Hoy se acaba la vaina, hoy era un dÃa como para no escribir, sino sentarse a esperar el cumplimiento de las profecÃas Mayas. Yo hablé con el director de este diario:
– Teodoro, ya que se acaba el mundo, ¿no me puedes dar el dÃa libre?, que lo voy a recibir en Margarita en casa de Guillermito que tiene una vista espectacular…
– Ni de vaina, chico, ¿tú como que te volviste loco? -me respondió Teodoro-…No, no, no, a mà ya una vez se me acabó El Mundo y aquà sigo echándole bolas. ¡En este periódico se hace editorial hasta el dÃa del fin del mundo, chico, no me hagas arrechar!
Ante esa contundente respuesta no me quedo otra que escribir este editorial del dÃa de hoy, cuya lectura recomiendo temprano porque el acontecimiento en cuestión es a golpe de cinco de la tarde (hora imprecisa Maya, que como buenos pre-latinos, son impuntuales). ImagÃnense como estará Caracas esta tarde: el mundo acabándose y la gente apurada tratando de hacer las últimas compras navideñas, las licorerÃas abarrotadas, comprando whisky todos para recibir el fin del mundo en familia y rascaos. Seguro que hasta la lechuga se cotiza hoy a 50 porque aquÃ, ante cualquier incertidumbre, la lechuga sube.
Bueno, igual querÃa despedirme de ustedes por si la vaina es verdad, que, de todas maneras, cuando uno ve lo que le espera a Venezuela el próximo año, casi que uno siente un respirito. Gracias por todo, por leerme los viernes y por el apoyo que le dan al periódico. Gracias por aquella vez que me pagaron la multa, queridos lectores. Nunca lo olvidaré. Si en la eternidad hay periódicos, allà seguiré escribiendo. Teodoro: Nunca me aumentaste el sueldo, esa no te la perdono, ni aquà ni en el otro mundo. Gracias a la gente del “Comité para la protección de periodistas” (CPJ, en inglés), por el apoyo brindado para seguir luchando por la libertad de expresión. La verdad ni sé por qué me estoy despidiendo si el fin del mundo es la cosa más democrática que existe, nos fregamos todos por igual.
Si quisiera aprovechar para darles algunas recomendaciones para cuando llegue la hora:
* No se pongan a inventar con juegos pirotécnicos. Por más que venga una bola de fuego del espacio, no es cuestión de andar provocando uno la vaina.
* No lancen globos con deseos, total no se van a cumplir. No solo por el fin del mundo, sino que los deseos los maneja el CNE.
* Guarden bien las cosas de valor y no anden esta noche por la calle con cadenas de oro ni relojes caros. DÃas como hoy los malandros aprovechan.
* Cómanse a medio dÃa todas las hallacas que hayan hecho. Da como rabia el trabajo que da hacerlas para que se pierdan. No importa si se empachan, total es el fin.
* No cuiden hoy la salud, hagan todo lo prohibido, cometan excesos. No regañen a los chamos, por hoy que hagan lo que quieran. Si mañana ven que no se acabó, le dan su cueriza.
* Desenchufen la nevera, apaguen el calentador y las luces, acuérdense de que CORPOELEC te persigue hasta el fin del mundo, ya lo dijo su ministro eléctrico. ImagÃnense la cuenta que les van a pasar por toda la eternidad.
* Dicen que una de las eventualidades para esta tarde es una invasión extraterrestre. Pobrecitos a los que les toque Venezuela, cuando lleguen pensarán que ya aquà se habÃa acabado antes.
En fin, hoy es el fin. Pero viéndolo bien, cada noche se acaba el mundo y cada mañana resucitamos de esa pequeña muerte que es el sueño y volvemos a comenzar, movidos por el extraordinario motor de la esperanza. Pásenla bien, por más que se acabe el mundo no molesten a los vecinos con música a todo volumen. De todas maneras, tengan confianza en el destino misterioso que se ha ensañado en los últimos tiempos con nosotros: estoy convencido de que si se acaba el mundo, aquà sigue, los venezolanos no tenemos tanta suerte.
Sea lo que sea, feliz fin del mundo y próspera eternidad nueva. Como dirÃa Leónidas, el general espartano, nos vemos esta noche en el infierno, es decir, donde mismo.




