Cada voto es una puñalada si no se legitima el de los migrantes

Cada cual con su conciencia, pero un voto imposibilitado en el exterior, y supervisado por el CNE, será una puñalada al corazón del venezolano

 

@ArmandoMartini

Votar es un derecho constitucional y una decisión personal. Estigmatizarlo es un atropello indebido. En la Venezuela de hoy, el mejor voto en este circo de bufones y usurpación es no votar. Por ello, legitimar la dirección política opositora es el camino correcto. Sin el beneplácito y la confianza de la ciudadanía, será imposible derrotar la ignominia que sobrellevamos. La opción es vencer, de lo contrario, sacrificaremos otra generación.

El régimen y los gestores de la continuidad se empeñan en que la mayoría ciudadana, asqueada por la ratería corrupta, afligida de hambre, desolada y atestada de política inconstitucional y antidemocrática les siga el juego. Y la oposición discípula, multipropósito, disociada por contradicciones, precisa –a pesar de la evidencia– la conveniencia de asistir sin legitimarse a la comedia inmoral que para el 2024, o antes, preparan trúhanes violadores de los derechos humanos.

Farsa castrochavista

El castrismo protegido por estólidos y su cortejo de impostores confabula una estafa. Asesorados por cubanos y rusos en un baile de máscaras, diseñan la farsa para causar un efecto de dualidad: votar o no. Cuando el verdadero dilema no es refrendar, sino salir del régimen opresor. Razón suficiente esta para exigir la autenticación de la dirigencia, certificación de rumbo, ruta y dirección política, que conduzca, con estrategias apropiadas, al triunfo electoral.

El chavismo y su maquinaria hará lo necesario (sin importar qué) para garantizarse el poder. De allí, el desespero de infiltrados en involucrar en la primaria al espurio CNE. Aceptan la intromisión, reconocen instituciones cubanas que el mundo democrático cuestiona, a pesar de los pesares.

La libertad y dignidad no tienen fronteras, son derechos humanos inalienables. Salvaguardarlos es deber y compromiso, cuando hoy más que nunca somos tierra de esclavitud. Venezuela jamás volverá a ser un Estado surgiendo de un pacto entre quienes no gozan de confianza, representación legítima y aprecio ciudadano. La política seria, responsable, garante de la palabra empeñada y de rendir cuentas se conviene entre honorables, no entre politiqueros delincuentes. A menos, que los políticos formales decidan dejar de serlo y se asuman como malhechores.

El oficialismo, que arruinó al país, se aferra al poder con garras, trampas y trucos.

¿Alguien en su sano juicio, piensa que van a entregar porque a unos colaboradores les hayan sido adjudicadas insignificantes burocracias? Tendrían que ser estúpidos. Podrán ser crueles, corruptos, fascinados por Fidel, atrapados en viejos fracasos, cultores de brujerías y ensalmos, pero han probado no ser pendejos ni tontos. Están conscientes de que necesitan elecciones para ondear la bandera de la legitimidad ante el mundo. Y lo hacen desde tiempo, vociferando seguidillas de votaciones con poderes sometidos, rodilla en tierra.

Epidemia de candidatos

La ventaja oficialista es el conjunto famélico, glotón de cargos públicos, sediento de subvenciones baladíes, pero apetitosas, porque crean privilegios, posibilidades económicas, adulantes dispuestos a servir por favores y espacios. Cada quien arrima para su lado, les guste o no a los demás; haya o no camino trazado, en tierras altas como en extensas llanuras.

Los partidos políticos tienen objetivos, los dirigentes también. Las elecciones son tentaciones difíciles de rechazar, como la lujuria y la codicia. El país se debate entre declaraciones vigiladas, y epidemia de candidatos patéticos y populistas. Ilusionistas del bienestar que prometen resolverlo todo.

Una derrota para el castrismo es la decisión, sin guabineo ni dilación, de que en la primaria participen los venezolanos en el exterior, sin exclusión ni limitación. Forma concluyente de castigar al sistema ilegítimo. De lo contrario, estimular la vergüenza electoral con forajidos, tendrá consecuencias al atornillar la injerencia del comunismo socialista. Son desfachatados, con un CNE servicial para organizar resultados de cómoda ventaja. Su impedimento en la primaria legitimadora de autoridades es de Perogrullo y goza de la estimación mayoritaria, que no permite la morada celestina de lucros. 

A los desconcertados ciudadanos les ocultan que el adjudicatario del infeliz consenso, que tanto ambicionan, será con la anuencia dependiente del régimen. Honrar la palabra es para quienes reverencian valores, principios éticos y buenas costumbres. Los compromisos establecidos y acato al contrato se dan entre acreditados, distinguidos y estimables. No entre malandros. Un bandido ni es respetable ni respeta.

