El superhéroe de cartón no puede quitarse el calamar de ser el villano, por Isaac Nahón Serfaty - Runrun
El superhéroe de cartón no puede quitarse el calamar de ser el villano, por Isaac Nahón Serfaty
Resulta cuesta arriba convertir al villano Maduro en superhéroe. Maduro es quien es, su récord está a la vista. La careta de este superhéroe de cartón se cae fácilmente

 

@narrativaoral

El chavismo es cursi. La estética chavista, que va de lo grotesco a lo kitsch, forma parte central de su propaganda. El mismísimo Hugo Chávez pasaba de un registro al otro, con la fluidez de alguien que rompió con todas las formalidades del ejercicio constitucional de la presidencia.

Sus largas peroratas estaban salpicadas de anécdotas, algunas grotescas (como aquella escatológica montado en un tractor en búsqueda de un baño), y otras de una cursilería empalagosa como sus cuentos de niñez en Sabaneta de Barinas. Todo en Chávez era una mezcla de profanación de los rituales republicanos y religiosos (basta recordar la profanación del sarcófago de Simón Bolívar) y una cursilería entre militarista (el gusto por la felpa y las condecoraciones a la Corea del Norte) y populismo “folclórico” (la caricaturización de lo popular).

La más reciente manifestación de la estética cursi del chavismo es el corto animado que se difunde por Venezolana de Televisión en el que Nicolás Maduro se ha convertido en un superhéroe, en un calco descarado del muy imperialista Superman.

Video: SuperBigote, capítulo 1 (comiquita, corto animado) | Canal en Youtube: Luigino Bracci Roa desde Venezuela.

Uno podría apresurarse a poner en la papelera de la basura propagandística esta nueva triquiñuela del chavismo para hacerle creer a la gente que Maduro es el salvador de los venezolanos, azotados por la confabulación del gobierno de los Estados Unidos contra la revolución. Pero es necesario detenerse en la comiquita para entender mejor cómo el chavismo ve a la sociedad venezolana.

El chavismo siempre ha infantilizado a lo que ellos denominan el “pueblo”. Pretenden hacerle creer a la mayoría empobrecida del país que Maduro no es responsable de los apagones (comunes sobre todo en el interior de Venezuela), y que, por el contrario, tendría superpoderes para arreglar todos los problemas que él mismo y los miembros de su gobierno han creado. Más que tratar a la mayoría golpeada por la crisis como niños, Maduro cree que son idiotas que no saben quién es el responsable de sus males.

La comiquita quiere crear a toda costa “la mitología Maduro”, para transformar a un hombre sin pasado “glorioso” ni grandes méritos intelectuales o revolucionarios en un héroe patriótico.

Fiel acompañante de Chávez desde que saliera de la cárcel en 1994, Maduro nunca destacó en la vida política (fue un cuadro medio de la ultraizquierda formado en Cuba). De la mano de Chávez fue ganando preeminencia, hasta que el fallecido presidente lo nombró su sucesor en cadena de televisión antes de partir hacia su destino final, Cuba. ¿Por qué Chávez prefirió a Maduro? Se especula mucho al respecto. Lo cierto, es que el Maduro gris pasó al primer plano. Con viveza, sin escrúpulos, y seguramente con la ayuda de maquiavélicos asesores cubanos, Maduro ha sabido consolidar su poder, acorralar a la oposición, hacer un ajuste económico al mejor estilo del “neoliberalismo salvaje”, y abrirle las puertas a los dineros de la corrupción y el narcotráfico a la gran lavandería que hoy es Venezuela.

Claro que la comiquita tiene también como objetivo imponer la agenda, generar ruido, para que no se hable tanto de otros temas como la arremetida de todo el aparato del Estado para evitar que el chavismo pierda la gobernación de Barinas, la dolarización de una economía en la que solo una minoría puede pagarse una Navidad de bodegones y adornitos alegres, de un sistema de salud público quebrado, de la malnutrición que marca a la nueva generación de venezolanos, de la corrupción que permea y pudre todo en el país. Sin embargo, las mismas arbitrariedades de Maduro, la arremetida contra la soberanía popular en Barinas (que tiene ecos en otras partes del país), anula el efecto tapadera de la animación cursi. Porque, como le gustaba repetir a Chávez, “por más que te tongonees se te ve el bojote”.

Resulta cuesta arriba convertir al villano Maduro en superhéroe, aunque él y Cilia quieran restregarles en la cara a los venezolanos que ellos disfrutan de iluminadas navidades palaciegas, o incluso cuando le ponen al dictador una capa y lo hacen volar por las galaxias. Maduro es quien es. Su récord está a la vista: violaciones de derechos humanos, robo de fondos públicos, presos políticos, torturas, destrucción de PDVSA, exilio masivo de venezolanos, empobrecimiento de la mayoría, enriquecimiento de una oligarquía enchufada. La lista es muy larga. La careta de este superhéroe de cartón se cae fácilmente.

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