El apartheid político chavista, es una vieja práctica. Cercenan derechos políticos de los elegidos por el voto popular, y ponen en entredicho, nuevamente, el derecho a elegir de todos los votantes.
Esta segregación política, configura una aberración jurídica. Una persona, cuya culpabilidad no ha sido demostrada mediante debido proceso y, por tanto, no ha sido condenada a ninguna pena pierde un derecho y ejercicio político esencial, porque así lo quiso Diosdado Cabello.
Es el equivalente de un asesinato político. Esta nueva vendetta gubernativa, contra María Corina Machado, diputada electa con el mayor número de votos, no se debe dejar pasar como un desmán adicional sin consecuencias de fondo, para el proyecto de dominación del castrochavismo.
En el pasado, Leopoldo López, fue a su vez víctima del apartheid político. López dio la pelea, hasta obtener la victoria y reconocimiento ante la justicia internacional. No obstante, hoy está preso.
Esta semana, como una manera de elevar el costo político del atropello sufrido, María Corina Machado aceptó la invitación que le hizo la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado brasileño. Dicha instancia, debatió la crisis que vive Venezuela y Machado le pidió a Brasil que “no cierre los ojos” frente a la represión que “el pueblo venezolano” sufre “en las calles”.
En un país continente como el Brasil, es muy difícil que un tema exterior -así sea el país vecino- se posicione en la opinión publica. A pesar de ello, la contundencia de las palabras de Machado en Brasilia, le otorgaron una buena cobertura por parte de la prensa brasileña.
Folha de Sao Paulo, diario de mayor circulación de Brasil, destacó en primera página una entrevista que le hizo a Machado. Estadaô, hizo lo mismo, al titular la “indiferencia y complicidad del gobierno brasilero” denunciada por Machado ante lo que ocurre en Venezuela. O Globo, reseñó la interrupción de la sesión de Machado, por manifestantes que la trataron de “golpista”.
Machado, pese a haber perdido su investidura de diputada, por decisión del TSJ, luce dispuesta a dar la pelea hasta el último minuto para elevar al máximo el costo político de semejante atropello antidemocrático. No parece decidida a quedarse pasiva ante la consuetudinaria “irreversibilidad” de las medidas de la justicia castrochavista. Mientras no se deja persuadir por los llamados que andan abogando por un diálogo “oportuno”, vale decir anticipado, en aras del “sentido común” y la racionalidad, por la estabilidad de la dictadura, mientras se acerca en el horizonte la próxima cita electoral.
Luis DE LION
luisdelion@gmail.com