Cada cual con su conciencia, pero un voto imposibilitado en el exterior y supervisado por el CNE, será una puñalada al corazón del venezolano.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Cada cual con su conciencia, pero un voto imposibilitado en el exterior, y supervisado por el CNE, será una puñalada al corazón del venezolano

 

@ArmandoMartini

Votar es un derecho constitucional y una decisión personal. Estigmatizarlo es un atropello indebido. En la Venezuela de hoy, el mejor voto en este circo de bufones y usurpación es no votar. Por ello, legitimar la dirección política opositora es el camino correcto. Sin el beneplácito y la confianza de la ciudadanía, será imposible derrotar la ignominia que sobrellevamos. La opción es vencer, de lo contrario, sacrificaremos otra generación.

El régimen y los gestores de la continuidad se empeñan en que la mayoría ciudadana, asqueada por la ratería corrupta, afligida de hambre, desolada y atestada de política inconstitucional y antidemocrática les siga el juego. Y la oposición discípula, multipropósito, disociada por contradicciones, precisa –a pesar de la evidencia– la conveniencia de asistir sin legitimarse a la comedia inmoral que para el 2024, o antes, preparan trúhanes violadores de los derechos humanos.

Farsa castrochavista

El castrismo protegido por estólidos y su cortejo de impostores confabula una estafa. Asesorados por cubanos y rusos en un baile de máscaras, diseñan la farsa para causar un efecto de dualidad: votar o no. Cuando el verdadero dilema no es refrendar, sino salir del régimen opresor. Razón suficiente esta para exigir la autenticación de la dirigencia, certificación de rumbo, ruta y dirección política, que conduzca, con estrategias apropiadas, al triunfo electoral.

El chavismo y su maquinaria hará lo necesario (sin importar qué) para garantizarse el poder. De allí, el desespero de infiltrados en involucrar en la primaria al espurio CNE. Aceptan la intromisión, reconocen instituciones cubanas que el mundo democrático cuestiona, a pesar de los pesares.

La libertad y dignidad no tienen fronteras, son derechos humanos inalienables. Salvaguardarlos es deber y compromiso, cuando hoy más que nunca somos tierra de esclavitud. Venezuela jamás volverá a ser un Estado surgiendo de un pacto entre quienes no gozan de confianza, representación legítima y aprecio ciudadano. La política seria, responsable, garante de la palabra empeñada y de rendir cuentas se conviene entre honorables, no entre politiqueros delincuentes. A menos, que los políticos formales decidan dejar de serlo y se asuman como malhechores.

El oficialismo, que arruinó al país, se aferra al poder con garras, trampas y trucos.

¿Alguien en su sano juicio, piensa que van a entregar porque a unos colaboradores les hayan sido adjudicadas insignificantes burocracias? Tendrían que ser estúpidos. Podrán ser crueles, corruptos, fascinados por Fidel, atrapados en viejos fracasos, cultores de brujerías y ensalmos, pero han probado no ser pendejos ni tontos. Están conscientes de que necesitan elecciones para ondear la bandera de la legitimidad ante el mundo. Y lo hacen desde tiempo, vociferando seguidillas de votaciones con poderes sometidos, rodilla en tierra.

Epidemia de candidatos

La ventaja oficialista es el conjunto famélico, glotón de cargos públicos, sediento de subvenciones baladíes, pero apetitosas, porque crean privilegios, posibilidades económicas, adulantes dispuestos a servir por favores y espacios. Cada quien arrima para su lado, les guste o no a los demás; haya o no camino trazado, en tierras altas como en extensas llanuras.

Los partidos políticos tienen objetivos, los dirigentes también. Las elecciones son tentaciones difíciles de rechazar, como la lujuria y la codicia. El país se debate entre declaraciones vigiladas, y epidemia de candidatos patéticos y populistas. Ilusionistas del bienestar que prometen resolverlo todo.

Una derrota para el castrismo es la decisión, sin guabineo ni dilación, de que en la primaria participen los venezolanos en el exterior, sin exclusión ni limitación. Forma concluyente de castigar al sistema ilegítimo. De lo contrario, estimular la vergüenza electoral con forajidos, tendrá consecuencias al atornillar la injerencia del comunismo socialista. Son desfachatados, con un CNE servicial para organizar resultados de cómoda ventaja. Su impedimento en la primaria legitimadora de autoridades es de Perogrullo y goza de la estimación mayoritaria, que no permite la morada celestina de lucros. 

A los desconcertados ciudadanos les ocultan que el adjudicatario del infeliz consenso, que tanto ambicionan, será con la anuencia dependiente del régimen. Honrar la palabra es para quienes reverencian valores, principios éticos y buenas costumbres. Los compromisos establecidos y acato al contrato se dan entre acreditados, distinguidos y estimables. No entre malandros. Un bandido ni es respetable ni respeta.

