Un informe de Human Rights Watch (HRW) y la organización humanitaria Cristosal documentó que los migrantes venezolanos detenidos en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) de El Salvador fueron víctimas de torturas y abusos físicos y psicológicos sistemáticos, que constituyen violaciones graves al derecho internacional.
Basado en los testimonios de 40 exdetenidos, la investigación concluyó que los actos de brutalidad no fueron incidentes aislados, sino “violaciones sistemáticas que se produjeron repetidamente” apenas los aviones con migrantes venezolanos tocaron suelo salvadoreño.
La administración Trump afirmó que la mayoría de los venezolanos enviados al CECOT eran miembros del grupo del crimen organizado venezolano Tren de Aragua. Sin embargo, la investigación realizada por Human Rights Watch y Cristosal arrojó que en muchos de los casos documentados las personas no tenían antecedentes penales en Estados Unidos, Venezuela ni en otros países de América Latina.
Ambas organizaciones, defensoras de los derechos humanos, insistieron en que la detención de migrantes venezolanos en el CECOT carecía de base legal, lo que la convertía en “arbitraria y violatoria del derecho internacional de los derechos humanos”.
A continuación, todos los abusos cometidos contra migrantes venezolanos en el Cecot según este informe.
Desaparición forzada
Según el derecho internacional, una desaparición forzada ocurre cuando las autoridades, o quienes actúan con su apoyo o consentimiento, privan a una persona de su libertad y luego se niegan a reconocer la detención o a revelar el destino o el paradero de esa persona, dejándola fuera de la protección de la ley.
El informe indicó que los gobiernos de Estados Unidos y El Salvador se negaron repetidamente a proporcionar información sobre el paradero y la suerte de los venezolanos detenidos.
“Los detenidos en el CECOT no pudieron comunicarse con sus familiares ni con sus abogados, y ninguno de los dos gobiernos publicó una lista ni reveló los nombres de las personas enviadas al CECOT. CBS News, El Nacional y otros medios de comunicación publicaron listas de las personas enviadas allí, pero los gobiernos de Estados Unidos y El Salvador nunca confirmaron su autenticidad”, se lee en el documento.
Golpizas
En las entrevistas recabadas por HRW y Cristosal, los venezolanos comentaron que fueron objeto de golpizas periódicas cuando los guardias requisaban sus celdas y cuando consideraban que los detenidos habían infringido las normas de la prisión. También en momentos particulares, como:
- Tras dos protestas de los detenidos que tuvieron lugar en abril y mayo.
- A su llegada a El Salvador y durante su traslado al CECOT;
- Tras la visita de la Secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos Kristi Noem;
- Tras las visitas del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) a principios de mayo y mediados de junio.
Los relatos detallan cómo la policía antimotines golpeaba a los migrantes con puños, culatazos de rifle y bastones. Un entrevistado contó que fue agredido con perdigones de goma, otra víctima mostró que perdió un diente producto de un golpe con un bastón.
Aunque algunos detenidos recibieron atención médica limitada en el CECOT, otros dijeron que los golpearon por solicitar asistencia médica, a menudo por lesiones causadas por los guardias.
Violencia sexual
Tres exdetenidos contaron a Human Rights Watch y Cristosal que fueron víctimas de violencia sexual durante su detención en el CECOT. Uno de ellos dijo que la violencia sexual fue más habitual, pero que algunas víctimas no contarían los hechos debido al estigma.
Un entrevistado afirmó que fue obligado a practicar sexo oral a varios guardias. Otro detenido describió haber sido golpeado y acosado sexualmente en repetidas ocasiones mientras estuvo detenido en el CECOT.
“Durante las requisas los oficiales me agarraron los genitales e hicieron comentarios de naturaleza sexual. Esto se lo hacían a varios. No creo que los demás te lo cuenten porque es muy íntimo y da vergüenza”, dijo Nicolás J.
