Bajo esta bandera, esos brazos que lo recibieron al nacer, acaricia él cuerpo sin vida de su hijo Jimmy Vargas. Es una mujer joven, que construía con el hijo los sueños compartidos.
Ni siquiera estaba en la calle….estaba en una ventana, lo alcanzó el perdigón en el ojo y cayó muerto… Ya no lo volverá a abrazar ni lo bendecirá al salir ni podrá consentirlo con la comida que le gustaba ni lo escuchará protestando por las advertencias cada vez que salía, ni lo oirá hablar suavemente o más bien precipitado porque ya lo estaban esperando, ni dejará de esperarlo ni dejará de llevar al cuarto vacío, corriendo, un “pedacito” de la torta que le gustaba como si todavía estuviera allí, al alcance de su alegría y ese amor único que como cada ser humano es distinto en cada madre y cada hijo.
Ella está allí, en un abrazo vacío del hijo que no abrazará ya. Un muchacho que asesinaron con el odio puesto en el gatillo en una lucha desigual y sangrienta. ¿Esa bandera….tiene siete estrellas? ¿Ocho..? ¿Eso que importa…?
Este es el instante más íntimo del ser humano, cuando nace, llega para estar. Cuando muere, porque se va…de un todo.
La risa o el llanto son distintos. La cobardía y la violencia están tras ese disparo que mató a Jimmy Vargas. Eso no es consuelo. Todo dolor es único y ninguno tan personal, tan único como el de la madre que sentía el dolor del hijo en las entrañas…
Hoy hay madres llorando hijos arrebatados por la perversidad de un poder que no asume que esos hijos mueren por la sin razón de otros venezolanos, pero armados, que están entrenados para matarlos en pos de una obsesión enfermiza y cruel. No los quieren ver. Pero pesan sobre sus cabezas, fija la mirada de esta Venezuela que les llora.
Esta es también la Venezuela de hoy.
FUENTE: El Blog De Isa Doble




