Misión Pilatos por Ramón Guillermo Aveledo

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Sabía que lo iban a sacar y, tras 12 años como ministro, se preparó. Facturó con un meditado “Testimonio ante la historia”. Tan duro fue el impacto de la despedida de quien convenció al difunto Chávez de sus ideas desde los remotos días de Yare, que ya la artillería enchufada lo llama traidor y que ha motivado una incomprensible declaración de uno de los más pesados entre los pesados, el presidente de la AN: “Si yo me voy de la revolución, me iré en silencio”. Promesa con amenaza. No es que no se irá nunca, es que si lo hace será callado. Omerta revolucionaria, como quien dice.

Cuenta el saliente su viaje junto al Comandante desde Yare, “un intenso vínculo (…) ideológico, personal y programático”. Lamenta que su enfermedad cortara el vuelo del proceso. Le duele y lo alarma que el Presidente no transmite liderazgo. Cree necesario “romper con la percepción de corrupción en el manejo” de Fonden, Fondo Chino, Tesorería y los bancos Exterior e Industrial. Desmiente la versión oficial de que el difunto estuvo despachando casi hasta antes de morir, como se nos dijo.

Pero, de todo, lo que me sigue pareciendo más revelador es la admisión de que medidas que se nos han vendido como la médula del buen vivir en el socialismo del siglo XXI no eran más rentismo crudo para superar “el desafío del 7 de octubre de 2012, así como las elecciones (de gobernadores) del 16 de diciembre de ese mismo año”. La plata para la Seguridad Social; el gasto público para mejorar alimentación, electricidad, agua, combustible, transporte, consumo masivo y vivienda, no eran parte de un proyecto sino populismo, demagogia. Para eso se endeudó Pdvsa y el país, se sostuvo un tipo de cambio para importar barato aunque destruyera la producción nacional y se metió un dineral en empresas públicas deficitarias para salvar empleos públicos y sueldos “en el corto plazo”. Un inmenso daño al país entero que le impone la inflación más alta de Latinoamérica y escasez de todo, que hipotecó a Venezuela para mantenerse en el poder.

La carta sin destino del hasta hace poco poderoso ministro, y las predecibles respuestas que apuntan a convertirlo en chivo expiatorio de esas políticas fracasadas y, sin embargo, defendidas como exitosas en cadenas, alocuciones y mensajes gratuitos y obligatorios de conformidad con la Ley Resorte, son una gigantesca, tardía y, sospecho, inútil Misión Pilatos, con la cual los responsables de este desastre quieren lavarse las manos y seguir enchufados como si nada.

@aveledounidad

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Sabía que lo iban a sacar y, tras 12 años como ministro, se preparó. Facturó con un meditado “Testimonio ante la historia”. Tan duro fue el impacto de la despedida de quien convenció al difunto Chávez de sus ideas desde los remotos días de Yare, que ya la artillería enchufada lo llama traidor y que ha motivado una incomprensible declaración de uno de los más pesados entre los pesados, el presidente de la AN: “Si yo me voy de la revolución, me iré en silencio”. Promesa con amenaza. No es que no se irá nunca, es que si lo hace será callado. Omerta revolucionaria, como quien dice.

Cuenta el saliente su viaje junto al Comandante desde Yare, “un intenso vínculo (…) ideológico, personal y programático”. Lamenta que su enfermedad cortara el vuelo del proceso. Le duele y lo alarma que el Presidente no transmite liderazgo. Cree necesario “romper con la percepción de corrupción en el manejo” de Fonden, Fondo Chino, Tesorería y los bancos Exterior e Industrial. Desmiente la versión oficial de que el difunto estuvo despachando casi hasta antes de morir, como se nos dijo.

Pero, de todo, lo que me sigue pareciendo más revelador es la admisión de que medidas que se nos han vendido como la médula del buen vivir en el socialismo del siglo XXI no eran más rentismo crudo para superar “el desafío del 7 de octubre de 2012, así como las elecciones (de gobernadores) del 16 de diciembre de ese mismo año”. La plata para la Seguridad Social; el gasto público para mejorar alimentación, electricidad, agua, combustible, transporte, consumo masivo y vivienda, no eran parte de un proyecto sino populismo, demagogia. Para eso se endeudó Pdvsa y el país, se sostuvo un tipo de cambio para importar barato aunque destruyera la producción nacional y se metió un dineral en empresas públicas deficitarias para salvar empleos públicos y sueldos “en el corto plazo”. Un inmenso daño al país entero que le impone la inflación más alta de Latinoamérica y escasez de todo, que hipotecó a Venezuela para mantenerse en el poder.

La carta sin destino del hasta hace poco poderoso ministro, y las predecibles respuestas que apuntan a convertirlo en chivo expiatorio de esas políticas fracasadas y, sin embargo, defendidas como exitosas en cadenas, alocuciones y mensajes gratuitos y obligatorios de conformidad con la Ley Resorte, son una gigantesca, tardía y, sospecho, inútil Misión Pilatos, con la cual los responsables de este desastre quieren lavarse las manos y seguir enchufados como si nada.

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