Carolina Jaimes Branger, autor en Runrun - Página 2 de 29

Carolina Jaimes Branger

Pocas cosas me han impresionado en los últimos tiempos como el vandalismo de estas últimas semanas en Chile, quizás porque estuve allá en junio y regresé encantada con lo que vi y viví. El país más educado de América Latina se ha comportado como un reducto de salvajes, con el agravante de la falta de decisión y firmeza del presidente Piñera.

Siempre pensé que las grandes diferencias entre Venezuela y Chile se debían, principalmente, a que en Chile tuvieron a Andrés Bello y aquí, por contraste, a los Monagas, Antonio Leocadio Guzmán, Carujo, Zamora, Maisanta y una cuerda de vándalos que mencionarlos me agotaría los caracteres del artículo. ¿Qué le sucedió a una sociedad avanzada y, sobre todo, educada?

No niego que los chilenos tenían razones para protestar. Pero una cosa es protestar y otra, destrozar. Muchas personas piensan que lo que está sucediendo “ha sido instalado” por el Foro de Sao Paulo, hecho que no descarto, pero culpar solamente al Foro sería quitarles responsabilidad a los chilenos que han participado en la destrucción. Me recuerda cuando en la primera década del siglo XXI, aquí en Venezuela se decía que los militares que reprimían ferozmente eran todos cubanos. ¡Claro que había cubanos! Pero también había venezolanos, venezolanitos que aprendieron a reprimir con igual o mayor ferocidad que los cubanos. De igual manera, en Chile, la mayoría de los salvajes que han acabado con el Metro, incendian universidades e iglesias, son chilenos, chilenitos.

Los argumentos caen por su propio peso. ¿A quién perjudica la quema de más de 70 estaciones de Metro? ¿Qué tipo de protesta es quemar una universidad? Aquí en Venezuela, durante la Guerra Federal, el lema fue “mueran los ricos y los que sepan leer y escribir”. Y esa guerra nos convirtió en el pueblo más atrasado de América Latina. Y a quienes arguyen que queman iglesias para “castigar” a los sacerdotes pedófilos, les aseguro que la pedofilia no se cura así. Y si es por eso, deberían buscar a los pedófilos que no pertenecen al clero y castigarlos también, cosa que no han hecho.

Ojalá me equivoque, pero si Piñera sigue indeciso, puede venir otro Pinochet, con las consecuencias de un régimen militarista y represor. Ciertamente, el hombre es el único animal que tropieza dos y más veces con la misma piedra.

@cjaimesb

“Soy del piso 21 y como yo ninguno para dar felicidad”. Así suena el estribillo de la canción “Piso 21”, compuesta por el profesor Néstor Zavarce junto a sus alumnos del Grupo Talentum, conformado en su mayoría por jóvenes con Síndrome de Down. El “21” hace referencia a la causa del síndrome, una trisomía en el cromosoma 21. Mi hija Tuti forma parte de ese grupo, aunque no es su condición, y desde que comparte con ellos su felicidad ha crecido de manera exponencial.

Pienso que todos tenemos cerca a alguien con capacidades distintas. Tal vez no sea un hijo, pero puede ser un sobrino, primo, hijo de amigos, vecino… Estar próximo a una persona con esas características es una dicha: son cariñosísimos, leales, sinceros, tanto, que no tienen filtros. Dicen lo que sienten, en ocasiones lo que los seres “normales” consideramos imprudencias. Pero no lo son, es simplemente transparencia ¡y qué maravilla si todos pudiésemos ser transparentes como ellos!

La solidaridad entre ellos es otro ejemplo a seguir. No sienten envidia. Viéndolos interactuar muchas veces me he preguntado si la envidia será directamente proporcional a la capacidad intelectual. Ellos se apoyan, se aúpan, comparten triunfos y también tristezas. No saben de diferencias sociales ni raciales. Su amor es completamente desinteresado. Su amor es noble. Su amor es infinito. También lo es su fuerza. Uno puede pensar que son vulnerables –y en un sentido lo son, porque carecen de malicia- pero nadie sabe la cantidad de barreras que han salvado esos muchachos. Muchas más que la mayoría de las personas que están “bien”. ¿Qué es estar “bien”? Tal vez la respuesta la encuentren compartiendo con uno de esos seres tan especiales.

