Presidente, de destruir el Bloque Electoral Opositor (BEO), es tanto más dramática cuanto que contaba con condiciones extraordinariamente favorables, entre ellas:
1. Los exorbitantes precios del petróleo;
2. Una discreción ejecutiva y legislativa prácticamente absoluta, por los dólares de PDVSA y la ausencia de la oposición en la Asamblea Nacional;
3. Una oposición extraparlamentaria fragmentada, sin Proyecto Nacional y sin líderes de estatura, es decir, una oposición ¡sin cabeza ni cuerpo!
La pregunta para el 2012 es si esas condiciones mejorarán o empeorarán. La respuesta es evidente: los precios petroleros no van a subir; la oposición, reactivada por su éxito relativo, logrará una mayor unificación que ahora, y el modelo de gobierno del Presidente se volverá más disfuncional de lo que hemos visto desde diciembre del 2007, particularmente en su aspecto económico y propagandístico. Este escenario es más grave aún, si se toma en cuenta que la oposición dispone ahora de un foro propagandístico nacional (la AN), del cual carecía desde el 2005, y que la campaña electoral fue el máximo esfuerzo organizativo que el Presidente, su clase política y su Partido podían realizar. No será posible aumentar su potencia para la campaña de 2012.
La dialéctica decisiva de la lucha política en Venezuela es la siguiente. El Bloque Electoral Opositor (BEO) tiene una sólida base socio-ideológica, de alrededor del 37 por ciento. El Bloque Bolivariano tiene una base semejante con alrededor de un 40 a 43 por ciento. El sector flotante, “los ni, ni” como dicen en Venezuela, representa alrededor de un 25 por ciento del electorado votante. Ese sector flotante, sin mayores lealtades ideológicas, decidirá las elecciones presidenciales del 2012. Desde el 2003 en adelante, el gobierno ha ganado su lealtad mediante los enormes subsidios estatales. Pero, los bajos precios del petróleo, la ineficiencia económica y la alta inflación, no permitirán que este método de cooptación y atracción de clientelas, pueda mantenerse tal cual hasta las elecciones del 2012. Y sin las mieles del subsidio y de las ganancias estatales, ese sector probablemente caerá víctima de los cantos de sirena de la oposición.
Raúl Castro está dejando a pasos agigantados el sistema del Socialismo del Siglo XX atrás. A pasos agigantados, porque: a) la revolución del sistema cubano tenía que haberse hecho como consecuencia lógica e inmediata de la autocrítica pública de noviembre del 2005, de Fidel Castro y, b) porque, si Raúl no la hace ahora a gran velocidad, el sistema colapsa con un desenlace caótico.
En Cuba se perdieron cinco valiosos años antes de emprenderse la necesaria rectificación de un modelo estructuralmente agotado. A Hugo Chávez le quedan para la misma tarea menos que ocho meses. Ese tiempo es objetivamente suficiente, bajo una condición: que el pueblo imponga la rectificación, porque los líderes de la nueva clase política “bolivariana” son tan arrastrados ante el poder que no pueden atender el supremo destino de la nación, cambiando el rumbo del Titanic.
El 21 de marzo del año en curso el periodista Vladimir Villegas lo entrevistó para El Nacional. De ese diálogo citaré un par de segmentos:
VV-¿El Presidente tiene un iceberg cerca o lejos?
HD-Lo tiene mucho más cerca de lo que admite en discusiones públicas. Por una parte, subestima el peligro; y, por la otra, hay ansiedad frente al creciente desorden del sistema de gobierno. El iceberg tiene por base el bloque electoral de apoyo a la derecha, que gira en torno a 40%. Si a esto se agrega una crisis coyuntural fuerte, el apoyo al Presidente puede caer significativamente y el país podría volverse ingobernable. La sociedad está dividida en dos grandes bloques. Eso es absolutamente inestable frente a cualquier crisis coyuntural. El desenlace de esa crisis puede ser problemas en la calle, dinámicas en el Parlamento o una desobediencia en sectores militares.
VV-Pero Chávez afirma que tiene el control de la Fuerza Armada.
