Hablar de la realidad venezolana suele remitir de inmediato a la crisis económica, la inestabilidad política o la emergencia social. Sin embargo, tras la sacudida provocada por los sismos del pasado 24 de junio en la zona central del país, ha quedado al descubierto la situación de la salud mental del ciudadano y la fragilidad del tejido social.
En una nueva edición de Espacio Runrunes, Luis Ernesto Blanco tuvo la oportunidad de conversar con Danny Socorro, psicólogo, sacerdote, director de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello y coordinador general de Psicodata, sobre el acompañamiento a las víctimas de La Guaira y Caracas, la resiliencia colectiva y los retos del país en bienestar emocional.
Desconfianza, miedo y desesperanza
Uno de los hallazgos de Psicodata es la desconexión social en la que sobrevive el ciudadano. Las mediciones, según Socorro, indican que el 89% de los venezolanos desconfía de la mayoría de las personas, limitando sus círculos de apoyo al núcleo familiar y a los amigos más cercanos. A este aislamiento se suma un “miedo colectivo difuso”, la desesperanza y la marcada ausencia de soporte en instituciones públicas e incluso en redes comunitarias inmediatas. “Ante la adversidad, el ciudadano siente que no cuenta con nadie más allá de los suyos”, dice el director de la Escuela de Psicología de la UCAB.
“El venezolano es un gigante en resiliencia individual, pero un enano en resiliencia social”. A nivel personal, la gente emprende, apela al humor y sostiene a su entorno íntimo afirmando que “el país está mal, pero yo estoy bien”. Sin embargo, la resiliencia colectiva —la capacidad articulada para organizarse, exigir derechos y construir soluciones comunitarias— permanece erosionada. Socorro enfatizó que la resiliencia no es resignarse ni “dejarse pisotear”, sino reconstruir vida y dignidad sin caer en el aislamiento.
Del impacto inicial al duelo desatendido
Tras los terremotos, los equipos de Psicodata se desplegaron en el litoral central, asistiendo a comunidades de Caraballeda y Tanaguarena de manera itinerante, instalando puntos de atención en plazas y parroquias y visitando casa por casa. Socorro describe la experiencia como “agridulce”: amarga por el dolor de la pérdida, y dulce por la posibilidad de ayudar. Explicó además la transición entre las etapas del desastre: hubo una ola inicial de solidaridad masiva, rescate de sobrevivientes y búsqueda de cuerpos para dar cierre a las familias y un segundo momento donde la ayuda disminuye, los insumos escasean y afloran necesidades básicas desatendidas (hambre, falta de vivienda y empleo), generando sentimientos de abandono. “Con el tiempo emergen síntomas críticos como duelos congelados, crisis de ansiedad o alucinaciones, haciendo indispensable el acompañamiento profesional”.
La atención psicológica sigue estando lejos del alcance de la mayoría. Datos de Psicodata indican que solo el 9,65% de los venezolanos ha buscado ayuda profesional en los últimos dos años. Socorro identifica tres barreras fundamentales: Económica: Deterioro de la atención pública y costos privados entre $30 y $50 por sesión, inalcanzables para la mayoría. Estigma sociocultural: Persistencia del prejuicio que vincula la atención psicológica únicamente con la “locura”. Normalización del malestar: Tendencia a acostumbrarse al sufrimiento personal (insomnio, ansiedad) como si fuera normal.
Hablar para salvar vidas
En el marco del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, el director de la Escuela de Psicología de la UCAB abordó la importancia de visibilizar las conductas autolesivas e identificar señales de alarma. Aclaró la diferencia entre la ideación suicida (pensamiento sin plan, cuarto motivo de llamada en Psicodata) y la conducta suicida. Entre las pautas clave destaca la necesidad de hablar abiertamente sin tabúes: Es un mito que hablar sobre suicidio incita al acto. Es clave mostrar canales de ayuda; nunca publicar el método, cartas, direcciones o nombres para no revictimizar; evitar expresiones como “piensa en tus bendiciones” o “tienes hijos” aumentan la culpa. Por último, acompañar con presencia, validar el dolor y conectar con profesionales.
Psicodata (@psicodatavzla) mantiene activas varias plataformas de atención como la línea telefónica junto a Venemergencia, donde brindan primeros auxilios emocionales y atención breve (3 a 5 consultas). También están los campamentos y salas móviles, actualmente con despliegues en comunidades de La Guaira, Mérida, Bolívar y Caracas. En la actualidad también están ofreciendo contenidos psicoeducativos en redes y el programa Psicodata Radio en Onda La Superestación.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país