El nombre de la condición viene por el Dr. John Langdon Down, el primero es describirla en 1866, aunque su etiología fue descrita casi 100 años después, en 1958, por Jérôme Lejeune, descubridor de la trisomía cromosómica. Lo traigo a colación porque mi amigo Godofredo Alcalde escribió en mi Facebook que más bien debería llamarse “Síndrome de Up”, porque “discapacitado es el que no puede dar cariño”. Y citando a Sócrates, concluyó: «La alegría del alma forma los días más bellos de la vida en cualquier época que sea». Gracias, queridos muchachos, es un regalo de vida tenerlos cerca.

@cjaimesb

Bailando al son del régimen, por Carolina Jaimes Branger

Ciertamente el chavismo ha sacado lo peor en todos nosotros. Y eso, en sí mismo, es un triunfo. No sólo porque nos mantiene divididos, sino porque se anota centenares de miles de victorias al día cada vez que un opositor denuesta de otro, bailando al compás de la música que pone el régimen.

No deja de sorprenderme, sin embargo, que muchos opositores muestran más rabia hacia los mismos opositores que hacia el régimen ¡Caramba! por mero asunto de supervivencia, deberíamos tomar una bocanada de aire, contar hasta diez y pensar las cosas antes de reaccionar.

Sin saber si había sido invitado al juego de béisbol (que lo fue), a Stalin González lo crucificaron, literalmente. Las críticas fueron desde tontas a severas y de severas a peligrosas. Las especulaciones, millones. La mayoría opinó y se sintió empoderada a volverlo papilla sin poseer elementos de juicio ni darle el beneficio de la duda. No así con los híper corruptos y asesinos del régimen, quienes andan por el mundo groseramente alardeando de sus riquezas, trotando en la Muralla China, comiendo y bebiendo en los mejores restaurantes de Europa, Asia y África, sin que nadie siquiera comente ni se pregunte de dónde provino ese dinero. A ellos pareciera que no hay que pedirles rendición de cuentas. ¡Yo creo en la rendición de cuentas! Pero la salsa del pavo tiene que ser buena para la pava.

Otro aspecto de esa táctica perversa que lleva a cabo el régimen es sembrar en el alma de quienes están afuera una inquina terrible hacia quienes vivimos aquí. Pareciera que quienes estamos resistiendo no tenemos derecho a pasar ratos de distensión y esparcimiento. Según los comentarios, la conclusión es que deberíamos estar encerrados en nuestras casas, saliendo solo a registrar la basura, como sucede con tantos. ¿Exigirán también que cortemos la luz y el agua porque hay quienes no poseen esos servicios?… Quienes todavía emprenden en Venezuela merecen apoyo y respeto. Quienes resistimos, también. Entonces necesitamos que nuestros compatriotas afuera tengan sindéresis y empatía.

Resistiremos en la medida en que podamos recargar nuestras baterías. Si nos echamos a morir todos, no habrá remedio sino irnos… o morirnos. Por mi parte, ni me quiero ir, ni morirme por ahora y mucho menos, bailar al son del régimen.

@cjaimesb

“Stillness”, por Carolina Jaimes Branger

“STILLNESS”, EN INGLÉS, significa inmovilidad. Pero desde hace un tiempo “stillness” también se refiere a una calma dentro de una gran tensión. Aquel que, en una situación de peligro, confusión o gran tensión, tiene la capacidad de concentrarse en el orden de prioridades. El concepto lo desarrolló el americano Ryan Holiday.

Esta nueva acepción es aplicable al presidente Guaidó. Puede que no se perciba la magnitud, la complejidad y lo delicadas que son tanto las funciones como las responsabilidades que pesan sobre sus hombros, pero él presenta una imagen de tranquilidad, sosiego y control de su ser interno que pareciera indicar a quienes lo vemos que está en una suerte de burbuja protegida, cuando la realidad es que él constituye el centro neurálgico de una red interconectada de informaciones, obligaciones, funciones y estrategias que están en constante actividad.