Abuso verbal y psicológico
La mayoría de los entrevistados dijeron que sufrieron abuso verbal y psicológico por parte de los guardias, quienes les repetían que “nunca saldrían con vida”, que “nadie sabía que estaban allí” y que “sus familias los habían abandonado”. Cuatro de ellos dijeron que tuvieron pensamientos suicidas. Al menos un detenido intentó suicidarse.
“Lo más difícil fue que los guardias nos decían que nunca saldríamos de ahí, que nuestras familias nos habían dado por muertos”, dijo Flavio T. a Human Rights Watch.
“La tortura psicológica era no saber qué iba a pasar con nosotros, cuál iba a ser nuestro futuro, si nuestras familias sabían dónde estábamos. Era terrible no saber qué iba a pasar o si era verdad que nos íbamos a quedar allí de por vida, como decían [los guardias]”, afirmó Julián G.
Condiciones inhumanas
Todos los exdetenidos entrevistados por Human Rights Watch y Cristosal afirmaron haber soportado condiciones inhumanas, como la detención prolongada en régimen de incomunicación, condiciones insalubres y una alimentación y atención médica inadecuadas.
El informe señaló que todos los exdetenidos permanecieron incomunicados en el Módulo 8 del CECOT, sin acceso a asistencia jurídica ni contacto con el mundo exterior. “Los guardias nunca les permitieron hacer llamadas telefónicas a sus familiares o abogados”.
“Las condiciones eran horribles”, dijo Julián G., un ex detenido de 29 años. “Había hongos, el piso estaba negro, pegajoso, los inodoros estaban asquerosos, olía a orina y el agua que teníamos en los tanques para ducharnos y para consumo, era amarilla y tenía gusanos”
Varios consultados dijeron que la calidad del agua de los tanques, que se rellenaban a diario, era extremadamente mala: a veces era amarillenta o incluso verdosa, con insectos visibles. Sin embargo, no tenían más remedio que usarla para beber y bañarse.
“Para usar el baño no teníamos jabón, ni papel higiénico, nada. Teníamos que asearnos con agua y con las mismas manos que luego usábamos para comer. El trato era degradante, peor que si fuéramos animales”, dijo Nelson F.
Los entrevistados también describieron una alimentación inadecuada, con raciones pequeñas, comida de mala calidad y, en ocasiones, cruda o poco cocinada, y las mismas comidas durante toda su detención.
Falta de acceso a atención médica
La mayoría de los entrevistados dijeron a Human Rights Watch que había personal médico en la enfermería de la prisión, dentro del Módulo 8 del CECOT, pero que apenas prestaba atención médica.
Nueve exdetenidos dijeron que llegaron al CECOT con enfermedades médicas preexistentes, fueron ignorados.
31 exdetenidos afirmaron que durante las visitas médicas no recibieron ningún medicamento. Dijeron que el personal médico solo les aconsejó que bebieran más agua cada día.
“Un día me sentía mal, tenía ganas de vomitar y me dolía mucho la cabeza, así que le pedí a un guardia que se lo dijera a la enfermera. Al día siguiente, un guardia me llevó a la enfermería. Me tomaron la presión arterial y me salió alta. Me mantuvieron allí durante cinco días, midiéndome la presión arterial, y la doctora me diagnosticó con hipertensión. Me dieron pastillas…. Pero a la mayoría de mis compañeros no les daban nada. La médica decía que teníamos que tomar más agua y se nos iba a pasar el dolor”, contó Julián G.
Falta de actividades recreativas o educativas
Todos los exdetenidos dijeron a Human Rights Watch que durante la mayor parte de su estancia en el CECOT permanecieron encerrados en sus celdas y nunca se les permitió salir al aire libre.
Los guardias solo les permitían ocasionalmente salir al pasillo central del módulo para hacer ejercicio.
“Hubo un tiempo donde nos sacaron fuera de las celdas afuera al pasillo del módulo para jugar fútbolito. Colocaban dos conos, aquí y allá, y jugábamos por 10 minutos. Eso era a cada celda”, dijo Julián G. a Human Rights Watch. “El resto del tiempo pasábamos encerrados 24/7 en la celda”.
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