DH-Dos meses antes del golpe de abril, importantes funcionarios, desde el ministro de la Defensa, la vicepresidenta Adina Bastidas y hasta el propio Presidente, dijeron que no había peligro. Le hice un análisis a Bastidas y a su equipo. Les decía que el golpe vendría en cuatro o cinco meses. Ella dijo que era imposible, porque Washington no lo quería. Y después hice esa exposición ante el Presidente. Él me dijo que no podía haber golpe porque los militares son sus hermanos de la Escuela Militar. ¿Si antes del primer golpe no vieron que había ese peligro, qué garantías hay de que hoy evalúen adecuadamente la situación?
VV-Pero el cuadro parece distinto del de 2002.
HD-Los organismos de inteligencia son mucho más eficientes que en aquel entonces, pero eso no elimina el peligro.
VV-¿Hay una conspiración o la oposición está trabajando realmente por las elecciones?
HD-Estados Unidos siempre actúa en dos o tres escenarios de manera paralela, y uno siempre es la llamada revolución naranja, puesta en práctica en Europa Oriental. Financias y movilizas la gente, viene la elección y pierde el Presidente. El otro es un conflicto militar a través de Uribe- Santos, que es un peligro muy real. Y en ambos se necesita una red interna. Modelo funcional
VV-¿Qué debe hacer el Ejecutivo para recuperar el camino a la realización de un gobierno eficiente?
HD-Chávez debería reflexionar en torno a si el modelo de gobierno que le resultó exitoso de 2003 a 2008 hoy es funcional. A mi juicio, es infuncional.
VV-¿Las rectificaciones que se requieren están hacia la izquierda, el centro o la derecha?
HD-La mayoría de los venezolanos reconoce que el Gobierno ha aportado cosas positivas. La reacción lógica de la gente es querer conservar esta situación. La gente tiene que percibir al Presidente como el garante, el sujeto de su futuro con paz interna y externa, con democracia real y prosperidad. Hay fisuras en esa percepción. Cuando la gente deje de creer en eso va a buscar otra fuerza política. Por ahora no la ve porque los partidos de la derecha no son creíbles y el golpismo menos.
El martes 5 de Enero de 2010 una vez más vuelve a la carga el ideólogo Heinz:
P.: En mayo y setiembre de este año, Colombia tiene elecciones presidenciales; y Venezuela, legislativas. ¿Cómo vislumbra el panorama?
H.D.: Si el partido de Hugo Chávez (PSUV) pierde las elecciones legislativas de 2010, el proceso bolivariano llega a su fin. Para ganar, el presidente tiene que resolver los problemas de seguridad, ineficiencia, crisis económica -caída del PBI del 4,5% en el tercer trimestre, inflación del 35%, un mercado negro y dólar incontrolable- y la pérdida de credibilidad del discurso oficial, entre otros. Resolver estos problemas presupone la refundación del actual modelo de gobierno. Sólo el estrato conductor del PSUV puede imponer tal refundación.
¿Hay purgas políticas en el Gobierno de Chávez? Las denuncias de corrupción en varios bancos privados llevaron a la renuncia del ministro de Comunicaciones, Jesse Chacón. Además, Chávez criticó en público a Diosdado Cabello, ministro de Infraestructura y uno de sus hombres de mayor confianza.
H.D.: Son dos dinámicas diferentes. Con la renuncia de Jesse Chacón, un hombre muy apreciado por el presidente, el Gobierno se protegió políticamente del escándalo banquero. La crítica pública a Diosdado Cabello, algo absolutamente insólito, muestra la creciente preocupación del presidente sobre la ineficiencia del sistema gerencial del Estado que, en su pensamiento, es el principal peligro para una eventual derrota electoral en 2010.
P.: En uno de sus últimos artículos usted describió al Gobierno de Chávez como un Titanic a punto de chocar y señaló la urgencia por cambiar el rumbo. También el embajador de Venezuela ante la OEA, Roy Chaderton, dio una señal de alarma ante los medios.
