El periodismo no complaciente incomodó y mostró las viejas costuras del poder 

Horas de espera y ataques al periodismo. La convocatoria indicaba que la presidenta encargada Delcy Rodríguez, que cuenta con el aval de Donald Trump, hablaría ante los periodistas a las 3:30 p.m. del miércoles 2 de julio, en el centro de convenciones II de la Base Aérea la Carlota, donde se habilitó una sala de prensa tres días después del doblete sísmico que afectó a Venezuela. 

Al llegar esa hora, sin embargo, un funcionario del ministerio de Comunicación explicó que le había surgido algo y Rodríguez no podría llegar sino hasta las 7:00 p.m. Dijo que esperaba que todos supieran entender. Tras su anuncio, un periodista español se le acercó. Sin cámaras, sin celular, sin papel y lápiz. Le preguntó si existía alguna lista oficial de desaparecidos, a lo que su interlocutor respondió dándole una palmada en el hombro y diciendo que él no era un vocero autorizado. Luego, sentado frente a su laptop, el periodista comentó que los europeos no comprendían mucho de cómo estaban funcionando las cosas ante la emergencia. 

Las horas pasaron. En la sala de prensa muchos corresponsales de medios internacionales adelantaban trabajo en sus laptops y teléfonos. A las 6:00 p.m., se pidió a todos los presentes poner sus pertenencias en el piso, una a lado de la otra, para que un perro entrenado hiciera una inspección de seguridad. Cuando dieron el permiso, todos tomaron sus cosas y corrieron a apiñarse en lo que sería el acceso más cercano al espacio donde hablaría Delcy Rodríguez. 

En la primera fila ya se encontraban algunos funcionarios del Gobierno como el ministro de Educación y Comisionado Presidencial para la Reestructuración y Reingeniería del Gobierno Nacional, Héctor Rodríguez, y el ingeniero y exministro Francisco Garcés. También estaba el almirante Juan Carlos Oti, viceministro para la Gestión de Riesgo y Protección Civil, y el mayor general Juan Sulbarán, comandante general de la Guardia Nacional y designado como Autoridad Única para la Emergencia tras los terremotos. 

Minutos antes de iniciar la rueda de prensa, algunos reporteros consultaron si podrían hacer preguntas. Una funcionaria señaló que sí, pero que estaban esperando “las instrucciones”. Poco después, ubicaron a cinco periodistas de medios internacionales en unas sillas de la primera fila. Solo ellos tendrían la oportunidad de interrogar a la Presidenta encargada. 

Delcy Rodríguez llegó a las 8:40 p.m. Llevaba una chaqueta amarilla con un lazo negro pequeño en un costado. Estaba acompañada de su hermano, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez y del ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello quien vestía una chaqueta y gorra con el logo de Protección Civil. 

El periodismo y las acusaciones de “laboratorios mediáticos”

La presidenta encargada habló por 30 minutos, contó lo que a su juicio habían hecho correctamente para atender la emergencia, agradeció a todas las personas, organizaciones y gobiernos que enviaron ayuda, y mencionó algunas medidas para apoyar a las personas afectadas y comenzar a pensar en la reconstrucción de todo lo que se perdió. También culpó a “laboratorios mediáticos” del caos durante las primeras horas de la tragedia. 

Cuando se abrió la ronda de preguntas la periodista española María Martín de El País, explicó que había entrevistado a muchas personas que se sintieron abandonadas durante las primeras 72 horas. Dijo que durante su cobertura fue difícil encontrar funcionarios públicos implicados en los rescates. “¿Por qué el despliegue de la fuerza pública fue tan lento y descoordinado?”, cuestionó. 

“Estás hablando con tus afirmaciones”, contestó la Presidenta, quien invitó a Martín a ser rigurosa con su trabajo. “Te puedo invitar a que hagas un estudio comparativo como nosotros lo hicimos, pero nuestras autoridades inmediatamente se desplegaron”, se defendió. “Tu apreciación tiene mucho que ver con las matrices que se elaboraron en laboratorios”, dijo y luego agregó que sí hubo zonas pero “muy remotas”, a las que tardaron dos días en llegar porque las vías estaban trancadas por los derrumbes y ni los motorizados lograban pasar. 

“Que diga alguien que se le negó acceso, ayuda, que alguien diga, no hay, eso no existe”, dijo la mandataria

Mientras, en los medios de comunicación nacionales e internacionales, así como cuentas en redes sociales de ciudadanos, ha quedado el registro de otra realidad: “Aquí no hemos recibido ayuda de ningún ente gubernamental, de nadie, todo lo estamos haciendo nosotros“, contó un hombre que perdió a sus familiares en La Guaira y señaló que tuvieron que gestionar la inspección de la infraestructura y la remoción de escombros por su cuenta. “Todo lo estamos haciendo por nosotros mismos. Necesitamos sacar a nuestros seres queridos que están difuntos para poder darles cristiana sepultura que es lo mínimo que merecen”, dijo un habitante del sector Macuto.

