Solo tenía unos días de publicado el comunicado firmado por 48 economistas. Hay que decir también que otros no lo firmaron, no por no estar de acuerdo, sino por otros motivos. Estoy seguro de que ninguno de los que firmamos el documento lo hicimos porque pensamos que el gobierno lo iba a tomar en cuenta. La idea era plantear los problemas para que la opinión pública nacional entienda cuales son las dificultades que atravesamos y sus causa
La reacción del Presidente Maduro no resulta extraña. El difunto habría reaccionado de igual forma. En este caso vemos el éxito que ha logrado el Presidente en su proceso de imitación paterna. En Consejo de Ministros no escatimó en insultos. Según él, aquellos que firmaron el documento son un grupo de fracasados. Desde la cima del poder es fácil ver al resto como fracasados, el problema es que muchas veces esa posición evita que quien realmente está fracasando lo vea. De todas formas es bien claro quienes persiguen ideales contrastadamente fracasados.
Uno de los detalles que tiene el documento es que está firmado por una diversa gama de economistas a quien el Presidente, por ignorancia, ha pretendido meter en el mismo saco llamándoles neoliberales. Para aquellos que nos consideramos liberales, no hay mayor agravante que el término “neo”, pero esa es otra discusión. Muchos de los que firmaron el documento están muy lejos de defender reformas de corte liberal. Lo que une a este grupo de personas no es otra cosa que lo que se echa en falta en el Gobierno, sentido común.
La situación del país es enormemente delicada y con serias posibilidades de empeorar. La preocupación legítima de un grupo de venezolanos, si bien puede ser ignorada por el gobierno, no debe hacerlo de la forma en que lo hizo. Lo primero y menos importante, los argumentos, lo segundo y lo más grave, los calificativos. El Presidente calificó a quienes firmaron el documento como “enemigos de la patria”. No he terminado nunca de entender como se come aquello pero si sabemos claramente el tipo de actitudes que esto incita. La historia está llena de tristes ejemplos donde este tipo de lenguaje ha sido empleado, no para discutir ideas, sino para denigrar a quienes las enarbolan.
Cómo si el hecho de llamar enemigos de la patria no fuse suficiente, el Presidente dio la orden a su tren de gobierno de que emplee recursos públicos para ponerle “rostro” a estos supuestos traidores; de manera que el “pueblo” sepa quienes son sus enemigos. Este es quizás el punto más grave de lo dicho. Para el actual gobierno quien ejerce su derecho a criticar es un traidor y además el gobierno está facultado, no sabemos bajo que ley, para emplear los recursos del Estado para insultar estas personas y colocarlas en una situación que incluso vulnera su seguridad. El llamado a ponerle rostro a los supuestos enemigos de la patria es una muestra más del tipo de gobierno que tenemos: torpe e irresponsable. En lugar de evaluar la preocupación legítima de un grupo de venezolanos la descalifica a priori y los utiliza como distracción; no nos extrañemos si más adelante también los culpa por su fracaso.
Francisco Ibarra Bravo




