En la Venezuela actual el desvarío trastorna y se amplifica. ¿Quería −con o sin razón− el perverso G4 dar por terminado el interinato?
En la Venezuela actual el desvarío trastorna y se amplifica. Quería −con o sin razón− el perverso G4 dar por terminado el interinato. Sin embargo, parte del mundo se les vino encima. El encargado resistió la embestida. Al rayar el alba en 2022 continuó como presidente (i).
Y el oficialismo, con sus aliados rusos entretenidos en Ucrania, sus adversarios estadounidenses abstraídos en elecciones parlamentarias y los demócratas prohibidos de un desastre. Sus socios chinos enredados entre un mundo por conquistar, el sector inmobiliario desmoronándose, la presencia de Taiwán, y ciudades en cuarentena por coronavirus. Por si fuera poco, la Unión Europea armada pero aterrada hasta las entrañas por los riesgos ruso-ucranianos.
El ciudadano inmerecido de zozobra, sufre la insatisfacción de carencia y miseria. Es perseguido, asediado y sin esperanza; vive atormentado de callar y amargado de sobrevivir. Consciente de que ni el forajido represor, ni la oficial opositora servicial ofrecerán posibilidades ciertas de bienestar, prosperidad, libertad y democracia.
El interino encarcelado no derrumba a la oposición ni debilita al régimen que embauca sin disimulo. Prisionero puede ser un elemento de negociación con Estados Unidos, hoy enmarañado entre un presidente al cual poco le creen, un lejano conflicto que no quieren pero son arrastrados, una elección parlamentaria que puede dejar a la Casa Blanca débil, precaria y comprometida; y una batalla contra la inflación a la cual no están acostumbrados. Además, enfrentan a un ruso astuto, pensativo y déspota que, a estas alturas, podría salir de Ucrania pero no con las manos vacías.
Entretanto, el interinato se iría disolviendo en la cárcel, o jaula más grande y cómoda, -como diría algún bobalicón-; olvidado por escorpiones del G4 que lo entregaron y traicionaron, abandonándolo por envidias de variado origen; y con escaso valor para el régimen que se derrite y licúa por sí mismo. Sin heredero aparente, salvo quien valiente se negó asumir la gobernación que había conquistado, para no arrodillarse ante la espuria Asamblea Constituyente, si asintiese ser sucesor en la presidencia interina como vicepresidente de la legítima y prorrogada Asamblea Nacional, o prefiera, para evitar riesgos, mandar todo al carajo y retirarse de la política. Heredar ser encargado no es fácil, menos ejercerla; enemigos y posibilidades son las mismas, y podrían sobrepasar ambiciones y capacidades.
Lo cual llevaría al veterano jefe adeco, recién embadurnado en elogios y demás virtudes que le acompañan, en una gloriosa, insigne y distinguida demostración adulante de jalabolismo extremo pocas veces observada. O al líder astuto, experimentado −lo cual no significa que sea el mejor−, en una isla, sin principios ni valores éticos, el filósofo del Zulia.
También está aquel inmaduro muchacho desequilibrado de un camino en autobús, bailoterapias y pase la arrechera en casa, que prefiere acuerdo sin asumir responsabilidad. Por cierto, según un ridículo ilustrado, es con el ególatra mayor e infalible estratega, descendiente del Libertador Simon Bolívar, que descubrió en un detallado estudio que la hermana, de la tía, del primo, de la novia de quien lo cuidó y amante son familia.
Aunque a todos, siguiendo el ejemplo del loco nicaragüense, la penitenciaría puede vigorizarlos, reformular la popularidad que con empeño extraviaron y galvanizar la ilusión de liderazgo. Los pueden apresar, resguardados con esmero, atención y terminar en una prisión que los recibirá como dirigentes desgastados, corroídos, sin respeto, ni autoridad o aprecio ciudadano y podrían devolver a la calle, por un error político y no por merecerlo a líderes nacionales.
Por esa y muchas otras razones la ciudadanía está necesitada, obligada a elegir sus legítimos representantes. De lo contrario, los ciudadanos serán vendidos en México y obsequiados al régimen en cualquier dialogo, como sucedió en la docena anterior. Y, lo peor, sacrificadas generaciones por venir. Lo insólito e incomprensible que, conscientes de lo sucedido, visto las entregas, víctima de embustes, violaciones a los derechos humanos, que han obligado a la Corte Penal Internacional a investigar, continuemos confiando nuestra libertad, porvenir y futuro a una dirigencia indigna, sin escrúpulo, que se niega y no rinde cuenta ni honra la palabra empeñada.
Parece que sufrimos una condición de masoquismo crónico.
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