Lea también: Familiares piden más maquinaria pesada para retirar escombros: “lo demás lo hacemos nosotros”

Tras dos preguntas más, el periodista Julio Vaqueiro de la cadena Telemundo tomó su turno. “Quiero insistir en el despliegue de la ayuda del que habla. Usted sostiene que fue de inmediato, pero, hemos recorrido La Guaira, hemos hablado con muchas personas y muy pocos, ninguno debo decir, coincide con eso”. Preguntó entonces: “¿Qué le dice usted hoy a esos venezolanos que si, más allá de laboratorios mediáticos como usted dice, más allá de eso, se sienten despojados y olvidados por su gobierno?”

La mandataria respondió: “Mira no me gusta generalizar. A mí me gusta hablar con datos, me gusta hablar con la realidad. Así como tú dices que tú has hablado con muchos, yo he tenido también cercanía en los campamentos, en los hospitales, donde han dado agradecimientos”. Luego habló de todo el esfuerzo que había hecho la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ante la pregunta del periodista sobre por qué se les veía con armas y no palas. En ese momento, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez aplaudieron, y algunos periodistas en la sala, especialmente de medios oficiales, los secundaron. 

Cuando Vaqueiro quiso repreguntar, el micrófono se había apagado. De todas maneras expresó en voz alta: “¿Hay algo que hubiera hecho diferente?”. Rodríguez respondió: “Mira, hicimos todo lo que está en nuestras manos, y seguiremos haciendo lo que está en nuestras manos y más”. 

Al terminar, los funcionarios se retiraron y varios periodistas se acercaron a sus colegas y los felicitaron, en voz baja, por sus preguntas, por su valentía. Pese al nuevo momento político y el otorgamiento de visas a reporteros extranjeros a quienes antes la habían negado, la intolerancia al periodismo crítico y la incomodidad ante el desafío del discurso oficial salió de nuevo a la luz en la cara de los gobernantes tutelados. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Ante la pregunta de un periodista extranjero que cuestionaba la actuación del Gobierno de Delcy Rodríguez tras el doblete sísmico en Venezuela, la respuesta fue silenciar su micrófono.
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Horas de espera y ataques al periodismo. La convocatoria indicaba que la presidenta encargada Delcy Rodríguez, que cuenta con el aval de Donald Trump, hablaría ante los periodistas a las 3:30 p.m. del miércoles 2 de julio, en el centro de convenciones II de la Base Aérea la Carlota, donde se habilitó una sala de prensa tres días después del doblete sísmico que afectó a Venezuela. 

Al llegar esa hora, sin embargo, un funcionario del ministerio de Comunicación explicó que le había surgido algo y Rodríguez no podría llegar sino hasta las 7:00 p.m. Dijo que esperaba que todos supieran entender. Tras su anuncio, un periodista español se le acercó. Sin cámaras, sin celular, sin papel y lápiz. Le preguntó si existía alguna lista oficial de desaparecidos, a lo que su interlocutor respondió dándole una palmada en el hombro y diciendo que él no era un vocero autorizado. Luego, sentado frente a su laptop, el periodista comentó que los europeos no comprendían mucho de cómo estaban funcionando las cosas ante la emergencia. 

Las horas pasaron. En la sala de prensa muchos corresponsales de medios internacionales adelantaban trabajo en sus laptops y teléfonos. A las 6:00 p.m., se pidió a todos los presentes poner sus pertenencias en el piso, una a lado de la otra, para que un perro entrenado hiciera una inspección de seguridad. Cuando dieron el permiso, todos tomaron sus cosas y corrieron a apiñarse en lo que sería el acceso más cercano al espacio donde hablaría Delcy Rodríguez. 

En la primera fila ya se encontraban algunos funcionarios del Gobierno como el ministro de Educación y Comisionado Presidencial para la Reestructuración y Reingeniería del Gobierno Nacional, Héctor Rodríguez, y el ingeniero y exministro Francisco Garcés. También estaba el almirante Juan Carlos Oti, viceministro para la Gestión de Riesgo y Protección Civil, y el mayor general Juan Sulbarán, comandante general de la Guardia Nacional y designado como Autoridad Única para la Emergencia tras los terremotos. 

