El enemigo emerge de las entrañas, por Armando Martini Pietri

El enemigo emerge de las entrañas, por Armando Martini Pietri

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Hace tiempo Venezuela está, atiborrada de un Gobierno lerdo, mal encaminado y obsesivamente porfiado en sus errores, se afirma que no habrá golpe de estado, ni militares en rebelión, tampoco intervención de otros gobiernos, ni llegarán los marines estadounidenses a las playas, mucho menos, rebeliones populares, como sucede en Haití, donde gobierna la anarquía, el caos, y en Nicaragua, los Ortega mandan a linchar democráticamente, es decir, sin preferencias.

Aseguran, cada vez más convencidos y expectantes los que piensan, analizan y se frustran porque el castro-madurismo sigue en el poder, que este Gobierno finalizará por implosión social. Es decir, que revienta por abajo, pierde fundamento, se desmoronan sus bases y estructura, haciéndose pedazos, se viene al piso por su propio peso como aquel coloso legendario de pies de barro. ¿Será así?

Lo advirtió una vez José Vicente Rangel; el verdadero enemigo del chavismo está dentro, en sus propias entrañas. Tuvo y sigue teniendo razón. De otra manera lo señaló, Müller Rojas, general del ejército izquierdoso y, cercano al proyecto de Hugo Chávez, que éste se enfrentaba a un nido de alacranes, refiriéndose a lo interno del movimiento, pero no a las bases sino a quienes querían adueñarse de ellas escudados en el comandante Chávez.

Con todos los errores y empecinamientos miopes que han arruinado a la industria petrolera, buena parte de la producción agropecuaria, la agroindustria, comercio e industria automovilística, partes y repuestos, fabricación e importación farmacéutica y amenazan a todo el sistema comercial, el castro-madurismo continúa con relativa pero muy disminuida fuerza popular, un sentimiento con jefes alejados, dirigentes y socios corrompidos, pero con la profundidad del tambor, del sol tropical, de la paciencia popular, de la emoción de quienes siempre han tenido poco que perder porque nada han tenido. Que ahora son menos, pero siguen siendo.

Es adentro donde está el problema de verdad. El chavismo verdadero, aquella furia ensordecedora, alegría retumbante por una revolución imposible pero que el carisma de Chávez hizo creíble, que presentó como alcanzable con su liderazgo, se quedó sin guía. Maduro ordena, quizás mande, pero es incapaz, nada eficiente, no enamora, no seduce. Cabello y Rodríguez menos aún, repugnan, no importa con cuánta fuerza se aferren al poder.

Lo que Rangel, analítico frío y veterano en demasiadas batallas, dijo años atrás, sigue vigente. El problema del chavismo no está en la MUD fragmentada e inoperante, tampoco en la oposición incapaz de renovarse, sino dentro del chavismo profundo, el de las calles estrechas, viviendas humildes, en la zona popular donde conviven los desposeídos, los menos afortunados, los más débiles sociales, donde no hay agua ni luz, se pasa hambre, se come de la basura, se muere por falta de medicinas e inseguridad. Es allí donde está el enemigo que puede y va a terminar con el poder castro-madurista. Dentro de sí mismo, en sus entrañas que se revuelven, se agitan, eructan, y duelen cada día más.

El madurismo es un movimiento, pero no una emoción de efervescencia popular. Es un partido político que está en el poder, sólo eso, un partido, que tiene militantes inscritos, que exige obediencia sumisa y ciega. Manda, cobra, paga, conviene a algunos que lo necesitan, pero ya no emociona no inquieta. Produce miradas elocuentes y posiciones de firme armado y estático, pero no alegra, no abre simpatías ni señala caminos.

En el castro-madurismo ya no hay encantamientos, no hay oídos a tambores. Hay disciplina, recompensas, pagos, pero no espontaneidad. El chavismo ha muerto. Falleció. Se extinguió con su fundador. Los chavistas profundos lo saben. No pueden ser, ni siquiera con el pañuelo en la nariz, entusiastas de un entusiasmo que se dañó y pudrió. Ése es el enemigo y hace tiempo está afuera pero ahora también adentro. El desencanto y desesperanza.

Ésa es la tragedia de Maduro. El chavismo lo resiente y se resiste, años atrás los intestinos rojos se debatían entre insaciables con aspiraciones y aspirantes con ambiciones, entre teóricos del gobernar y codiciosos del dinero, entre santos dispuestos al martirio y soldados preparados para martirizar, hoy está aplastado por la frialdad del régimen, la ineptitud generalizada, y la incapacidad de ilusionar. Todo es insensibilidad áspera de Raúl Castro, guayabera bien planchada e inmutable de Díaz-Canel, y las órdenes de un Maduro que preside sobre escombros.

En la aplicación en esta aislada Venezuela del castro-madurismo, versión caribeña y readaptada del marxismo, la revolución se despedaza por la base, el descontento es incontenible, ya no puede ocultarse, se desborda por los poros, no es una explosión social -como fue el Caracazo- que los siempre derrotados comunistas tratan de adjudicarse como obra propia, es una implosión dentro del chavismo que dejo de creer, perdió la confianza. Rebulle la indignación popular, será un movimiento telúrico de alta escala y consecuencias impredecibles.

La victoria electoral de Chávez no fue, como el chavismo lo proclamó, un triunfo de la voluntad popular, realmente fue el desbarajuste, ceguera e incapacidad de los partidos políticos; muy similar a lo que hoy sucede, cuando algunos dirigentes opositores lucen desconcertados, desesperados, temerosos, no encuentran salida, optan por acomodarse en la cohabitación y no pierden tiempo en negociar la supervivencia política, ignorando y olvidándose de las demandas populares.

 

@ArmandoMartini 

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