Hay una gran diferencia con Maduro: el estilo de éste se basa en proyectar control recurriendo a distracciones como atacar a las personas, burlarse, disminuir la importancia de eventos que sí la tienen, exagerar el valor de acciones nimias, hacer chistes bobos, meter la pata adrede, incluso cantar y bailar solo o acompañado. Incorpora en sus cadenas largas conversaciones con desconocidos que son absolutamente superficiales.

Tenemos entonces dos líderes con sus problemas y sus redes de conexiones y la pregunta es ¿cuál de ellos es quien proyecta sensatez, parsimonia y control?… Uno, el que practica el “stillness” avanza paso a paso y obtiene resultados. El otro, que practica el populismo dicharachero que más bien parece un espectáculo de entretenimiento, cada día pierde algo o incurre en un error que le hace perder terreno, como no haber dejado entrar al país al periodista John Carlin, experto en negociaciones con amplia experiencia en los procesos latinoamericanos y surafricano. Podrá haber sido pan y circo para los miembros de las bases del PSUV, pero a los ojos del mundo, que es lo importante, fue una torpeza. Más le hubiera valido dejarlo entrar y que se reuniera con trescientas personas, que la pésima imagen que le causó una medida tan mediocre.

Las apariencias engañan. Mientras Maduro baila salsa y pierde terreno, Guaidó, en su “stillness” continúa avanzando en el cese de la usurpación.

@cjaimesb

¡No me dan lástima!, por Carolina Jaimes Branger

Hace unos quince años, una joven novia iba entrando a una iglesia del brazo de su padre cuando la marcha nupcial se vio interrumpida por un coro de insultos que iban subiendo de tono y volumen mientras los músicos, en un esfuerzo desesperado por taparlos, ya no se escuchaban. Pitos y pitas, gritos, sirenas… los indignados que protestaban estaban dispuestos a boicotear la boda. ¿La razón? La muchacha era hija de un alto jerarca del chavismo responsable de la desgracia de miles de trabajadores de PDVSA que fueron desalojados de sus viviendas de la manera más violenta. Nadie reparó en los niños ni en los ancianos que vivían allá.

Hubo gente, sin embargo, que reclamó que “le echaran a perder la boda a la jovencita, si ella no era culpable de lo que había hecho el papá”. Un argumento que logró que cierta cantidad de personas rechazara la acción.

Otro tanto sucede ahora, cuando fueron expulsadas de los Estados Unidos familias de funcionarios chavistas sancionados y otros enchufados. “¿Por qué no dejan que los niños terminen el año escolar?”, han preguntado unos cuantos por las redes. Esgrimen como argumentos los derechos de los niños, la dignidad de los niños, la prioridad que significa la educación…

¿Y es que hay niños venezolanos que tienen más derechos que otros? ¿Por qué si hay un millón de niños que no se inscribieron en las escuelas, más quién sabe cuántos que están inscritos y que no van a ir porque sus padres deben escoger entre comida y escuela y la elección es obvia, hay unos que sí “tienen” el derecho de ir a la escuela? Cuando hablan de dignidad, ¿a qué se refieren? Porque dignidad es también tener acceso a la libertad y a los derechos. Y que un miembro de este régimen hable de la importancia de la educación cuando han destrozado lo que quedaba del muy mediocre sistema educativo, daría risa si no fuera tan trágico.

A mí, sin que me quede nada por dentro, no me dan lástima esos niños. ¿Por qué habrían de dármela, si sus padres fueron los primeros en no pensar en ellos? Si los aman tanto, han debido pensar en lo que para ellos significa ser tachados de “hijos de un ladrón” (o de un asesino, porque las muertes en Venezuela por hambre o falta de medicinas llevan sus improntas). Así que cálense eso sin chillar. Calladitos se ven más bonitos.

