
La situación en Venezuela es mucho más compleja que la simple dicotomía, mercado libre vs. economía centralizada, o la autarquía legal opuesta a la dictadura del proletariado. Lo que ahora importa es el rescate de la democracia y los DDHH, más la maximización de la producción en un esquema que los recursos, ni son infinitos (Petróleo), ni totalmente moldeables (Condición de Samuelson), a los intereses del Estado o de lo privado. En nuestro país el chavismo (1998-actual) ha adoptado una posición contralora de los recursos públicos y de los ciudadanos, mientras sus oponentes no dejan de entrever una costura difusa, “social-demócrata”, rentista, clientelar y centralizadora, que concibe el desarrollo económico bajo el modelaje petrolero (ver literal 75 del documento de MUD/Cien soluciones para Venezuela). En este documento, el federalismo real y auténtico, la diversificación y la desconcentración del poder, queda desplazado por el centralismo de Estado. En otras palabras: ni milicianos rojos ni progresistas azules, renuncian a los privilegios que le concede el “Estado-botín”. Y atención, no hablamos de privatizar Pdvsa. Nos referimos a dejar de tenerla como latrocinante de un “Estado niñera”, sofocador de sí misma, de las libertades y de la capacidad de los individuos.
En 1963 el catalán Ramón Trias i Fargas, publica su libro: ¿Entre el Capitalismo y el Comunismo, un Tercer Camino?. Parafraseando al profesor Trias i Fargas, nos preguntamos: ¿Entre la MUD y el chavismo, un tercer camino? Si después de la II Guerra Mundial filósofos como Muller-Armack comprendieron que “lo humano es más importante que el mercado mismo”(ver también Alfred y Hans-Gunter Krusselberg), y sí The third way de Bill Clinton o Tony Blair (Nuevo laboralismo, Nueva vida para Gran Bretaña), dieron el toque tercerista en Europa y en América, como toque reformador de políticas de desregulación, descentralización y reducción de impuestos, disminuyendo la sobredependencia del Estado al tiempo de aumentar la productividad y el sentido de responsabilidad personal, plantear en Venezuela una tercerización político-
En el contexto de América Latina, fue lapidario lo que predijo Ricardo Lagos en su discurso, Hacia una tercera vía latinoamericana. “En nuestra región, el acento debe estar en incluir a los excluidos, mejorando la vida de éstos, sin que ello ocurra a expensas del resto. La idea es que nadie pierda en el proceso de inclusión social, para lo cual se requiere, simultáneamente, progreso material y progreso social…”. Visiones similares han sido expresadas por el ex presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso. “Esas aspiraciones de justicia social, eficiencia, crecimiento y desarrollo; libertad y democracia, exprésense como se expresen, representan las ideas y aspiraciones que han llegado a constituir el objeto de la práctica política contemporánea”.
La tercera vía no es un programa concreto de acción. Es un conjunto de aspiraciones y motivaciones, que van desde lo moral a lo práctico. Es la constitución ciudadana a fondo. Dice Key, “Los ciudadanos buscan un rumbo. Y ese no es otro que saber cómo prosperar, cómo generar estabilidad y seguridad”. Es proteger al ciudadano, con independencia del poder político, sin pagar el precio de convertirlos en clientes del patronaje estatal. No veo ni en la MUD ni en el PSUV, con una visión moderna, liberal y progresista que cabalgue por ese camino. Pues entre ellos o fuera de ellos, está la tercera vía venezolana. Hagámosla.



