Un diálogo que no genere acuerdos ¿es realmente un diálogo? Creo que no. El gobierno está bien enredado en cuanto al tema, como consecuencia de las distintas visiones que sus voceros tienen sobre el crucial encuentro entre la oposición y el oficialismo.
El paÃs que apoya el diálogo está perdiendo la paciencia por la falta de resultados. Reuniones van y vienen, pero no se acuerdan soluciones a los graves problemas del paÃs. El gobierno no ha mostrado hasta ahora una unidad real en cuanto a querer aportar resultados válidos que le abran vÃas de solución a la presente crisis.
Las divergencias a nivel del gobierno son notorias. En privado se logran acuerdos parciales sobre temas sensibles como la liberación de Iván Simonovis, por ejemplo, pero voceros como Jorge RodrÃguez salen en forma burlona a negar esa posibilidad. El gobierno está jugando con fuego si cree que puede marear al paÃs opositor con tácticas dilatorias en cuanto al diálogo.
Era justo y necesario que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) congelara el diálogo ante la brutal represión y persecución de las cuales son vÃctimas nuestros estudiantes, quienes ahora están siendo detenidos sólo por participar en marchas pacÃficas que terminan en violencia como consecuencia de la represión policial y militar.
El gobierno de Nicolás Maduro no está tratando con la seriedad necesaria a esa posibilidad que ha surgido en el marco de la democracia, de sentarse con la oposición para establecer acuerdos mÃnimos que devuelvan por lo menos parcialmente la gobernabilidad perdida en el paÃs.
La MUD ha hecho propuestas muy claras, que hasta ahora no han sido atendidas con responsabilidad por el gobierno: la paralización de las violaciones a los derechos humanos de quienes protestan, una ley de amnistÃa que permita la libertad para los presos polÃticos y el regreso de los exiliados, el cierre de los casos judiciales abiertos contra el movimiento estudiantil, la conformación de un CNE imparcial, la instalación de una Comisión de la Verdad que sea independiente y creÃble, entre muchas otras ideas que no han recibido la atención adecuada.
Tomemos el ejemplo de la ley de amnistÃa para los presos polÃticos. Esa proposición ha sido desestimada por dirigentes del PSUV que antes fueron beneficiados con medidas similares aprobadas por el expresidente Rafael Caldera. Antes los beneficios eran buenos para ellos, hoy son malos para los presos polÃticos.
El paÃs está en una encrucijada peligrosa. Por un lado, tenemos un gobierno con una severa crisis de gobernabilidad y gobernanza. Un gobierno que ha perdido credibilidad en la mayor parte de la población. Con un liderazgo que se pelea por cuotas de poder, sin pensar en el beneficio del paÃs.
Es un gobierno que está entrampado por una crisis que no sabe cómo resolver y al mismo tiempo se empeña en negar los cambios en el modelo socialista que ha causado todo este desastre. Ante su movedizo piso polÃtico, el gobierno pretende usar el diálogo como un mecanismo para ganar tiempo.
En el otro lado de la mesa, tenemos a una oposición que vive momentos difÃciles en cuanto a su unidad, pero que hace todo el esfuerzo posible por encontrar salidas a la crisis y la elevada conflictividad que se vive en el paÃs. La MUD tiene que seguir ejerciendo presión para obligar al gobierno a acordar resultados concretos en el diálogo.
La situación no está para juegos o huidas hacia delante. No hay espacios para el sectarismo. Yo prefiero alcanzar acuerdos mÃnimos con el gobierno en el marco del diálogo, que sentarnos mañana a reflexionar por el tiempo y la oportunidad perdida cuando estemos en una especie de guerra civil. Es el tiempo de resultados concretos en el diálogo.
Pablo Pérez