@cjaimesb

Dolor de patria, por Carolina Jaimes Branger

Acabo de ver un video en Twitter, comentado con dolor por la periodista Idania Chirinos, que me dejó perpleja y con una tristeza infinita: la policía peruana, en una suerte de cayapa, despoja a un muchacho venezolano de una caja de chocolates que tenía para vender y que constituía su única fuente de ingreso.

Mientras está rodeado por los agentes, el joven declara a un canal local que no es la primera vez que lo detienen. Asegura que no es un delincuente. Con educación entrega sus papeles. Se queja amargamente de que la vez anterior, el policía que lo abordó le mentó la madre. No los conté, pero los agentes rodeaban al venezolano eran muchos. No sé cuántos policías se necesitarán en Perú para detener –o para pedirle los documentos- a un muchacho desarmado que no le estaba haciendo daño a nadie.

Sentí rabia. Sentí dolor. Sentí impotencia. ¿Por qué un joven compatriota tiene que pasar por esas humillaciones? ¿Por qué quitarle su único sustento? Pero después de un tiempo de reflexión y sin dejarme llevar por la rabia inicial, me di cuenta de que la culpa no es de la policía peruana. Ellos están haciendo su trabajo. La culpa no es de los peruanos. Ellos han acogido a casi un millón de venezolanos y hay que ver el desbalance y la crisis que causa a una economía emergente como la de ellos que de pronto les llegue esa enorme cantidad de personas. La culpa es del régimen de Nicolás Maduro, que ha logrado que jóvenes como éste –que pudieran estar en Venezuela estudiando, trabajando, emprendiendo- estén hipotecando su juventud vendiendo chocolatitos en otro país.

Además, no puedo dejar de reconocer que de Venezuela también ha emigrado la delincuencia. Estuve hace poco en Chile y otros venezolanos nos dijeron que muchos de los carteristas que pululan por Santiago a horas pico, por desgracia, son venezolanos. Los reconocen porque van en moto, en parejas… igual que aquí. Pero el prejuicio es dañino. La mayoría de quienes se han ido de Venezuela son personas trabajadoras que agotaron todas sus posibilidades antes de agarrar camino, camino que muchos hicieron a pie.

A Maduro, como nunca supo lo que era estudiar o trabajar, no le importa que los jóvenes venezolanos pierdan su presente y su futuro. Insiste en ahondar en las causas que nos han traído a la mayor tragedia que hemos vivido como nación y pareciera regocijarse en ello. Y quienes lo apuntalan, también son culpables. El gran destructor fue Hugo Chávez, pero Maduro, en vez de cambiar ese proceso, lo ha profundizado. Y los responsables van desde él, pasando por toda su corte de malandros, hasta el personajillo que utiliza su pequeña posición dentro del régimen para matraquear. Sin olvidar, por supuesto, a quienes haciéndose pasar por opositores se han hecho multimillonarios, como los bolichicos y otros ni tan “boli” y ni tan chicos. ¡Prohibido olvidar!

Espero que todos los que nos causaron este daño paguen por sus crímenes. Yo no los perdono. Tengo un dolor de patria que no me lo quita nadie.

@cjaimesb

El día después, por Carolina Jaimes Branger

Llevamos veinte años en esta tragedia. En mi caso, la tercera parte de mi vida y mis años más productivos profesionalmente. Una gran mayoría de jóvenes al único presidente que recuerdan es a Chávez. Ellos no pueden imaginarse –si todavía están en Venezuela- que se puede vivir mejor. Lo único que han experimentado es un avasallamiento desde el poder, traducido en burlas, insultos, represión, hambre, desolación y muerte. Entonces la ilusión se reduce a una caja CLAP, sin saber que las migajas que les arrojan son una fuente de ingresos para otros.

