La confianza tendrán que ganársela, por Alejandro Armas - Runrun
La confianza tendrán que ganársela, por Alejandro Armas
Dos acuerdos preliminares fueron el fruto de los cuatro días de reuniones a puerta cerrada. Como yo lo veo, no es muy suculento

 

@AAAD25

Terminó la primera ronda del nuevo intento de negociación entre el chavismo y la oposición. Entre los pocos ciudadanos que siguen altamente interesados en la política venezolana, que aún quedan, hubo algunos que reaccionaron con optimismo. Cauto, pero optimismo al fin. Lamento no poder compartirlo.

Dos acuerdos preliminares fueron el fruto de los cuatro días de reuniones a puerta cerrada. Como yo lo veo, no es muy suculento. Y bueno, no es que me haya entusiasmado con la cosecha en primer lugar. Comencé escéptico y así me mantengo. No me voy a detener ni por un momento en el primero de los pactos, que consiste en un espaldarazo al Acuerdo de Ginebra en la disputa por el Esequibo, por considerarlo para nada prioritario en medio de esta crisis política, económica y social.

Me interesa mucho más el segundo acuerdo. Tal como temía, consiste en un conjunto de medidas que responden más a las inquietudes de la elite chavista.

Antes de que Jorge Rodríguez, Gerardo Blyde y sus respectivos acompañantes se vieran las caras, Nicolás Maduro se dio a la tarea de exigir en público la devolución de activos de la República en el extranjero sobre los que el régimen perdió el control tras el reconocimiento dado a Juan Guaidó por las democracias del mundo en 2019. Parece que no eran solo fanfarronadas de Miraflores.

En efecto, en México se acordó atender la necesidad de “devolver a Venezuela” esos bienes, así como facilitar el acceso a dinero custodiado por el Fondo Monetario Internacional (sí, ese ente que según el chavismo es más perverso que Mefistófeles). Con esos recursos se pretende atender la epidemia de covid-19 en Venezuela, comprar vacunas, dotar hospitales y proveer a programas de alimentación.

Suena a primera mención como un objetivo muy noble. El gran problema, en mi opinión, está en la expresión “devolver a Venezuela”. ¿Qué se entiende por “Venezuela”? Convencionalmente, en la política internacional, el nombre de un país, mediante una sinécdoque totum pro pars, se refiere al gobierno de dicho país. No entremos en consideraciones sobre lo que eso significa en el caso venezolano desde hace dos años y medio. Lo importante es que el poder en nuestro territorio lo ejerce el chavismo y solo el chavismo.

Pudiera uno suponer, empero, que en teoría una consecuencia del pacto es que tanto el chavismo como la oposición velarán por el cumplimiento de los acuerdos en algún tipo de administración conjunta de los recursos. Muy bien, pero, ¿cómo va la oposición a asegurarse de que los mismos sí serán usados, una vez que ingresen a Venezuela, para el propósito establecido, y no para fines impuros? ¿Con qué poder? Sigo viendo en la desigualdad de poder el quid de la cuestión. El triste quid de la cuestión.

Incluso si milagrosamente el proceso avanzara de manera limpia, hay que entender que con esa plata apenas se podría atender la emergencia humanitaria. Un alivio importante pero coyuntural. La recuperación amplia, por no decir plena, de la economía venezolana requiere de ayuda internacional y de inversiones de capital que solo podrán darse con instituciones confiables. O sea, tiene que resolverse primero la crisis política.

Ahora bien, de acuerdo con los jefes de delegaciones y el mediador noruego, en las próximas rondas serán tratados asuntos referentes al Estado Constitucional de Derecho y al sistema de justicia. Avances en ese sentido sí que serían un progreso sustancial en la dirección correcta. Pero, de nuevo, ¿cómo hará la dirigencia opositora para presionar en esa dirección? La única carta a su favor es la del poder punitivo contra el chavismo que le han prestado las democracias del mundo. Poder que el chavismo exige sea desmantelado para que las negociaciones lleguen a buen término.

La delegación opositora pide el acompañamiento de la ciudadanía durante el diálogo. Ese acompañamiento requiere confianza. Imposible pedir a los ciudadanos que confíen en un régimen cuya falta de transparencia es harto conocida y en una oposición débil. La confianza se la tendrán que ganar.

La huida de Hernán Cortés de Tenochtitlán en 1520, en medio de una rebelión azteca contra el ocupante español, fue un evento que pasó a la historia con el nombre de “Noche Triste”. Medio milenio después, si los negociadores se retiran definitivamente de Ciudad de México sin un acuerdo, será una noche triste para Venezuela. Más triste lo sería aun con un acuerdo defectuoso.

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