Ni una lagrimita, por Francisco Ibarra
Ago 04, 2016 | Actualizado hace 4 años
Ni una lagrimita, por Francisco Ibarra

MiguelPerezAbad

El pasado martes fue destituido el ministro de industrias y comercio Miguel Pérez Abad. Ser destituido en el chavismo con frecuencia implica ser reciclado en otro puesto, es por ello que no podemos dar por sentado que el exministro este completamente fuera del gobierno. Sin embargo, su supuesta agenda reformista parece haber naufragado en el mar de intereses económicos que es el chavismo. Perdió la batalla con ese pequeño peso pesado que le encanta fotografiarse entregando bolsas de comida. El dólar Marco Torres sigue vivito y coleando.

Hay al parecer algo de congoja en aquellos que desean un cambio drástico en materia económica. En el fondo Pérez Abad representaba la esperanza de cierta sensatez en materia económica. La oportunidad de traer algo de cordura al gobierno más inepto que hemos tenido, capaz de superar a su predecesor y a otros tantos de nuestra historia reciente. Esa esperanza la mantenían aquellos que han subestimado el nivel de rapiña interna dentro del chavismo, los que creen que en el fondo priva algún grado de racionalidad en las decisiones que se toman.

Miguel Pérez Abad probablemente lo tenía mucho más claro que aquellos que ahora parecen extrañarle. Llegó a ser ministro, viajó por el país y el extranjero, se montó en helicópteros del ejército para “supervisar”, dio declaraciones, afirmó cosas que sabía que no iba a poder cumplir y en el camino arrimó algo para el mingo. La misma historia de la mayoría de los ministros chavistas. Ahora es el turno de Carlos Farías. Como aquel caballito mecánico que había antes en las farmacias: se espera su turno, se le mete un bolívar, se sube y luego se baja. Al que se sube siempre le parece poco, al resto una eternidad. El tiempo de Pérez Abad ha sido una eternidad de promesas incumplidas y de tiempo perdido. No daba para más.

No existe nadie afín al gobierno con la capacidad y el poder para poder implementar una real reforma económica. Ante el menor movimiento aparecen campeones quemando autobuses, que ahora andan con niñeras armadas, a recordar que hay un Plan de la Patria. Este supuesto plan no es más que “palo a la piñata”, todavía algunos caramelos le quedan.  Aquellos que quieren seguir aferrados al poder van a torpedear cualquier intento de reforma, si a eso uno le suma la tara ideológica, el resultado no puede ser otro.

Lo fundamental es tener claro que no habrá cambio económico mientras no exista cambio político. Quienes gobiernan actualmente saben que el tiempo arriba del caballito se les está acabando. Saben que en lo que se bajen no se vuelven a subir. Entonces han estado metiéndole a escondidas bolívares al caballito para alargar la cabalgata. Pérez Abad fue uno de esos bolívares, ahora viene otro que seguro comprará aún menos tiempo.

Lamentar la salida de Pérez Abad es congraciarse con la mediocridad. El exministro nunca tuvo un plan, no lo podía tener porque no entiende cual es el camino para salir del atolladero actual. Su salida no mejora ni empeora la situación, es por ello que no vale la pena ni una lagrimita.

 

Francisco Ibarra Bravo

@franibar10