Leo en el diario 2001 la primera plana del vienes 20 de septiembre: “Un millón de chamos no va a la escuela”. Hablo con Juan Ernesto Páez Pumar, director del diario, y me confirma mi sospecha: la cifra es conservadora y refleja sólo los que no están inscritos en ningún plantel. No incluye a los inscritos que, en la práctica, nunca tienen clases. ¿Cómo va a prosperar un país así? Cada vez estoy más convencida de que es la estrategia del régimen de Maduro para perpetuarse en el poder. Mientras más ignorante sea el pueblo, más fácil será dominarlo, porque con migajas basta y sobra.

Mi amiga Trudy Spira, sobreviviente del campo de exterminio de Auschwitz, me contaba que cuando los rusos llegaron a liberarlos, muchos de ellos no entendían lo que significaba la palabra “libertad”. Estaban tan destrozados física y moralmente que el recuerdo que podían tener de tiempos pasados y mejores era literalmente mínimo. Cosas tan básicas como comer bien tres veces al día, tener medicinas, ropa limpia, poder bañarse con jabón pertenecían a un mundo ajeno.

¿Cómo será el día después de que se vaya el chavismo? ¿Habrá atmósfera para celebrar? Aquellas 24 horas después del 11 de abril fueron de júbilo, pero en aquellos momentos Venezuela era todavía una potencia petrolera y estaba entrando muchísimo dinero por ese concepto. Hoy, con un país destrozado y saqueado, donde lo que queda en pie es por la férrea voluntad de quienes queremos trabajar en la reconstrucción, no sé si habrá ánimos de celebrar, porque quedará demasiada desolación por detrás. El día después… ¿por dónde empezar? Yo diría que por una profunda reflexión sobre los hechos que nos trajeron aquí para poder decir como los judíos después del Holocausto: “nunca más”.

¿Qué persigue el nuevo censo?, por Carolina Jaimes Branger

Antes del censo de 2011 corrió el rumor de que los encuestadores eran miembros de los Círculos Bolivarianos. Como todo rumor –donde cada persona que lo recibe le añade o le cambia algo, como en el juego del telefonito- corrió la especie de que venían a averiguar cuántas habitaciones vacías tenía la casa para “meter gente que no la tuviera”, que eran ladrones que llegaban a inspeccionar nuestros hogares para “pasar la información” e incluso, que venían armados. El caso es que en aquel momento no sucedió ninguna de aquellas cosas. Pero el censo fue un rotundo fracaso porque mucha gente ni siquiera abrió las puertas de su casa.

Recuerdo que por consejos de mis vecinos, recibí a la joven encuestadora en la entrada de mi casa en Maracay. Nos sentamos en un murito. La vi sudorosa y angustiada. “¿Te sientes mal?”, le pregunté. La muchacha se deshizo en lágrimas. Me dijo que la habían insultado en muchas partes. En otras, ni siquiera la habían recibido. Que el operativo de la alimentación de los encuestadores no había funcionado y que ella había salido sin desayuno de su casa a las 4,30 de la madrugada y no había comido o bebido nada en todo el día. Que ella no pertenecía a ningún Círculo Bolivariano, que sólo era una estudiante que necesitaba ganarse un dinero extra. La hice pasar y le di agua y comida.

Pero “cuando el río suena es porque piedras trae”. Y el que no haya pasado en aquella oportunidad no significa que ahora no pase. Todo lo que la gente decía que Chávez no se atrevería a hacer, lo hizo. Y Maduro, en el estado de desesperación que está, puede hacer cualquier cosa. El adelanto del censo de 2021 comienza a levantar suspicacias en todas partes de que hay un interés maligno por detrás. ¿Por qué adelantarlo en estos momentos, cuando la población lo que necesita es alimentos y medicinas? ¿Cuánto va a costar? ¿Hay acaso tiempo para montar la logística para que sea exitoso? Y peor aún: ¿por qué los encuestadores serán todos miembros del partido político “Somos Venezuela”, que preside la inefable Delcy Rodríguez y milicianos?

Yo, por mi parte, no vuelvo a hacer lo que hice en 2011. Si es por mí, no van a saber nada, porque me temo que cualquier información pueda ser usada en mi contra, o en contra de mi familia. Esta vez paso y gano. Espero…

@cjaimesb