Los periodos presidenciales (II)

La historia y sus historias

Todos los caudillos venezolanos del siglo XIX regresaron a la presidencia, y ninguna se conformó con dos periodos. Páez volvió por una tercera vez, ya muy viejo. Monagas siguió sus pasos; Antonio Guzmán Blanco, el Ilustre Americano, ejerció la presidencia también en tres ocasiones, y modificó los periodos constitucionales según sus intereses. Como se iba para Paris de manera muy frecuente, inventó periodos de dos años para premiar a sus amigos mientras él estaba en Europa. Los amigos no siempre le fueron fieles. Y eso de dos años se juzgó como un juego del caudillo.

Del pecado de la ambición no estuvieron exentos los civiles,  Juan Pablo Rojas Paúl y Raimundo Andueza Palacio. Contra éste, el general Crespo lanzó la Revolución Legalista porque aquería ampliar el periodo. Una paradoja, entre el Presidente civil (y abogado) que violaba la Constitución y el militar que la defendía porque era la mejor excusa para dar el golpe. A Joaquín Crespo la muerte le impidió volver en 1902, como planeaba, al terminar el Gobierno de Ignacio Andrade.

Muerto Crespo en 1898 por una bala perdida, mientras perseguía al Mocho Hernández, el Presidente Andrade quedó huérfano, y fue derrocado por Cipriano Castro sin dificultades. Pocos recuerdan que Andrade era merideño, y resultó derrocado por un tachirense.

Don Cipriano no respetó los “periodos” y se quiso quedar con el poder para siempre. Rompió su amistad con el compadre y vicepresidente Juan Vicente Gómez, pero enfermó gravemente, y el compadre le dio la patada histórica en 1908.

Durante el prolongado reinado de Gómez de 1908 a 1935 la idea de Constitución carecía de toda entidad, el general tuvo siete Constituciones, o sea que las reformaba cuando lo deseaba para dejarle la presidencia a uno de sus títeres, mientras él se reservaba siempre la Comandancia General del Ejército.  Los presidentes le rendían cuenta al Comandante.

En 1922, el caudillo andino quiso echar las bases de una dinastía familiar, y en la Constitución de ese año incorporó dos vicepresidencias, la primera para su hermano, Juan Crisóstomo Gómez, y la segunda para su hijo, José Vicente. Ocurrió en 1923 el asesinado de don Juancho, mientras dormía en Miraflores, se generalizó la versión de que había sido un duelo familiar, el general eliminó las vicepresidencias. La dinastía murió al nacer.

A esas constituciones, Laureano Vallenilla Lanz las llamó “constituciones de papel”, para oponerlas a las “reales”, o sea la presencia en el poder del “gendarme necesario”. El periodo presidencial de las Constituciones de JVG era de siete años, el más largo que se ha conocido en Venezuela. En verdad, su “periodo” duró 27 años.

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La historia y sus historias

Todos los caudillos venezolanos del siglo XIX regresaron a la presidencia, y ninguna se conformó con dos periodos. Páez volvió por una tercera vez, ya muy viejo. Monagas siguió sus pasos; Antonio Guzmán Blanco, el Ilustre Americano, ejerció la presidencia también en tres ocasiones, y modificó los periodos constitucionales según sus intereses. Como se iba para Paris de manera muy frecuente, inventó periodos de dos años para premiar a sus amigos mientras él estaba en Europa. Los amigos no siempre le fueron fieles. Y eso de dos años se juzgó como un juego del caudillo.

Del pecado de la ambición no estuvieron exentos los civiles,  Juan Pablo Rojas Paúl y Raimundo Andueza Palacio. Contra éste, el general Crespo lanzó la Revolución Legalista porque aquería ampliar el periodo. Una paradoja, entre el Presidente civil (y abogado) que violaba la Constitución y el militar que la defendía porque era la mejor excusa para dar el golpe. A Joaquín Crespo la muerte le impidió volver en 1902, como planeaba, al terminar el Gobierno de Ignacio Andrade.

Muerto Crespo en 1898 por una bala perdida, mientras perseguía al Mocho Hernández, el Presidente Andrade quedó huérfano, y fue derrocado por Cipriano Castro sin dificultades. Pocos recuerdan que Andrade era merideño, y resultó derrocado por un tachirense.

Don Cipriano no respetó los “periodos” y se quiso quedar con el poder para siempre. Rompió su amistad con el compadre y vicepresidente Juan Vicente Gómez, pero enfermó gravemente, y el compadre le dio la patada histórica en 1908.

Durante el prolongado reinado de Gómez de 1908 a 1935 la idea de Constitución carecía de toda entidad, el general tuvo siete Constituciones, o sea que las reformaba cuando lo deseaba para dejarle la presidencia a uno de sus títeres, mientras él se reservaba siempre la Comandancia General del Ejército.  Los presidentes le rendían cuenta al Comandante.

En 1922, el caudillo andino quiso echar las bases de una dinastía familiar, y en la Constitución de ese año incorporó dos vicepresidencias, la primera para su hermano, Juan Crisóstomo Gómez, y la segunda para su hijo, José Vicente. Ocurrió en 1923 el asesinado de don Juancho, mientras dormía en Miraflores, se generalizó la versión de que había sido un duelo familiar, el general eliminó las vicepresidencias. La dinastía murió al nacer.

A esas constituciones, Laureano Vallenilla Lanz las llamó “constituciones de papel”, para oponerlas a las “reales”, o sea la presencia en el poder del “gendarme necesario”. El periodo presidencial de las Constituciones de JVG era de siete años, el más largo que se ha conocido en Venezuela. En verdad, su “periodo” duró 27 años.

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