Mi exhorto para el 28 de julio

Sí, defender el voto en caso de desconocimiento desde el poder es también riesgoso. Pero para que haya un voto que defender, primero se tiene que votar

@AAAD25

Durante los 25 años de hegemonía chavista, la oposición, tanto a nivel de liderazgo como de base, se ha movido de forma pendular entre dos polos estratégicos, por así llamarlos, sobre cómo procurar un cambio de gobierno. Aunque no los abarcan del todo, el sufragio es un elemento importante de uno de esos polos, y la abstención lo es del otro. Es evidente que en este momento prácticamente toda la dirigencia opositora ha vuelto con decisión al voto. Creo que pasa lo mismo en la base, entre la inmensa mayoría de venezolanos que quiere un cambio de gobierno.

Hay sin embargo ciudadanos convencidos de que eso no servirá de nada. Dicen que el chavismo de una forma u otra no reconocerá un resultado que le sea contrario y que la oposición nada hará al respecto. En mi opinión, estos venezolanos no merecen ofensas, pues tienen inquietudes legítimas. Pero creo también que las alternativas son menos viables aun.

No sé si el chavismo ya se resignó a aceptar la muy probable derrota electoral y a emprender una transición subsiguiente. Tampoco sé si la dirigencia opositora cuenta con un plan de acciones en caso de que el chavismo desconozca el desenlace. Si la respuesta es “no” y ese escenario se da sin que la oposición haga algo por impedirlo, entonces votar no habrá valido de nada. Habrán tenido razón los que hoy insisten en abstenerse. Sin embargo, parece que no habrá respuestas a estas preguntas hasta el 28 de julio.

A los que rechazan la participación no les pregunto el tan manido “¿Y tú que propones?”, porque propuestas alternativas hay, sino “¿Ustedes están dispuestos a acometer esas alternativas?”. Porque todos sabemos cuál es el problema con esas alternativas: implican algún tipo de confrontación física y son por lo tanto muy peligrosas. Yo, por mi parte, admito que no estoy dispuesto a exponerme así. Nunca lo haré. No puedo por lo tanto pretender que otros lo hagan.

Hubo una época en la que muchos creyeron que alguien desde afuera lo haría por nosotros. Si nunca fue sabio darlo por hecho, hoy sabemos que se trata de expectativas totalmente infundadas.

Como no veo a ninguno de los que rechazan la participación dar siquiera una señal de disposición a asumir los riesgos inherentes a las alternativas, tampoco veo por qué no intentar aprovechar la oportunidad del 28 de julio, por insegura que sea.

Sí, defender el voto en caso de desconocimiento desde el poder es también riesgoso. Pero para que haya un voto que defender, primero se tiene que votar.

Las eternas viudas de la campaña presidencial de Henri Falcón podrán decir “Ajá, ¿y qué diferencia hay entre todo esto y 2018?”. Pues que la campaña de Falcón, por ignorar los vicios del sistema (“Si votamos, ganamos”), nunca convenció a las masas. Nunca fue competitiva. Estaba condenada de entrada.

Estamos ahora, en cambio, en una situación sin precedentes. A saber, la oposición cuenta con un candidato muy competitivo y un liderazgo que reconoce los vicios y del que al menos puede uno pensar que tal vez defenderá el voto, de ser necesario.

Mi opinión puede cambiar si la candidatura de Edmundo González Urrutia es anulada arbitrariamente, pues, como ya dije, es lo que hace la gran diferencia. Pero mientras eso no ocurra, mi invitación a todos los venezolanos es a votar por él. Esta ocasión sí puede ser el comienzo del cambio que tanto nos urge y la apertura de una nueva fase en la historia venezolana. Una fase mucho mejor. La que nos merecemos. Ruego que así sea.

