Vacunas vienen, vacunas van, el coronavirus sigue, por Armando Martini Pietri - Runrun
Vacunas vienen, vacunas van, el coronavirus sigue, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

A nivel global son 170 millones contagiados y casi 4 millones fallecidos, según recuento de la Universidad Johns Hopkins. Que si la vacuna tal o cual no es tan buena. Pero rusos y chinos nos quieren tanto que envían vacunas que sí lo son. El castromadurismo en constante revolución dice haber hecho milagros consiguiendo dinero para cancelar un mecanismo capitalista y así los rentables poderosos tecnólogos despachen montones de inmunizaciones, pagadas con dólares socialistas. Parece un chiste, pero no lo es.

Pocas cosas son tan predecibles como el oportunismo embustero del discurso oficialista. Venezuela no supera el 5 % en la vacunación de su población. Se calcula que debe vacunarse al 70 % de la población para generar la denominada inmunidad de rebaño. De acuerdo con el último corte de vacunaciones en el mundo, al 30 de mayo de 2021, el primer lugar lo ocupa Israel con 63 %, le sigue el Reino Unido con 58 %, Canadá con 56 %, Chile con 55 %; con él, Brasil y Panamá los únicos países de América Latina entre los 15 primeros.

El panorama informativo está atiborrado de dimes y diretes sobre vacunas, su cobro indebido, delincuencial, perverso. Hospitales destartalados, dirigentes políticos usurpadores e interinos en diálogos y negociaciones ataviados de elegantes tapabocas higienizados, con seguridad vacunados, dándose codazos de cordialidad. En medio del “genial” sistema según el cual una semana el virus anda suelto y la otra descansa. Planes de vacunación que ofrecen e incumplen, sin definición.

Se anuncia con bombos y platillos el pago de vacunas para aumentar la capacidad de vacunación del Estado, aunque, como siempre, sin especificar marca ni país de origen. ¡Mejor es algo, peor es nada! Manifiestan que arribó medio millón de vacunas rusas, sin evitar la tentación revolucionaria al denunciar que las sanciones interrumpen, que existe desigualdad en la distribución a escala global y Venezuela está “trabajando intensamente” con el sistema Covax para solventar los retrasos en la entrega de las dosis.

Sin embargo, discriminan, segregan por cualquier referencia política o no la colocación de vacunas y atentan contra la salud e integridad física y mental. Acto inhumano de gravedad similar a los crímenes contra la humanidad.

Los tétricos informes tanto si esconden como si no las cifras reales, reiteran que somos un país más que pobre y destrozado, un pueblo enfermo. No se trata de si la mayoría de los contagiados se recuperan porque es realidad mundial, ni si los contagios son comunitarios -aún no han impuesto las ciudades comunales y tenemos pandemia comunitaria a gusto castromadurista- o unos pocos “importados”; ni si le guste o no a los viajeros les hagan exámenes apresurados en dólares, ni cómo pelean y mueren soldados en los llanos con tapabocas después de comerse un plato de cualquier cosa.

Cada 24 horas cientos de venezolanos se contagian de covid-19, demasiados médicos, trabajadores de la salud han muerto por el coronavirus que mata pacientes y cualquiera que se arriesgue ponerse de frente, incluida la economía. De lunes a domingo y fiestas de guardar, mil o más se contagian con el virus chino que tiene derrotado al régimen y apagados a los venezolanos que, como siempre ha sido su costumbre con escasas excepciones, aguantan callados, rumiando, y sin expresar reclamo.

Cuidado con el síndrome que produce alegría por la inyección de vacunas, que lleva al relajamiento, en el seguimiento por parte de la ciudadanía de las medidas de bioseguridad. Está ocurriendo y es grave. Aglomeraciones esperando vacunarse sin tener medidas de protección, reflejan el desespero. El comunismo socialista castrista jamás tiene escrúpulos con los ciudadanos. ¡Ya basta de abuso y negligencia!

Entre tanto, partidos opositores con excepciones perennes y persistentes, se disponen a tragarse alegatos de ilegitimidad para legitimar al usurpador y régimen llamando a votar en unas elecciones que se suponía ilegítimas y de repente resulta que son al mismo tiempo un llamado para dialogar entre cómplices sobre la salvación nacional.

Los politiqueros se entrenan para ser cínicos, manipuladores y sordos a conveniencia. Vagos que desean hacerle coro al régimen y lavarle la cara. “Elenco del fracaso”, los llama un buen amigo. Todo colaborador es contrario a la patria, aliado y escudo del régimen; comisionados de la dictadura que los hacen ver cómo demócratas y no como lo que realmente son, déspotas opresores. No son líderes, son cómplices encubridores, tampoco defensores de los ciudadanos. Forman parte del problema, cuando en comparsa ayudan en la búsqueda de la legitimidad que no tiene la tiranía mediante una farsa de negociaciones y falsas elecciones, con el aplauso sin sentido de parte del statu quo, perjuro confeso del país.

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