¿Qué le pasa a las Naciones Unidas?, por Tony Bianchi*  - Runrun
¿Qué le pasa a las Naciones Unidas?, por Tony Bianchi* 

Al final de la Segunda Guerra Mundial, en octubre de 1945, las más grandes potencias políticas del momento: Inglaterra, la Unión Soviética, Estados Unidos y Rusia fundaron las Naciones Unidas con la clara intención de, antes de todo, evitar más conflictos bélicos y guerras que afectaran al planeta.

¿Pero para que sirvió esta gran idea y a quién realmente sirvió la creación de la ONU? ¿Acaso contribuyó a poner fin a la Guerra de Corea, o a la Guerra de Vietnam u otros conflictos menores como los conflictos en los Balcanes, Yemen o Siria entre algunos de los que vinieron después?

A pesar de sus buenas intenciones, la ONU poco o nada ha logrado hacer para resolver estos enfrentamientos armados, toda vez que se han involucrado una o más potencias. Véanse los casos de Crimea y Ucrania, manejados a su placer por Rusia.

Lo máximo conseguido con la intervención del organismo mundial ha sido promover sanciones, cuyos efectos han sido en muchos casos inciertos o dudosos.

Cuando esto ocurre, las grandes potencias intervienen y no aceptan condiciones argumentando que cada país tiene el derecho de defender sus intereses según sus propios criterios.

Lo nuevo e inesperado es que, desde el principio del 2020, tan grave como una guerra, ha aparecido el coronavirus causante de la primera verdadera crisis de la salud en escala mundial desde la Edad Media.

¿Porque la ONU no ha tomado acción y obligado a las varias potencias a unir esfuerzos para combatir y derrotar esta plaga que afecta a todo el mundo?

El coronavirus nació en un laboratorio de Wuhan, China, desde donde -a propósito o por error- “se fugó el virus” para invadir al mundo causando las graves consecuencias médicas y económicas cuyos alcances todavía no se han podido estimar.

Debido a su poder destructivo, todo lo relacionado con este virus es de gran importancia estratégica. Y ha dado inicio a una verdadera carrera para alcanzar ser el primer país en descubrir su antídoto y casi seguramente derivar ventajas inesperadas.

Por lo tanto, es sumamente importante que la búsqueda de un antídoto se produzca de una manera ecuánime para que nadie pueda derivar injustas ventajas.

Lo lógico es que los líderes mundiales lleguen a un acuerdo con el mismo espíritu que utilizaron en la creación de la Naciones Unidas, estableciendo como meta humanitaria común el descubrimiento de una vacuna que ponga fin a esta pesadilla antes de que ocurran mayores daños adicionales.

Esta es una actitud contraria al espíritu de Donald Trump, el cual, incapaz de entender la naturaleza del virus, está responsabilizando a los varios gobernadores de los estados de su país por el fracaso en contener la pandemia en sus territorios; obligándolos a hacerse cargo del problema global, por lo menos en los Estados Unidos.

Es increíble cómo el jefe de Estado del país que cuenta con las mayores y mejores universidades y mejores laboratorios de investigación del mundo no haya podido juntar a los mejores científicos y los más grandes expertos de pandemia del planeta y, apoyados por el poderío económico de los países más ricos del mundo, concertar un formidable frente para derrotar al enemigo común.

Este vacío está siendo criticado por los líderes democráticos del mundo, los cuales -a esta altura- no saben qué más esperar del presidente estadounidense tanto en los temas de la salud, la defensa y la economía internacional, donde todos son afectados por la pandemia.

¿Podrá Estados Unidos cambiar su rumbo a través de las inminentes elecciones presidenciales ?

Agosto 8 2020.

⊛ Bianchi es periodista activo y fue corresponsal jefe de Reuters en Venezuela en los años 60/70. Escribe para medios internacionales desde Venezuela.

 

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