Posdata: dada la inminencia de las elecciones, esta columna no tendrá emisión la próxima semana. Espero retomarla en la primera de agosto. Ojalá sea para hablar de buenas nuevas.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Sí, defender el voto en caso de desconocimiento desde el poder es también riesgoso. Pero para que haya un voto que defender, primero se tiene que votar

@AAAD25

Durante los 25 años de hegemonía chavista, la oposición, tanto a nivel de liderazgo como de base, se ha movido de forma pendular entre dos polos estratégicos, por así llamarlos, sobre cómo procurar un cambio de gobierno. Aunque no los abarcan del todo, el sufragio es un elemento importante de uno de esos polos, y la abstención lo es del otro. Es evidente que en este momento prácticamente toda la dirigencia opositora ha vuelto con decisión al voto. Creo que pasa lo mismo en la base, entre la inmensa mayoría de venezolanos que quiere un cambio de gobierno.

Hay sin embargo ciudadanos convencidos de que eso no servirá de nada. Dicen que el chavismo de una forma u otra no reconocerá un resultado que le sea contrario y que la oposición nada hará al respecto. En mi opinión, estos venezolanos no merecen ofensas, pues tienen inquietudes legítimas. Pero creo también que las alternativas son menos viables aun.

No sé si el chavismo ya se resignó a aceptar la muy probable derrota electoral y a emprender una transición subsiguiente. Tampoco sé si la dirigencia opositora cuenta con un plan de acciones en caso de que el chavismo desconozca el desenlace. Si la respuesta es “no” y ese escenario se da sin que la oposición haga algo por impedirlo, entonces votar no habrá valido de nada. Habrán tenido razón los que hoy insisten en abstenerse. Sin embargo, parece que no habrá respuestas a estas preguntas hasta el 28 de julio.

A los que rechazan la participación no les pregunto el tan manido “¿Y tú que propones?”, porque propuestas alternativas hay, sino “¿Ustedes están dispuestos a acometer esas alternativas?”. Porque todos sabemos cuál es el problema con esas alternativas: implican algún tipo de confrontación física y son por lo tanto muy peligrosas. Yo, por mi parte, admito que no estoy dispuesto a exponerme así. Nunca lo haré. No puedo por lo tanto pretender que otros lo hagan.

Hubo una época en la que muchos creyeron que alguien desde afuera lo haría por nosotros. Si nunca fue sabio darlo por hecho, hoy sabemos que se trata de expectativas totalmente infundadas.

Como no veo a ninguno de los que rechazan la participación dar siquiera una señal de disposición a asumir los riesgos inherentes a las alternativas, tampoco veo por qué no intentar aprovechar la oportunidad del 28 de julio, por insegura que sea.

Sí, defender el voto en caso de desconocimiento desde el poder es también riesgoso. Pero para que haya un voto que defender, primero se tiene que votar.

Las eternas viudas de la campaña presidencial de Henri Falcón podrán decir “Ajá, ¿y qué diferencia hay entre todo esto y 2018?”. Pues que la campaña de Falcón, por ignorar los vicios del sistema (“Si votamos, ganamos”), nunca convenció a las masas. Nunca fue competitiva. Estaba condenada de entrada.

Estamos ahora, en cambio, en una situación sin precedentes. A saber, la oposición cuenta con un candidato muy competitivo y un liderazgo que reconoce los vicios y del que al menos puede uno pensar que tal vez defenderá el voto, de ser necesario.

Mi opinión puede cambiar si la candidatura de Edmundo González Urrutia es anulada arbitrariamente, pues, como ya dije, es lo que hace la gran diferencia. Pero mientras eso no ocurra, mi invitación a todos los venezolanos es a votar por él. Esta ocasión sí puede ser el comienzo del cambio que tanto nos urge y la apertura de una nueva fase en la historia venezolana. Una fase mucho mejor. La que nos merecemos. Ruego que así sea.

