Subdesarrollo potenciado - Runrun
Luisana Solano Sep 01, 2014 | Actualizado hace 8 años
Subdesarrollo potenciado

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Con la facilidad característica con la que hablan los ignorantes, la clase política gobernante ha prometido convertir el país en una potencia tantas veces que sería difícil enumerarlas. Sin duda alguna, Venezuela cuenta con una cantidad de recursos naturales y posición geoestratégica que resultan fundamentales para convertirnos en un país con algo que decir y hacer en el concierto de las naciones.

Sin embargo, la política de los últimos quince años lo que ha terminado haciendo es arrojarnos despiadadamente al pasado primitivo. Al extremo que el informe del Instituto CATO nos ubica como el país más miserable del planeta. Por supuesto que algún afecto al gobierno verá eso como un ataque al régimen. La realidad es que nuestra querida Venezuela cursa el camino de la involución como país, al extremo de que ya se menciona la posibilidad de su disolución como nación.

Para demostrarlo solo es necesario hacer un rápido inventario que compare la situación actual con la que vivíamos en 1998. El chavismo llega al poder gracias a la existencia de una aún imperfecta separación de poderes. El antiguo CNE posibilita unas elecciones que ratifican la decisión que los venezolanos habían expresado en 1993 de dejar atrás a los partidos tradicionales AD y COPEI. Hoy, no existe la separación de poderes en Venezuela. Se dice que son extensiones o secretarías del partido de gobierno. El propósito de las mismas no es servir al pueblo a través del respeto a la constitución. Por el contrario, se dedican enteramente a implantar un proyecto político, muchas veces en abierta violación de la carta fundamental. Este aspecto nos ubica en la esfera de un país subdesarrollado con pocas posibilidades de superar las taras de gobiernos autoritarios arcaicos.

En salud se nota claramente un retroceso que algunos podían ubicar al principio del siglo veinte. Vemos como enfermedades previamente erradicadas han vuelto a surgir con fuerza inusitada. Se reportan casos de malaria, tuberculosis, dengue y recientemente chikungunya. Los pacientes de cáncer no cuentan con la certeza de ser debidamente tratados. Las noticias están plagadas de mala praxis de unas personas a las que les hicieron creer que son médicos. Las medicinas para los diabéticos se encuentran desaparecidas. Los materiales necesarios para operaciones quirúrgicas no se consiguen. Tragedia de semejantes extensiones no se observa en ningún país de la región. En esta dimensión queda también demostrado nuestro nivel de nación subdesarrollada. Demás está recalcar que este momento precario que vive la salud es mucho peor que el de 1998.

El asunto de la inseguridad clama ante los ojos de Dios. Caracas figura como la ciudad más peligrosa del planeta. La ciudadanía se quejaba de la criminalidad en 1998. En estos momentos la situación es verdaderamente dantesca. Recientemente aparecieron las manos y la cabeza de una persona que había sido secuestrada y cuya familia no tenía los recursos para el rescate. En este rubro somos claramente un país subdesarrollado con visos prehistóricos, cuando la vida humana no tenía valor alguno. El gobierno se muestra absolutamente incapaz de enfrentar esta gravísima tara social. El hampa le discute abiertamente al estado el monopolio de la violencia.

Venezuela no tiene moneda. En 1998 un dólar se podía comprar libremente por 0.58 BsF. En la actualidad ha llegado a perforar la barrera de los 90. Lo peor es que no se pueden comprar según las necesidades de las personas o de las empresas. Este, en mi opinión, es el elemento que mejor explica la tragedia económica que vive el país. En asuntos de viajar al exterior, un venezolano tiene menos posibilidades que cualquier ciudadano de las Américas incluyendo países como Haití, Nicaragua y Guatemala. El venezolano es un ciudadano de cuarta en este aspecto. La involución es clara y perniciosa.

Para colmo de males, con las reservas probadas de petróleo más grandes del planeta, ahora nos vemos en la necesidad de importar, además de gasolina y otros productos refinados, crudo liviano para poder darle viabilidad a la explotación de la faja petrolífera del Orinoco. En materia de política petrolera hemos sido disparados a finales del siglo XIX. Nuestro conocimiento en el área fue exportado por la vía de la fuerza a otros países que supieron aprovecharlo. Quienes hoy están a cargo no tienen el discernimiento necesario para ponernos en niveles adecuados de producción y de independencia económica. Lo peor de todo esto es que volvimos al lamentable estado de país mono productor y mono exportador de materia prima. Subdesarrollo en su peor manifestación.

Los venezolanos que pueden huyen en masa de un país que se viene abajo. En manos de una clase política incapaz de resolver los problemas que vivimos. Las promesas de convertirnos en potencia se ven hoy como lo que son: una burla descarada al pueblo venezolano.

La triste realidad es que se potenció el subdesarrollo. Somos mucho más atrasados que en 1998. Y para empeorar la situación, tenemos primera y segunda derivadas negativas. Estas condiciones de empobrecimiento generalizado van a continuar. No hay nada en la clase política gobernante que indique que tienen inteligencia para sacarnos de este subdesarrollo que nos pone a la cola de las Américas.

Contrario a lo que piensan muchos, esto que vivimos no es por diseño, Es incapacidad pura. Es el resultado de tratar de hacer realidad los sueños infantiles de un militar mediocre que pensó que su sola voluntad era suficiente para convertirnos en un país desarrollado. Quienes lo rodearon y heredaron no son mejores que él. Esa es nuestra tragedia.

Ninguna fuerza vendrá a salvarnos del negro futuro que no espera si no reaccionamos y nos ocupamos de implantar un sistema político que verdaderamente sepa aprovechar nuestras posibilidades de convertirnos en una verdadera potencia mundial.

 

José Vicente Carrasquero A.

@botellazo