¿Hasta qué punto es normal sentir angustia por un “apagón” de redes sociales?

«Idealizamos estos equipos y servicios y entonces, cuando fallan, es como si nos fallara algo existencial. Nos toca redefinir, reorientar y repensar el tema»

 

El pasado lunes, las principales redes sociales sufrieron un “apagón”. WhatsApp, Instagram y Facebook dejaron de funcionar por un período de seis horas. De acuerdo con diferentes estudios, la caída de estas plataformas afectó a millones de personas en todo el mundo, pero estar incomunicado no fue la principal consecuencia. La experiencia sirvió para determinar cuán dependientes y apegados están las personas de los dispositivos tecnológicos.

La psicólogo clínico y psicoanalista de la Sociedad Venezolana de Psicoanálisis, Auxi Scarano, explicó en entrevista para el Circuitos Éxitos, que si bien las redes sociales vinieron a cambiar el mundo y la manera de comunicarnos, prescindir de ellas suele generar una mayor o menor angustia en las personas.

«Las redes sociales se han convertido en una suerte de apoyo emocional que nos da seguridad. La tranquilidad que nos da la información, dónde nos ubicamos, qué está pasando. Cuando eso se acaba, nos quedamos, en el aire», dijo.

Auxi Sacarano afirmó que, con la llegada de la pandemia del COVID-19, se profundizó aún más la incertidumbre y por eso las redes sociales «se convirtieron en un recurso que nos tranquiliza y nos da consuelo, nos quita la angustia de saber qué está pasando», dijo.

En la dependencia está el problema

La psicóloga explicó que todos los seres humanos podemos sentir dependencia a algo o alguien, pero que el problema se presenta cuando se crea una adicción. En el caso de las redes sociales, Scarano comentó que observó muchos niveles de angustia sobre todo en aquellos que trabajan con estas plataformas y dependen de ellas para su economía y estabilidad, pero también que hubo personas que afirmaban que si no tenían conexión se sentían «muertos». 

Auxi Scarano aseguró que la situación se considera alarmante cuando no se puede vivir sin las redes sociales. «Caemos en el abuso, en el uso excesivo de las redes para existir, cuando perdemos la identidad, y a través de las redes es que sentimos que somos y  conectamos».

Sobre el uso de estas plataformas, la psicóloga clínico afirmó que se ha convertido en un hábito contar con ellas, pues brindan una sensación de acompañamiento. Pero, en ocasiones, sus usuarios no pueden despegarse de ellas.  «A veces vamos a un concierto y parece que necesitamos, más que disfrutarlo, fotografiarlo o grabarlo para que sepan los demás que estamos en ese lugar, parece un aspecto infantil de necesitar aprobación y reconocimiento todo el tiempo».

Auxi Scarano agregó: «Idealizamos estos equipos y servicios y entonces, cuando fallan, es como si nos fallara algo existencial. Nos toca redefinir, reorientar y repensar el tema».

La psicóloga afirmó que es necesario tomar conciencia del uso de los recursos tecnológicos para rescatar toda la simpleza que implica la conexión humana.

Sumó que es muy distinto la entrega, el vínculo, o intercambio que genera una conversación, escuchar música o estar en contacto con la naturaleza.

«Debemos tomar conciencia y hablar con los hijos, amigos y repensarlo. En la ausencia es que podemos tomar conciencia de las cosas, no en la presencia», finalizó.

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«Idealizamos estos equipos y servicios y entonces, cuando fallan, es como si nos fallara algo existencial. Nos toca redefinir, reorientar y repensar el tema»

 

El pasado lunes, las principales redes sociales sufrieron un “apagón”. WhatsApp, Instagram y Facebook dejaron de funcionar por un período de seis horas. De acuerdo con diferentes estudios, la caída de estas plataformas afectó a millones de personas en todo el mundo, pero estar incomunicado no fue la principal consecuencia. La experiencia sirvió para determinar cuán dependientes y apegados están las personas de los dispositivos tecnológicos.

La psicólogo clínico y psicoanalista de la Sociedad Venezolana de Psicoanálisis, Auxi Scarano, explicó en entrevista para el Circuitos Éxitos, que si bien las redes sociales vinieron a cambiar el mundo y la manera de comunicarnos, prescindir de ellas suele generar una mayor o menor angustia en las personas.

«Las redes sociales se han convertido en una suerte de apoyo emocional que nos da seguridad. La tranquilidad que nos da la información, dónde nos ubicamos, qué está pasando. Cuando eso se acaba, nos quedamos, en el aire», dijo.

Auxi Sacarano afirmó que, con la llegada de la pandemia del COVID-19, se profundizó aún más la incertidumbre y por eso las redes sociales «se convirtieron en un recurso que nos tranquiliza y nos da consuelo, nos quita la angustia de saber qué está pasando», dijo.

En la dependencia está el problema

La psicóloga explicó que todos los seres humanos podemos sentir dependencia a algo o alguien, pero que el problema se presenta cuando se crea una adicción. En el caso de las redes sociales, Scarano comentó que observó muchos niveles de angustia sobre todo en aquellos que trabajan con estas plataformas y dependen de ellas para su economía y estabilidad, pero también que hubo personas que afirmaban que si no tenían conexión se sentían «muertos». 

Auxi Scarano aseguró que la situación se considera alarmante cuando no se puede vivir sin las redes sociales. «Caemos en el abuso, en el uso excesivo de las redes para existir, cuando perdemos la identidad, y a través de las redes es que sentimos que somos y  conectamos».

Sobre el uso de estas plataformas, la psicóloga clínico afirmó que se ha convertido en un hábito contar con ellas, pues brindan una sensación de acompañamiento. Pero, en ocasiones, sus usuarios no pueden despegarse de ellas.  «A veces vamos a un concierto y parece que necesitamos, más que disfrutarlo, fotografiarlo o grabarlo para que sepan los demás que estamos en ese lugar, parece un aspecto infantil de necesitar aprobación y reconocimiento todo el tiempo».

Auxi Scarano agregó: «Idealizamos estos equipos y servicios y entonces, cuando fallan, es como si nos fallara algo existencial. Nos toca redefinir, reorientar y repensar el tema».

La psicóloga afirmó que es necesario tomar conciencia del uso de los recursos tecnológicos para rescatar toda la simpleza que implica la conexión humana.

Sumó que es muy distinto la entrega, el vínculo, o intercambio que genera una conversación, escuchar música o estar en contacto con la naturaleza.

«Debemos tomar conciencia y hablar con los hijos, amigos y repensarlo. En la ausencia es que podemos tomar conciencia de las cosas, no en la presencia», finalizó.

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Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.