Un Venezolano Llamado Jimmy Vargas Por Isa Dobles

Protestas en Venezuela 2014

A quien mira fijamente este hombre

Ayer estuvo aquí, en esta misma página. Su madre tocaba su cuerpo inmóvil bajo una bandera. Jimmy Vargas. Y su mirada, fija en esta foto, tiene que pesar sobre sus asesinos y sobre  ese hombre imbuido de un poder viciado y perverso  que ni siquiera puede asumir como legítimo  ante Venezuela. Impresiona. Conmueve. Parece inconcebible que estos ojos húmedos, penetrantes, se hayan cerrado para siempre, así, cuando  ni siquiera  llegó a saber quién lo mataba, quien detendría la esperanza y los sueños.
Cuando veo a Maduro y su camarilla de serviles, las mismas caras , el mismito discurso, las mismitas torpezas, los mismos personajes endiosados por una alienación colectiva inducida sin consideración ni vergüenza para esta destrucción, incapaces de ver al caído con dolor o pesar alguno, con esa frialdad inhumana, cruel,  siento una punzada  que me hace  crecer esta impotencia, esta angustia  que creció conmigo sin abandonarme desde muy pequeña, cuando  aprendí de los míos, en mi hogar y entre mis padres, a amar a Venezuela.
Encontré esta foto y tuve que hacerle honor a esta mirada intensa, el verde de esos ojos y de la esperanza apuntando a la vida, al amor, a la expectativa apasionada de una Venezuela segura, abierta a sus aspiraciones, fraternal y   cálida.
Es la mirada de esta tierra que se defiende de la opresión, que reta por siempre al miserable que  la apagó y  desafía  la cobardía y   la vileza  de quienes no quieren reconocerse en la voracidad de este exterminio de hombres y mujeres   indefensos ante las armas y  la maldad.
La injusticia de su muerte, violenta, inmerecida, la comparte esta Venezuela que no se rinde, que palpita anhelante y apasionada, en  su espíritu  desgarrado pero firme.
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Protestas en Venezuela 2014

A quien mira fijamente este hombre

Ayer estuvo aquí, en esta misma página. Su madre tocaba su cuerpo inmóvil bajo una bandera. Jimmy Vargas. Y su mirada, fija en esta foto, tiene que pesar sobre sus asesinos y sobre  ese hombre imbuido de un poder viciado y perverso  que ni siquiera puede asumir como legítimo  ante Venezuela. Impresiona. Conmueve. Parece inconcebible que estos ojos húmedos, penetrantes, se hayan cerrado para siempre, así, cuando  ni siquiera  llegó a saber quién lo mataba, quien detendría la esperanza y los sueños.
Cuando veo a Maduro y su camarilla de serviles, las mismas caras , el mismito discurso, las mismitas torpezas, los mismos personajes endiosados por una alienación colectiva inducida sin consideración ni vergüenza para esta destrucción, incapaces de ver al caído con dolor o pesar alguno, con esa frialdad inhumana, cruel,  siento una punzada  que me hace  crecer esta impotencia, esta angustia  que creció conmigo sin abandonarme desde muy pequeña, cuando  aprendí de los míos, en mi hogar y entre mis padres, a amar a Venezuela.
Encontré esta foto y tuve que hacerle honor a esta mirada intensa, el verde de esos ojos y de la esperanza apuntando a la vida, al amor, a la expectativa apasionada de una Venezuela segura, abierta a sus aspiraciones, fraternal y   cálida.
Es la mirada de esta tierra que se defiende de la opresión, que reta por siempre al miserable que  la apagó y  desafía  la cobardía y   la vileza  de quienes no quieren reconocerse en la voracidad de este exterminio de hombres y mujeres   indefensos ante las armas y  la maldad.
La injusticia de su muerte, violenta, inmerecida, la comparte esta Venezuela que no se rinde, que palpita anhelante y apasionada, en  su espíritu  desgarrado pero firme.
Todavia hay más
Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.