H.D.: La preocupación por la supervivencia de la revolución bolivariana, expresada por el embajador Roy Chaderton, existe en amplios sectores de la Nueva Clase Política (NCP) bolivariana, desde alcaldes, diputados, diplomáticos, militares, comunicadores, gobernadores y hasta ministros. Esa preocupación nació hace alrededor de tres años, pero se manifiesta hoy con mayor fuerza, porque el iceberg está más cerca. Como es natural, hay fracciones de derecha, centro e izquierda en la NCP, definidas por ideología, política y economía. Lo que tienen en común es su miedo a perder el poder. Por eso no actúan ante el presidente con la verdad y firmeza que requiere la grave crisis del sistema y de la nación.
P.: ¿Cómo son los tiempos para poder corregir el rumbo?
H.D.: Creo que el punto de viraje, el punto de no retorno, será enero. Porque hay que rediseñar un nuevo modelo de gobierno, eficientizar su ejecución y convencer a la población de su viabilidad, y eso requiere tiempo.
P.: ¿Está desencantado de Chávez?
H.D.: No; estoy desencantado con los altos líderes del proceso, a muchos de los cuales conozco personalmente, que se hacen cómplices históricos de la catástrofe que se avecina. No entiendo su falta de decisión para cambiar las cosas.
Ya el 3 de diciembre de 2007 en el portal Kaosenlared.net el alemán mexicano escribía sobre lo que podía suceder en Venezuela. Resaltaré lo más significativo:
Derrota estratégica en Venezuela; peligro mortal para Bolivia y Cuba
1. Posible fin de los gobiernos en Bolivia, Venezuela y Cuba, entre 2008 y 2010
El Presidente Chávez ha sufrido una derrota estratégica en el referendo constitucional, que junto con la derrota estratégica del gobierno de Evo en Bolivia y la cada vez más precaria situación en Cuba, constituyen un panorama extremadamente grave para las fuerzas progresistas de América Latina. Es posible que los gobiernos de Hugo Chávez y de Evo Morales no sobrevivan los embates de la reacción en el año 2008 y que el modelo cubano se agote en el 2009-2010, si no se toman medidas realistas de inmediato.
Es un momento difícil y doloroso para iniciar un análisis frío de la derrota, pero no es posible posponerlo, por dos razones. Esta es una guerra, y en toda guerra la derrota y confusión del enemigo es el momento idóneo para liquidarlo con un golpe decisivo. De la misma manera, la innecesaria y evitable derrota en Venezuela es el producto del triunfalismo, del voluntarismo y de la falta de debate crítico dentro y fuera del proceso. La única manera de salvar el proceso ahora es la crítica racional de las causas del descalabro y la comprensión realista de las opciones de triunfo que quedan.
2. El sistema de conducción oficial: razón principal de la derrota
2.1 La Asamblea Nacional
La causa principal de la derrota en Venezuela es el sistema vertical de conducción del proceso bolivariano. Esto es evidente en sus tres instancias formales, en las cuales el Presidente no tiene contrapeso alguno: el parlamento, el gabinete y el partido. El parlamento (Asamblea Nacional) es, esencialmente una caja de resonancia de la voluntad presidencial donde los diputados, controlados por tres “capataces”, dicen “sí “a todo lo que él plantea, aunque sea inviable. La responsabilidad de esta situación reside en parte considerable en los diputados oficialistas, que no quieren perder sus prebendas.
2.2 El Partido y el Gabinete
Lo mismo sucede en el partido de Estado (V República, hoy PSUV) y en el gabinete. La relación del Presidente con los ministros del gabinete es bilateral, no colectiva. No asiste a las reuniones del gabinete, donde, en consecuencia, las fracciones más poderosas de la Nueva Clase Política (NCP) se las arreglan entre sí, dentro de los lineamientos generales del Presidente y bajo su poder de veto.
La fracción dominante de la Nueva Clase Política—cuyos tentáculos van del control del aeropuerto de Caracas vía las influencias en los servicios de inteligencia, en la Cancillería y en los nombramientos de los generales de las FAN, hasta fuertes activos económicos— es la que encabeza el gobernador del estado Miranda, Diosdado Cabello.