Posdata: dada la inminencia de las elecciones, esta columna no tendrá emisión la próxima semana. Espero retomarla en la primera de agosto. Ojalá sea para hablar de buenas nuevas.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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Sí, defender el voto en caso de desconocimiento desde el poder es también riesgoso. Pero para que haya un voto que defender, primero se tiene que votar

@AAAD25

Durante los 25 años de hegemonía chavista, la oposición, tanto a nivel de liderazgo como de base, se ha movido de forma pendular entre dos polos estratégicos, por así llamarlos, sobre cómo procurar un cambio de gobierno. Aunque no los abarcan del todo, el sufragio es un elemento importante de uno de esos polos, y la abstención lo es del otro. Es evidente que en este momento prácticamente toda la dirigencia opositora ha vuelto con decisión al voto. Creo que pasa lo mismo en la base, entre la inmensa mayoría de venezolanos que quiere un cambio de gobierno.

Hay sin embargo ciudadanos convencidos de que eso no servirá de nada. Dicen que el chavismo de una forma u otra no reconocerá un resultado que le sea contrario y que la oposición nada hará al respecto. En mi opinión, estos venezolanos no merecen ofensas, pues tienen inquietudes legítimas. Pero creo también que las alternativas son menos viables aun.

No sé si el chavismo ya se resignó a aceptar la muy probable derrota electoral y a emprender una transición subsiguiente. Tampoco sé si la dirigencia opositora cuenta con un plan de acciones en caso de que el chavismo desconozca el desenlace. Si la respuesta es “no” y ese escenario se da sin que la oposición haga algo por impedirlo, entonces votar no habrá valido de nada. Habrán tenido razón los que hoy insisten en abstenerse. Sin embargo, parece que no habrá respuestas a estas preguntas hasta el 28 de julio.

A los que rechazan la participación no les pregunto el tan manido “¿Y tú que propones?”, porque propuestas alternativas hay, sino “¿Ustedes están dispuestos a acometer esas alternativas?”. Porque todos sabemos cuál es el problema con esas alternativas: implican algún tipo de confrontación física y son por lo tanto muy peligrosas. Yo, por mi parte, admito que no estoy dispuesto a exponerme así. Nunca lo haré. No puedo por lo tanto pretender que otros lo hagan.

Hubo una época en la que muchos creyeron que alguien desde afuera lo haría por nosotros. Si nunca fue sabio darlo por hecho, hoy sabemos que se trata de expectativas totalmente infundadas.

Como no veo a ninguno de los que rechazan la participación dar siquiera una señal de disposición a asumir los riesgos inherentes a las alternativas, tampoco veo por qué no intentar aprovechar la oportunidad del 28 de julio, por insegura que sea.

Sí, defender el voto en caso de desconocimiento desde el poder es también riesgoso. Pero para que haya un voto que defender, primero se tiene que votar.

Las eternas viudas de la campaña presidencial de Henri Falcón podrán decir “Ajá, ¿y qué diferencia hay entre todo esto y 2018?”. Pues que la campaña de Falcón, por ignorar los vicios del sistema (“Si votamos, ganamos”), nunca convenció a las masas. Nunca fue competitiva. Estaba condenada de entrada.

Estamos ahora, en cambio, en una situación sin precedentes. A saber, la oposición cuenta con un candidato muy competitivo y un liderazgo que reconoce los vicios y del que al menos puede uno pensar que tal vez defenderá el voto, de ser necesario.

Mi opinión puede cambiar si la candidatura de Edmundo González Urrutia es anulada arbitrariamente, pues, como ya dije, es lo que hace la gran diferencia. Pero mientras eso no ocurra, mi invitación a todos los venezolanos es a votar por él. Esta ocasión sí puede ser el comienzo del cambio que tanto nos urge y la apertura de una nueva fase en la historia venezolana. Una fase mucho mejor. La que nos merecemos. Ruego que así sea.

Posdata: dada la inminencia de las elecciones, esta columna no tendrá emisión la próxima semana. Espero retomarla en la primera de agosto. Ojalá sea para hablar de buenas nuevas.

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