Cada cual con su conciencia, pero un voto imposibilitado en el exterior y supervisado por el CNE, será una puñalada al corazón del venezolano.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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Cada cual con su conciencia, pero un voto imposibilitado en el exterior, y supervisado por el CNE, será una puñalada al corazón del venezolano

 

@ArmandoMartini

Votar es un derecho constitucional y una decisión personal. Estigmatizarlo es un atropello indebido. En la Venezuela de hoy, el mejor voto en este circo de bufones y usurpación es no votar. Por ello, legitimar la dirección política opositora es el camino correcto. Sin el beneplácito y la confianza de la ciudadanía, será imposible derrotar la ignominia que sobrellevamos. La opción es vencer, de lo contrario, sacrificaremos otra generación.

El régimen y los gestores de la continuidad se empeñan en que la mayoría ciudadana, asqueada por la ratería corrupta, afligida de hambre, desolada y atestada de política inconstitucional y antidemocrática les siga el juego. Y la oposición discípula, multipropósito, disociada por contradicciones, precisa –a pesar de la evidencia– la conveniencia de asistir sin legitimarse a la comedia inmoral que para el 2024, o antes, preparan trúhanes violadores de los derechos humanos.

Farsa castrochavista

El castrismo protegido por estólidos y su cortejo de impostores confabula una estafa. Asesorados por cubanos y rusos en un baile de máscaras, diseñan la farsa para causar un efecto de dualidad: votar o no. Cuando el verdadero dilema no es refrendar, sino salir del régimen opresor. Razón suficiente esta para exigir la autenticación de la dirigencia, certificación de rumbo, ruta y dirección política, que conduzca, con estrategias apropiadas, al triunfo electoral.

El chavismo y su maquinaria hará lo necesario (sin importar qué) para garantizarse el poder. De allí, el desespero de infiltrados en involucrar en la primaria al espurio CNE. Aceptan la intromisión, reconocen instituciones cubanas que el mundo democrático cuestiona, a pesar de los pesares.

La libertad y dignidad no tienen fronteras, son derechos humanos inalienables. Salvaguardarlos es deber y compromiso, cuando hoy más que nunca somos tierra de esclavitud. Venezuela jamás volverá a ser un Estado surgiendo de un pacto entre quienes no gozan de confianza, representación legítima y aprecio ciudadano. La política seria, responsable, garante de la palabra empeñada y de rendir cuentas se conviene entre honorables, no entre politiqueros delincuentes. A menos, que los políticos formales decidan dejar de serlo y se asuman como malhechores.

El oficialismo, que arruinó al país, se aferra al poder con garras, trampas y trucos.

¿Alguien en su sano juicio, piensa que van a entregar porque a unos colaboradores les hayan sido adjudicadas insignificantes burocracias? Tendrían que ser estúpidos. Podrán ser crueles, corruptos, fascinados por Fidel, atrapados en viejos fracasos, cultores de brujerías y ensalmos, pero han probado no ser pendejos ni tontos. Están conscientes de que necesitan elecciones para ondear la bandera de la legitimidad ante el mundo. Y lo hacen desde tiempo, vociferando seguidillas de votaciones con poderes sometidos, rodilla en tierra.

Epidemia de candidatos

La ventaja oficialista es el conjunto famélico, glotón de cargos públicos, sediento de subvenciones baladíes, pero apetitosas, porque crean privilegios, posibilidades económicas, adulantes dispuestos a servir por favores y espacios. Cada quien arrima para su lado, les guste o no a los demás; haya o no camino trazado, en tierras altas como en extensas llanuras.

Los partidos políticos tienen objetivos, los dirigentes también. Las elecciones son tentaciones difíciles de rechazar, como la lujuria y la codicia. El país se debate entre declaraciones vigiladas, y epidemia de candidatos patéticos y populistas. Ilusionistas del bienestar que prometen resolverlo todo.

Una derrota para el castrismo es la decisión, sin guabineo ni dilación, de que en la primaria participen los venezolanos en el exterior, sin exclusión ni limitación. Forma concluyente de castigar al sistema ilegítimo. De lo contrario, estimular la vergüenza electoral con forajidos, tendrá consecuencias al atornillar la injerencia del comunismo socialista. Son desfachatados, con un CNE servicial para organizar resultados de cómoda ventaja. Su impedimento en la primaria legitimadora de autoridades es de Perogrullo y goza de la estimación mayoritaria, que no permite la morada celestina de lucros. 

A los desconcertados ciudadanos les ocultan que el adjudicatario del infeliz consenso, que tanto ambicionan, será con la anuencia dependiente del régimen. Honrar la palabra es para quienes reverencian valores, principios éticos y buenas costumbres. Los compromisos establecidos y acato al contrato se dan entre acreditados, distinguidos y estimables. No entre malandros. Un bandido ni es respetable ni respeta.

Cada cual con su conciencia, pero un voto imposibilitado en el exterior y supervisado por el CNE, será una puñalada al corazón del venezolano.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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