Minutos antes de iniciar la rueda de prensa, algunos reporteros consultaron si podrían hacer preguntas. Una funcionaria señaló que sí, pero que estaban esperando “las instrucciones”. Poco después, ubicaron a cinco periodistas de medios internacionales en unas sillas de la primera fila. Solo ellos tendrían la oportunidad de interrogar a la Presidenta encargada. 

Delcy Rodríguez llegó a las 8:40 p.m. Llevaba una chaqueta amarilla con un lazo negro pequeño en un costado. Estaba acompañada de su hermano, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez y del ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello quien vestía una chaqueta y gorra con el logo de Protección Civil. 

El periodismo y las acusaciones de “laboratorios mediáticos”

La presidenta encargada habló por 30 minutos, contó lo que a su juicio habían hecho correctamente para atender la emergencia, agradeció a todas las personas, organizaciones y gobiernos que enviaron ayuda, y mencionó algunas medidas para apoyar a las personas afectadas y comenzar a pensar en la reconstrucción de todo lo que se perdió. También culpó a “laboratorios mediáticos” del caos durante las primeras horas de la tragedia. 

Cuando se abrió la ronda de preguntas la periodista española María Martín de El País, explicó que había entrevistado a muchas personas que se sintieron abandonadas durante las primeras 72 horas. Dijo que durante su cobertura fue difícil encontrar funcionarios públicos implicados en los rescates. “¿Por qué el despliegue de la fuerza pública fue tan lento y descoordinado?”, cuestionó. 

“Estás hablando con tus afirmaciones”, contestó la Presidenta, quien invitó a Martín a ser rigurosa con su trabajo. “Te puedo invitar a que hagas un estudio comparativo como nosotros lo hicimos, pero nuestras autoridades inmediatamente se desplegaron”, se defendió. “Tu apreciación tiene mucho que ver con las matrices que se elaboraron en laboratorios”, dijo y luego agregó que sí hubo zonas pero “muy remotas”, a las que tardaron dos días en llegar porque las vías estaban trancadas por los derrumbes y ni los motorizados lograban pasar. 

“Que diga alguien que se le negó acceso, ayuda, que alguien diga, no hay, eso no existe”, dijo la mandataria

Mientras, en los medios de comunicación nacionales e internacionales, así como cuentas en redes sociales de ciudadanos, ha quedado el registro de otra realidad: “Aquí no hemos recibido ayuda de ningún ente gubernamental, de nadie, todo lo estamos haciendo nosotros“, contó un hombre que perdió a sus familiares en La Guaira y señaló que tuvieron que gestionar la inspección de la infraestructura y la remoción de escombros por su cuenta. “Todo lo estamos haciendo por nosotros mismos. Necesitamos sacar a nuestros seres queridos que están difuntos para poder darles cristiana sepultura que es lo mínimo que merecen”, dijo un habitante del sector Macuto.

Lea también: Familiares piden más maquinaria pesada para retirar escombros: “lo demás lo hacemos nosotros”

Tras dos preguntas más, el periodista Julio Vaqueiro de la cadena Telemundo tomó su turno. “Quiero insistir en el despliegue de la ayuda del que habla. Usted sostiene que fue de inmediato, pero, hemos recorrido La Guaira, hemos hablado con muchas personas y muy pocos, ninguno debo decir, coincide con eso”. Preguntó entonces: “¿Qué le dice usted hoy a esos venezolanos que si, más allá de laboratorios mediáticos como usted dice, más allá de eso, se sienten despojados y olvidados por su gobierno?”

La mandataria respondió: “Mira no me gusta generalizar. A mí me gusta hablar con datos, me gusta hablar con la realidad. Así como tú dices que tú has hablado con muchos, yo he tenido también cercanía en los campamentos, en los hospitales, donde han dado agradecimientos”. Luego habló de todo el esfuerzo que había hecho la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ante la pregunta del periodista sobre por qué se les veía con armas y no palas. En ese momento, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez aplaudieron, y algunos periodistas en la sala, especialmente de medios oficiales, los secundaron. 

Cuando Vaqueiro quiso repreguntar, el micrófono se había apagado. De todas maneras expresó en voz alta: “¿Hay algo que hubiera hecho diferente?”. Rodríguez respondió: “Mira, hicimos todo lo que está en nuestras manos, y seguiremos haciendo lo que está en nuestras manos y más”. 

Al terminar, los funcionarios se retiraron y varios periodistas se acercaron a sus colegas y los felicitaron, en voz baja, por sus preguntas, por su valentía. Pese al nuevo momento político y el otorgamiento de visas a reporteros extranjeros a quienes antes la habían negado, la intolerancia al periodismo crítico y la incomodidad ante el desafío del discurso oficial salió de nuevo a la luz en la cara de los gobernantes tutelados. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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