No conozco al Sr. Giordani, incluso es obvio que no tiene lo que podríamos llamar pinta de “enchufado”. No lo veo montando un guiso cambiario o con bonos de Pdvsa, como muchos de sus colegas. Se ve más bien humilde, e incluso no dudo que hubiera trabajado mucho, pero al final fue como el gorgojo, a más trabajo más daño. El detalle está en que la honestidad y el trabajo no aseguran una buena gestión. Claro que él es responsable de haber permitido que a sus alrededores floreciera la corrupción más grosera que hayamos visto, sin percatarse de ello hasta la segunda mitad del noveno inning. Pero peor aún, es responsable de haber sido una suerte de Pepe Grillo que le dictaba al difunto las pautas de un modelo económico nefasto que únicamente cabe en la cabeza de un idealista de la más rancia izquierda trasnochada. Luce de bulto que fue Giordani quien aupó a Chávez para que arremetiera contra la empresa privada. Nunca lo contradijo en su loca idea de controlarlo todo pues mientras más fuerte el Estado, en mejor condiciones estaría para controlar a los empresarios bajo la presunción absoluta de ser todos ellos unos especuladores, que no dejan dar al pueblo la mayor suma de felicidad posible. Desde sus cargos, Giordani era un adalid de las importaciones, un convencido de que el Estado no requiere de la producción nacional para cumplir sus funciones; es más, estoy seguro de que aún piensa que un dólar vale un poco de seis bolívares.
En definitiva de ideología también se peca. Ese pecado ideológico nos colocó en un autobús sin frenos, en bajada y en retroceso. Hizo que el pueblo creyera que a punta de subsidios podemos vivir bien indefinidamente, es decir que por tener petróleo un litro de gasolina debe valer menos de un centavo de dólar o que los precios de la Navidad pasada en Daka se podían mantener sin consecuencias. Pero la peor y más sincera revelación de Giordani ha sido que para mantenerse en el poder la revolución está dispuesta a hacer lo que sea en materia económica. Acá estamos entonces luego de tantas victorias electorales, en el país con más inflación, con más escasez, con una moneda que no vale nada y con los peores índices de competitividad mundial. Así se despidió Pepe Grillo, a quien por ser un hombre mayor, se lo digo con respeto.




