Este miércoles veÃamos cómo el del 2014 evidenciaba sus hábitos de tramposo crónico, reduciendo casi a la mitad el precio supuesto del petróleo, para hacer con la otra mitad lo que le venga en gana. Y entre otras cosas centraliza el gasto en desmedro de las provincias y su relativa y necesaria autonomÃa, como buen déspota que es
Bien leÃdo un presupuesto nacional es un estupendo retrato del gobierno que lo formula. Allà están sus preferencias y deseos en numeritos muy precisos.
Ayer veÃamos cómo el del 2014 evidenciaba sus hábitos de tramposo crónico, reduciendo casi a la mitad el precio supuesto del petróleo, para hacer con la otra mitad lo que le venga en gana. Y entre otras cosas centraliza el gasto en desmedro de las provincias y su relativa y necesaria autonomÃa, como buen déspota que es.
Hoy subrayaremos el descomunal gasto del Estado, mil y tantos millones de bolÃvares, para propaganda.
A los cuales habrÃa que agregarle los 9 millones de dólares (multiplique por el negro) que gastará Maduro viajando por el mundo, como tanto le gustaba al Padre y que es otra forma de vender la imagen de la patria.
Esto, sin duda, muestra un rasgo que está en el corazón mismo del régimen: su infinita capacidad de hablar pendejadas sobre sà mismo, casi inversamente proporcional a su eficacia para hacer cualquier cosa en positivo para el paÃs, para la suprema felicidad de su pueblo; como lo muestra la demolición lograda en casi todos sus ámbitos, desde la moral pública hasta los huecos de la última calle del más apartado pueblo.
Quienes hemos vivido estos tres lustros, al volver la vista atrás encontraremos infinitas estelas de palabras, de ritos, de mitos, de estrambóticos espectáculos, de insultos a granel, de mensajes mediáticos de todos los tenores, de sÃmbolos en las vestimentas y las paredes, de misas rojas, de cultos a fantasmas, de consignas ciegas y letanÃas, órdenes y contraórdenes, de zalamerÃas y ridiculeces, de mentiras…
Palabras, palabras, palabras sin fin. Chávez contando interminablemente, durante horas, las minucias de su vida provinciana frente a las cámaras de TV, rodeado de focas sonrientes y sobreexcitadas que aplauden mecánicamente, podrÃa ser uno de los arquetipos de esta época venezolana.
Como otras podrÃan ser las sacramentales y pueriles evocaciones de la religión patriótica llevada a la caricatura o a la profanación.
Nunca tuvimos un régimen más retórico que éste. Y esas montañas de discursos, entre otras cosas, sirven para suplir lo poco que se hace.
Y para la necia e imposible tarea de cambiar las ideas y los sentimientos republicanos del pueblo, para hacerlo militarista, sumiso y fetichista de la historia trastocada.
Fiel a ese designio el Sucesor ha retomado la tarea y ha dispuesto los dineros para continuarla. Esa parece ser su mayor desgracia.
Su ADN no tiene ni la capacidad verbal, ni la delirante imaginación, ni las dotes histriónicas, ni la arrogancia de su antecesor.
Fuente:Â www.talcualdigital.com




