Unos la reprimen, otros la usan para provecho propio, hay los que desean en secreto su desgaste, numerosos la utilizan como legítimo desahogo de su indignación y son muchos los que, en vez de participar esperanzados en ella, en realidad sólo asisten a su desarrollo como espectadores resignados, bajo el fatalista argumento de que “todo está muy mal, algo así tenía que ocurrir”.Sí. Estamos hablando de la protesta estudiantil y ciudadana que ha convulsionado al país en este “febrero caliente”, y que ha recibido del gobierno una respuesta tan despiadadamente represiva que ha hecho voltear, al fin, los ojos del mundo hacia Venezuela, con una mirada distinta a aquella -más que comprensiva, cómplice- a la que el oficialismo se había acostumbrado.
Unos la reprimen, otros la usan para provecho propio, hay los que desean en secreto su desgaste, numerosos la utilizan como legítimo desahogo de su indignación y son muchos los que, en vez de participar esperanzados en ella, en realidad sólo asisten a su desarrollo como espectadores resignados, bajo el fatalista argumento de que “todo está muy mal, algo así tenía que ocurrir”.Sí. Estamos hablando de la protesta estudiantil y ciudadana que ha convulsionado al país en este “febrero caliente”, y que ha recibido del gobierno una respuesta tan despiadadamente represiva que ha hecho voltear, al fin, los ojos del mundo hacia Venezuela, con una mirada distinta a aquella -más que comprensiva, cómplice- a la que el oficialismo se había acostumbrado.
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Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.



