Del fin de los “protectores” al Estado comunal, por Alejandro Armas - Runrun
Del fin de los “protectores” al Estado comunal, por Alejandro Armas
Eliminar a los ‘protectores’ pero llevar el Estado comunal a su máxima expresión no representa ningún cambio. Al menos no para bien

 

@AAAD25

Uno de los problemas de ser el jugador débil en un juego político perverso es que las excusas para la participación a veces son desmentidas, no por quienes se retiraron del tablero debido al hartazgo ante la trampa, sino por el propio jugador fuerte. El que pone las reglas y las cambia de acuerdo a cada coyuntura para ser siempre el ganador, y que por tanto no necesita excusas para jugar.

La oposición prêt-à-porter acaba de experimentar esta triste consecuencia de su condición cuando Nicolás Maduro anunció la eliminación de los “protectores” estadales y municipales, aquellos personajes designados por la elite chavista para fungir como poder ejecutivo paralelo en jurisdicciones donde los candidatos del régimen salieran derrotados electoralmente.

Para justificar su mantra de que hay que “competir” siempre en las elecciones sin importar condiciones o resultados y como si se tratara de un mandato deontológico, la oposición prêt-à-porter repetidas veces desestimó semejante burla a la voluntad ciudadana, planteando que en realidad los gobernadores y alcaldes ajenos al PSUV tienen más poder que los “protectores”. Maduro echó por tierra esos malabares argumentativos cuando sentenció esta semana “que mande quien gane” a partir de noviembre. Otra maniobra más para ilusionar a las democracias del mundo con una supuesta recapacitación, a ver si así proceden al levantamiento de sanciones.

Sin embargo, no vale la pena esperar a que aquellos señores admitan la invalidez de sus excusas. Al contrario, ya algunos están celebrando como gran logro el fin de lo que ellos mismos hasta hace nada caracterizaban como insignificante. Pero, al margen del descaro, ¿estamos realmente viendo un gran avance hacia el regreso del voto libre?

Me temo que en el mejor de los casos ello sigue luciendo improbable. Porque mientras el chavismo promete acabar con los protectores, retoma la imposición del llamado “poder popular”, que no es otra cosa que la reorganización administrativa del Estado siguiendo lineamientos comunales. Comunas, consejos comunales, un parlamento comunal y, más recientemente, ciudades comunales. Para quienes genuinamente no lo recuerdan o fingen amnesia, estos entes están contemplados en un conjunto de “leyes del poder popular” aprobadas por la entonces roja rojita Asamblea Nacional en 2010. Por razones tal vez estratégicas, el chavismo congeló por más de una década el desarrollo pleno de las estructuras comunales, limitándose a la creación de consejos comunales y comunas sin extenderlos por toda la superficie nacional ni convertirlos en el reemplazo de gobernaciones y alcaldías (aunque sí han fungido como instrumentos de clientelismo y control social). Pero ahora han indicado que quieren ir más allá en esa dirección.

Créanlo o no, hay voceros de la corriente de opinión “voto o nada” desdeñando las implicaciones del desarrollo del Estado comunal como estructura administrativa paralela a las gobernaciones y alcaldías.

Según ellos, los consejos comunales, comunas, etc. son solo unas nuevas instituciones que la oposición debe conquistar con su voto, como cualquier otra. Lo que omiten por ignorancia o cinismo es que todo el “poder popular” por diseño está construido para funcionar siguiendo directrices del chavismo, sin importar quienes lo integren. No goza de la autonomía política y administrativa que en teoría tienen los entes regionales y locales contemplados en la Constitución (digo “en teoría” porque, siendo sinceros, el régimen se ha encargado de socavar considerablemente la autonomía de gobernaciones y alcaldías).

Basta con revisar la legislación pertinente. Por ejemplo, el artículo 5 de la Ley Orgánica de Comunas define a las mismas como “espacios socialistas”, cuya funcionalidad debe estar en concordancia con el “Plan de la Patria”. Asimismo, los artículos 7 y 8 de la Ley Orgánica del Sistema Económico Comunal dispone que el gobierno nacional sea el coordinador y financista de los “proyectos socioproductivos” (las iniciativas económicas del Estado comunal), de nuevo exigiendo concordancia con el Plan de la Patria. Me permito aclarar que no me tomo como algo literal todo este vocabulario marxistoide. Esa es la fachada ideológica para cualesquiera que sean los intereses de la elite gobernante en un momento dado, verdaderamente socialistas o no. Así que, pese a toda la retórica sobre comunas, el resultado no necesariamente será como París en 1871.

Esta es la verdadera esencia de la “democracia participativa”. No importa que traten de darle sustento filosófico en la idea atávica de democracia ateniense, en la asamblea soberana rousseauniana (concebida para comunidades pequeñas como la Ginebra natal del pensador) o en la “democracia radical” de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Al final, la ilusión de las masas en pleno legislando sin intermediarios es desdibujada por un liderazgo centralizado que establece los márgenes férreos para la acción política de dichas masas.

En nuestra realidad práctica ello supone que eliminar a los “protectores” pero llevar el Estado comunal a su máxima expresión no representa ningún cambio. Al menos no para bien. Ni siquiera si las gobernaciones y alcaldías desaparecieran del todo para dar paso a comunas y ciudades comunales. Porque el régimen seguiría contando con una estructura alterna para la administración del territorio, sea cual sea el resultado de elecciones regionales y locales.

Ya hemos visto los límites de otros pretendidos gestos de recapacitación del régimen para cambiar malas opiniones afuera. Hay dos rectores del CNE ajenos al PSUV, pero cuando uno de ellos denunció un vicio harto conocido en el sistema, voceros del régimen lo desestimaron y hasta reprendieron. A la catatónica MUD le reactivaron su tarjeta electoral, en teoría asociada al G4, pero la Contraloría General reafirmó ipso facto las inhabilitaciones de militantes prominentes de esos partidos. Así que lamentablamente mi visión para el corto plazo sigue siendo pesimista, aunque me encantaría estar equivocado.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es