Una de las condiciones previas para iniciar un diálogo entre partes en conflicto es reconocer, de antemano, la disposición mutua de ceder y conceder. Nadie dialoga para entregar la totalidad de sus aspiraciones, pero cuando acepta sentarse a una mesa, está reconociendo, de hecho, su incapacidad para lograr determinados objetivos o, al menos, que la posibilidad de alcanzarlos representa un costo tan alto, que el éxito será irrelevante. En otras palabras, se conseguirá una victoria pÃrrica y por tanto inútil.
El gobierno de Nicolás Maduro, continuación del de su mentor, Hugo Chávez, puede haber ganado cien elecciones y constituir asà mayorÃas suficientes para emprender una gestión, pero nunca le alcanzó, ni siquiera con la Constituyente, para imponer su voluntad de dominio total y absoluto de la sociedad, entre otras razones porque esto es imposible en democracia.
Las elecciones no han funcionado como mecanismo regulador de las diferencias polÃticas porque el Gobierno asume sus resultados como un mandato total, que le niega representatividad a medio paÃs y avanza en un proceso de acumulación de poder, que ignora el sistema de pesos y contrapesos de las instituciones, al tiempo que va rebanando los denominados poderes fácticos. Todo eso en medio de un trastorno, que va y viene, protagonizado por la protesta cÃclica del paÃs marginado y atacado por todos los medios para obligarlo a la rendición y reducirlo a la aceptación de la privación de sus derechos.
Pero las distorsiones han aparecido como tumores por la geografÃa del chavismo en la medida en que el Estado asume tanto poder como responsabilidades y asà surgen todo tipo de consecuencias: impunidad total, corrupción desatada, ruina económica, violencia, incremento de la pobreza y ahora, que el ilusionista no está, la hasta ahora embozada naturaleza fascista del régimen.
Los trastornos de los últimos dÃas son la más clara manifestación de una sociedad que ya se hartó de tanta exclusión, estulticia y brutal estupidez a la hora de manejar los asuntos de gobierno porque, además, ahora quienes habÃan sido incluidos, también sufren privaciones adicionales. Por eso Maduro, viendo como pierde gobernabilidad, convoca a una Conferencia de la Paz, pero ésta no puede ser para aplacar a los indignados y ofrecer el fin de la represión a cambio de la resignación. Lo que debe prevalecer, entonces, es un auténtico propósito de enmienda, de cambio de modelo y de inclusión de todos los sectores en la toma de decisiones. De lo contrario el paÃs perseverará en su desobediencia e insumisión.
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