El sistema presidencial de dominación del gabinete, que se basa en la sustitución de la negociación en bloque por la negociación bilateral, y el reconocimiento de su poder de veto, se fundamentaba en dos elementos: el oportunismo material y de poder de los ministros—la Venezuela bolivariana es, probablemente, la única democracia burguesa, donde nunca ha renunciado un ministro—y la conciencia compartida, de que la única garantía del poder era la popularidad del Presidente. Al menos la segunda premisa está ahora en tela de juicio.
La ventaja de este sistema para el Presidente era la discrecionalidad del poder y una cierta distancia de los casos de corrupción, ineptitud de los ministros y falta de seriedad en los debates del gabinete. Estando ausente, nada de eso era responsabilidad directa suya. Sucedían cosas, como cuando un ministro de finanzas entró a la sesión y dijo: “Tengo tantos y tantos miles de millones de bolívares. Presenten sus propuestas. Están autorizadas de antemano.”
El precio político que pagó el Presidente por ese sistema de conducción fue la falta de información sobre la realidad, y el relleno del gabinete y de su entorno en Miraflores, de oportunistas de la NCP que, aunque muchas veces ineptos para los cargos escogidos, garantizaban el control burocrático del proceso, más no la cercanía al pueblo. Un anillo adicional que le filtra la realidad es el del sistema de Miraflores, donde, por ejemplo, los inspectores que él puede enviar para investigar un problema, pasan por el cuello de botella del Ministerio de la Presidencia. Algo semejante pasaba con los análisis de la “Sala situacional” del Palacio donde, además, pasaron por el control de unos jóvenes “asesores” extranjeros (españoles, franceses), sin experiencia ni nivel político, pero con muy sabrosos sueldos.
Esa situación cortesana se reprodujo a nivel internacional, generándose un circuito internacional de aplaudidores intelectuales individuales, alimentados con premios culturales absurdos de 150.000 y 100.000dólares, y colectivos, como algunas páginas web de izquierda, que suprimen o marginan todo debate crítico sobre el desarrollo de los procesos progresistas en Venezuela, Cuba y Bolivia.
3. Las señales de advertencia: los idus de marzo
El producto que se le pretendía “vender” a la ciudadanía, la reforma constitucional, era deficiente; de hecho, tan deficiente que solo se logró convencer a una cuarta parte del electorado. Había cláusulas tácticas absurdas, como la ampliación del período presidencial de seis a siete años; elementos económicamente inviables como la jornada de seis horas y propuestas estructurales, como la refundación del Estado sobre consejos comunales, cuya implementación presuponía la existencia de una dictadura revolucionaria en Venezuela, para la cual no hay condición alguna. En toda la historia latinoamericana solo ha habido dos dictaduras revolucionarias: la cubana, desde 1960 hasta mediados de los años setenta, y la del Dr. Gaspar Francia en el Paraguay del siglo pasado.
La reforma constitucional era un producto del exceso de confianza del oficialismo que creía que con la popularidad del Presidente—quien, inclusive en una fase crucial del proceso, se ausentó durante una semana del país—, y los fuertes aumentos salariales a médicos, maestros y otros sectores sociales, con abundantes aguinaldos, el regalo de la jornada de seis horas y el ambiente navideño, iba a pasar.
Con todo, las advertencias de un posible fracaso de esta innecesaria y arriesgada batalla, estaban a la vista: el proceso electoral de diciembre 2006, donde el Presidente, contra su propia proclamación, no consiguió 10 millones de votos, sino solo 7.3 millones; la incapacidad del poder presidencial de integrar a todas las fracciones de la coalición gubernamental en el nuevo partido oficial, el PSUV; la prolongada incapacidad del gobierno de convertir a Telesur en un poder televisivo real y, finalmente, la subestimación del costo político de una pérdida de la alianza con el General Baduel, que, a todas luces, era evitable.
4. Crisis de vida o muerte, en el 2008
La primera posibilidad institucional de que la derecha sustituya al gobierno del Presidente Chávez, se da en enero del 2010, a través del referendo revocatorio. Pero, Washington no esperará tanto tiempo. En la guerra se da la batalla decisiva cuando el enemigo está derrotado y en confusión. Es decir, Washington tratará de dar golpes decisivos a partir de este momento en los flancos débiles de la revolución nacionalista-desarrollista latinoamericana, para convertir la batalla ganada en una guerra ganada.
