Las cosas comienzan a aclararse un poco en la confusa situación en Venezuela. La compañía nacional de petróleo venezolana PDVSA ha confirmado que está en negociaciones con el gobierno de Estados Unidos para venderle petróleo. Donald Trump había anunciado antes que su gobierno compraría entre 30 y 50 millones de barriles a PDVSA que revendería en el mercado internacional. Trump también dijo que sería él quien administraría ese dinero, es decir que no le pagaría directamente a PDVSA. Parece, al menos por el silencio de la misma presidenta encargada Delcy Rodríguez, y por la ausencia de detalles sobre las modalidades de pago en el comunicado de la petrolera venezolana, que el “nuevo” gobierno chavista ha aceptado las condiciones impuestas por el presidente de los Estados Unidos.
No sabemos el impacto que tendrá la decisión del gobierno norteamericano en la economía venezolana. Obviamente, PDVSA no está en capacidad de suplir esa cantidad de petróleo en el corto plazo. Su capacidad de explotación está muy mermada. Seguramente esto implicará que otras compañías petroleras de los EEUU, además de Chevron que ya opera en condiciones limitadas en Venezuela, volverán a operar en el país suramericano. Sin embargo, estas compañías se tomarán su tiempo antes de invertir allí, pues las condiciones de estabilidad, seguridad jurídica y seguridad personal no están dadas todavía.
Además, el efecto de esta medida impuesta por Trump en el flujo de divisas hacia Venezuela será relativamente marginal. El dinero, según lo dicho por el presidente de EE. UU., no entrará a las arcas del gobierno de Delcy Rodríguez. Eso restringirá el acceso a dólares, lo que afectará a una economía como la venezolana, altamente dependiente de las importaciones. Eso podría llevar a una devaluación mayor del bolívar, la moneda nacional. Según el mercado oficial para el 7 de enero de 2026 hacían falta 311 bolívares para comprar un dólar. En el mercado llamado “paralelo”, a la misma fecha, la divisa está a 760 bolívares. Hay analistas que proyectan que pronto la devaluación en el mercado no oficial podría alcanza los 1000 bolívares por dólar. Eso tendría una consecuencia brutal en los bolsillos de la gran mayoría de los venezolanos por la hiperinflación que generará.
La medida de Trump de comprar y vender el petróleo venezolano sin pagarle directamente al gobierno de Rodríguez es un signo de que la presidenta encargada está obedeciendo las órdenes del gobierno norteamericano. Al menos el lenguaje asumido por ella misma (ha confirmado su voluntad de cooperar con los EE. UU.) y del propio comunicado de PDVSA expresa un tono conciliatorio. Por cierto, un tono muy distinto al agresivo en los últimos discursos del ahora depuesto y encarcelado presidente Nicolás Maduro y de otros personajes del régimen chavista como Diosdado Cabello, todavía ministro de seguridad y quien controla a los grupos paramilitares conocidos como “colectivos”.
Quedan muchos asuntos pendientes. Aunque el secretario de Estado, Marco Rubio dijo que hay un programa de tres fases para Venezuela (estabilización, reconstrucción y transición), la verdad es que no hay plazos ni detalles sobre lo que esto implica de forma concreta.
También no está claro si se dará la liberación de los presos políticos, aunque ha habido rumores de desmantelamiento de uno de los centros de reclusión y tortura en Caracas conocido como El Helicoide. Todavía no hay información oficial al respecto, aunque el mismo Trump dijo que “un centro de torturas en Caracas” iba a ser desmontado.
Todavía estamos muy lejos de la desaparición del régimen chavista. No será un proceso fácil. Las facciones más radicales del chavismo que encabeza Diosdado Cabello parece ser el mayor obstáculo. Los próximos días nos dirán si la domesticación del autoritarismo chavista que ha iniciado Trump dará más resultados.
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