Unidad y madurez política, por Orlando Viera-Blanco - Runrun
Unidad y madurez política, por Orlando Viera-Blanco
Ni Walesa, ODPOR, Mandela o las revoluciones balcánicas o árabes (primaveras) se desmarcaron ni desenfocaron del objetivo: el cambio de régimen. Después negociaron en democracia. Escribir misivas disruptivas estaba (está) fuera de orden. Divide, desmotiva y debilita.

 

@ovierablanco

Las predicciones en política obedecen a modelos estadísticos basados en índices económicos, sociales o políticos que vencen el ‘estado del arte’ de la gobernabilidad en países capaces de procurar paz, prosperidad y estabilidad a sus ciudadanos. El ascenso, permanencia o caída (del poder) depende de los aciertos o quiebres de la coalición dominante inter alias, presión social y coaliciones internacionales. La gran virtud: capacidad (madurez política) de generar consensos y unidad.

El caso venezolano incorpora una variable inédita: la coalición dominante no calca en un modelo de poder determinado. Es caótica y ausente de un formato político convencional. Eso la hace fallida, por lo que el cambio no obedece a rigurosidades típicas pero sí a un nivel mayor de exigencias. Ante las atipicidades, lo peor es la diseminación.

La caída del muro de Berlín y de la URSS

La Guerra Fría enfrentó a dos polos. Un bloque de gobernanza democrático de influencia eurocentrista, judeocristiana, basado en el respeto a la vida, la fe, la libertad, la propiedad; esto es, un sentido teológico, social y político entre derechos y deberes para la convivencia. Subyace el ideal del contrato social en un marco constitucional y republicano sobre la triada del respeto a la ley, la justicia, y la independencia de los poderes.

En contrapartida, el soviet. El poder superior, centralizado y omnipresente del Estado sobre el hombre. En el Estado democrático resaltan los valores de la sana competencia, libertad e igualdad de oportunidades. Mientras que el Estado centralizador, autoritario y populista, descansa la planificación y apropiación de los medios de producción, el hombre incluido…

EE. UU. demostró durante la Guerra Fría mayores capacidades de gobernanza, lo cual le procuró alianzas y estabilidad social. La URSS perdió el dominio de las masas y la confianza a partir de su ineficiencia económica. La caída del muro de Berlín responde a la insurgencia del mundo multipolar donde las naciones enaltecieron procesos de desprendimiento y rebeldía. El factor fundamental fue la unidad de propósitos e identidad de causa.

Odpor (resistencia) en Serbia para sacar a Slobodan Milosevic; la revolución cívico militar de Rumania (desobediencia civil) contra Nicolae Ceaușescu; Lituania y su revolución cantada (1989) más el  Movimiento Lituano Sąjūdis (movimiento reformista), la desintegración de la vieja Yugoslavia y la independencia de Montenegro, Croacia, Serbia, Macedonia y Kosovo; Bulgaria y el lanzamiento de la economía de libre mercado no planificada propio de la nueva constitución de 1991, Polonia y su Solidaridad con Lech Walesa al frente o el Congreso Nacional Africano liderado por Mandela, fueron ejemplos incontenibles de cambio político, social y territorial.  

El común denominador de la caída de la URSS y del muro de Berlín: I) En lo institucional un nuevo orden político, económico, global y democratizador. II) En lo colectivo: unidad, solidaridad y organización ciudadana.

Ninguno de estos momentos -históricos, trascendentes, transicionales y conductores de una reforma política profunda- vinieron precedidos de peticiones (cartas) de intervenciones internacionales entre grupos de resistencia. Ni Walesa, ODPOR, Mandela o las revoluciones balcánicas o árabes (primaveras) se desmarcaron ni desenfocaron del objetivo: el cambio de régimen. Después negociaron en democracia. Escribir misivas disruptivas estaba (está) fuera de orden. Divide, desmotiva y debilita…

Votar y hacer maletas…

Lo padecido en Venezuela no tiene precedente. Entre 1998 y 2013 -la era Chávez- vivimos experiencias antidemocráticas y confiscatorias que se nutrieron de un modelo de reparto y redistribución de la propiedad rapaz, en beneficio de una nueva élite revolucionaria.

Por una década (2003-2013) hubo una ilusión de bonanza que lanzó a la calle políticas asistenciales, misiones, pan y circo que redujeron los niveles de pobreza crítica -cierto- pero sin productividad. Un barril de petróleo a $140 y 1.4 trillones de dólares produjeron un espejismo de beneficencia que catapultó el llamado socialismo del siglo XXI, que realmente fue el petropopulismo del siglo.

La borrachera petro-revolucionaria condujo a un ‘ratón socialista’ que perforó los últimos cabos de un Estado republicano. Pasamos de un Estado autoritario, militarista y personalista (era Chávez) a un Estado ausente, miliciano y colectivista, con múltiples cadenas de mando repartidas en clivajes territoriales, económicos e institucionales.

Unos controlan el oro, los derivados de petróleo o servidumbres de paso. Otros los alimentos, la justicia, la identidad, milicias, FFAA o lo que queda del sistema electoral. Es una nación colonizada a pedazos y sablazos.

Esta atomización no excluye la adquisición (confiscación) de franquicias de oposición acompañadas de compra de conciencias que se prestan a participar en elecciones prêt-à-porter (listas para llevar).

Ya lo alertaba Platón. Seriedad en la política (spoude) es obrar con el buen ejemplo a los jóvenes de la polis. Perder la República es pulsar su migración. Y con el mal ejemplo de algunos dirigentes se pierde su liderazgo pero también la unidad y el sentido de  pertenencia/permanencia en la lucha. Entonces los jóvenes hacen maletas. La inmadurez no es de ellos. Tampoco su culpa, porque predecir y padecer continuismo del status quo es el castigo cuando se adolece de unidad y madurez política.

Y se vacía la ciudad…

*Embajador de Venezuela en Canadá

 

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