Esa pollera no es colorá

EleccionesPresidencialesColombia

Tuve la oportunidad de estar en Colombia durante las elecciones presidenciales. Interesante ver el proceso de cerca, con funcionarios amables (nada parecido a muchos del Plan República, claro, Bogotá sigue siendo una universidad y Caracas un cuartel, Bolívar dixit), nada de colas –tal vez por la elevada abstención, la verdad es que no aprendemos los latinoamericanos- y con resultados al principio de la noche del 98% de la votación sin tener “el mejor sistema automatizado del mundo”. Candidatos de lujo todos, la verdad es que sentí una envidia cochina.

La primera vez que fui, hace unos treinta años, sentí que Venezuela estaba años luz por encima de nuestro país hermano. Hoy siento exactamente lo contrario, quizás con muchos años luz más ellos por encima de nosotros. El punto de inflexión se dio hace unos diez años y Álvaro Uribe Vélez tuvo que ver mucho con ello. Un hombre que llegó a la primera magistratura de su país en el momento preciso y con las cualidades precisas. Hoy “varón” bien “varón”. Un hombre que llevó a cabo con éxito una de las operaciones de rescate más impresionantes del mundo, la de Ingrid Betancourt, y que se le plantó a Hugo Chávez –con todas las consecuencias que ellos podría haberle acarreado.

A Óscar Iván Zuluaga lo conocí hace unos seis años en Barquisimeto. Conversamos mucho y luego intercambiamos correspondencia. Es inteligente, prudente, ponderado y no dudo que tendrá la misma firmeza de Uribe al tratar con grupos terroristas. Hace apenas dos meses que también estuve en Colombia, nadie apostaba un centavo por su candidatura. Hoy es el favorito a alzarse con el triunfo. Así es la política.

Lo que me preocupa de Zuluaga es que quien vaya a mandar sea Uribe. Aunque con Santos se pensaba lo mismo y al ganar la presidencia lo mandó a “lavarse el paltó”. A pesar de que reconozco sus virtudes, no me gusta que Uribe se crea imprescindible, porque la realidad es que –a Dios gracias- no existe nadie imprescindible. Chávez creía lo mismo. Ese tipo de mesías, por mejores que sean algunos, a la larga hacen más daño que bien.

Creo también que hay que darle una oportunidad a la paz, como lo está haciendo el presidente Santos. Sé que hay mucho escepticismo, pero en la misma Colombia tuvieron la experiencia del proceso de paz llevado a cabo por el presidente Belisario Betancur cuando logró desarmar e incorporar a la vida política al M-19. No es imposible. Que lo diga Gustavo Petro que está de alcalde de Bogotá.

En cualquier caso, gane Santos o gane Zuluaga, Colombia ganará y seguirá su ascendente carrera hacia el progreso. Han sido realmente acertados los colombianos al poder separar los problemas políticos de los problemas económicos. La pollera de allá no es colorá, por fortuna… ¡pero bailan cumbia!

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

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Tuve la oportunidad de estar en Colombia durante las elecciones presidenciales. Interesante ver el proceso de cerca, con funcionarios amables (nada parecido a muchos del Plan República, claro, Bogotá sigue siendo una universidad y Caracas un cuartel, Bolívar dixit), nada de colas –tal vez por la elevada abstención, la verdad es que no aprendemos los latinoamericanos- y con resultados al principio de la noche del 98% de la votación sin tener “el mejor sistema automatizado del mundo”. Candidatos de lujo todos, la verdad es que sentí una envidia cochina.

La primera vez que fui, hace unos treinta años, sentí que Venezuela estaba años luz por encima de nuestro país hermano. Hoy siento exactamente lo contrario, quizás con muchos años luz más ellos por encima de nosotros. El punto de inflexión se dio hace unos diez años y Álvaro Uribe Vélez tuvo que ver mucho con ello. Un hombre que llegó a la primera magistratura de su país en el momento preciso y con las cualidades precisas. Hoy “varón” bien “varón”. Un hombre que llevó a cabo con éxito una de las operaciones de rescate más impresionantes del mundo, la de Ingrid Betancourt, y que se le plantó a Hugo Chávez –con todas las consecuencias que ellos podría haberle acarreado.

A Óscar Iván Zuluaga lo conocí hace unos seis años en Barquisimeto. Conversamos mucho y luego intercambiamos correspondencia. Es inteligente, prudente, ponderado y no dudo que tendrá la misma firmeza de Uribe al tratar con grupos terroristas. Hace apenas dos meses que también estuve en Colombia, nadie apostaba un centavo por su candidatura. Hoy es el favorito a alzarse con el triunfo. Así es la política.

Lo que me preocupa de Zuluaga es que quien vaya a mandar sea Uribe. Aunque con Santos se pensaba lo mismo y al ganar la presidencia lo mandó a “lavarse el paltó”. A pesar de que reconozco sus virtudes, no me gusta que Uribe se crea imprescindible, porque la realidad es que –a Dios gracias- no existe nadie imprescindible. Chávez creía lo mismo. Ese tipo de mesías, por mejores que sean algunos, a la larga hacen más daño que bien.

Creo también que hay que darle una oportunidad a la paz, como lo está haciendo el presidente Santos. Sé que hay mucho escepticismo, pero en la misma Colombia tuvieron la experiencia del proceso de paz llevado a cabo por el presidente Belisario Betancur cuando logró desarmar e incorporar a la vida política al M-19. No es imposible. Que lo diga Gustavo Petro que está de alcalde de Bogotá.

En cualquier caso, gane Santos o gane Zuluaga, Colombia ganará y seguirá su ascendente carrera hacia el progreso. Han sido realmente acertados los colombianos al poder separar los problemas políticos de los problemas económicos. La pollera de allá no es colorá, por fortuna… ¡pero bailan cumbia!

Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

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