El primer gobierno que caería en este escenario, es el de Evo en Bolivia, porque allá Washington ha logrado construir una situación muy cercana al jaque mate. En Venezuela, el detonante será, además de la subversión oligárquica-imperial, la crisis económica que golpeará con fuerza en el 2008, si el gobierno no toma medidas de urgencia de inmediato.
El oficialismo ha convertido en tabú el debate macroeconómico. Sin embargo, cualquier economista puede inferir desde los equilibrios funcionales necesarios para la economía de mercado, dónde va a estallar el problema. La inflación, ya de por sí alrededor del 18%, recibirá un nuevo auge con la inyección adicional de capacidad adquisitiva (liquidez) por el fin de año y requerirá después un enfriamiento considerable, que será aprovechado por la oposición. Los precios administrativos (definidos por el Estado) y regulaciones para los alimentos básicos, las divisas internacionales y el consumo interno de la energía, distorsionan cada vez más las relaciones de oferta y demanda y vuelven incontrolable a la economía, causando mercados negros, corrupción, burocracia y desabastecimientos.
La idea de sustituir la inversión externa por la inversión del Estado, en lugar de controlarla, nace, al igual que las excesivas regulaciones e irreales precios administrativos de una sobreestimación del poder del Estado frente a las fuerzas del mercado. La economía venezolana sigue siendo una economía de mercado capitalista y su superestructura sigue siendo la de una democracia burguesa, y esto determina las opciones reales que tiene la política económica de Miraflores. La voluntad del cambio revolucionario y el deseo de ayudar a los pobres, no logra contrarrestar esas realidades objetivas, tal como experimentaron Mao en el “gran salto adelante” y Fidel en la zafra de las 10 millones de toneladas. El voluntarismo tiene sus límites objetivos.
5. ¿Cómo evitar la destrucción del gobierno?
La derrota del referendo debilita sustancialmente el poder del Presidente en cuatro frentes de batalla: a) ante la oposición interna; b) dentro de los aparatos del oficialismo, donde los delfines de la Nueva Clase Política reorganizarán con urgencia sus escenarios del “Chavísmo sin Chávez”; c) en la política internacional y, d) en las Fuerzas Armadas. Lo último es fundamental si tomamos en cuenta que hace tres meses hubo un conato de rebelión en un Comando Regional (CORE) de la Guardia Nacional.
Para evitar que esta derrota se convierta en el Waterloo del Presidente, es imprescindible que renueva el sistema de conducción del bolivarianismo a nivel del partido, del Estado y del parlamento y que se construyan instancias que se atrevan a debatirle sus propuestas. Estas instancias tienen que ser pluralistas, para ser funcionales, abarcando un amplio espectro político, desde el General Alberto Mueller Rojas, militar jacobino; el General Raúl Isaías Baduel, representante del centro político; los partidos y sindicatos obreros de la izquierda que están naciendo; el Socialismo científico del Siglo XXI y los movimientos sociales, entre otros sectores, que no sean fascistas.
Hugo Chávez es necesario para la continuación del proceso, pero sólo tendrá futuro, si se abre a instancias colectivas de conducción. Si no, destruirá el proceso que ha ayudado a construir, porque no solo es cierto, que “la Revolución devora a sus hijos”, sino también que los líderes revolucionarios, cuando se convierten en conductores unilaterales, “devoran a la Revolución”.
6. La previsibilidad de la política
En agosto del 2005 advertí sobre los peligros de la Nueva Clase Política para la revolución (“Venezuela: diez Tesis sobre la Nueva Clase Política”), y en julio del 2006, sobre la previsible contraofensiva oligárquica-imperial: mientras los “cinco pilares de poder de la oligarquía: el económico, el militar, el eclesiástico, el mediático y el imperialismo estadounidense-europeo siguen intactos, la guerra no ha terminado. Y de hecho, una fuerte contraofensiva oligárquica-imperial puede esperarse a partir de 2008/9”.
Esa ofensiva contrarrevolucionaria ha llegado. Y las fuerzas de la liberación están mal preparadas para derrotarla. Es necesario un gran esfuerzo inmediato, para no perder la guerra.






