Angélica Lugo, autor en Runrun

Angélica Lugo

Calabozos policiales en Gran Caracas son cárceles paralelas con sótanos de presos y reclusas embarazadas
En 30 calabozos ubicados en la Gran Caracas se repiten los mismos patrones que agudizan la crisis en la mayoría de las sedes policiales. En los centros de detención preventiva monitoreados para esta investigación hay entre 40 y 337,5 % de hacinamiento. En 2016 las autoridades policiales tuvieron que sortear intentos de fuga y fugas de presos, pero además atendieron casos de desnutrición, tuberculosis y de reclusas embarazadas. En el año anterior al menos seis presos murieron en comisarías ubicadas en el área en estudio
De acuerdo con cifras oficiales anunciadas en septiembre por el defensor del pueblo, Tarek Willliam Saab, 33.000 presos esperan en calabozos policiales por traslados a cárceles. Sin embargo, la ministra Iris Varela aseguró que los reclusos deben permanecer en comisarías hasta que tengan un juicio. Mientras que los cupos para cárceles llegan a estos centros de detención preventiva las autoridades de estas sedes policiales deben sortear los eventos que se registran en estos espacios sin recursos otorgados por el Estado

 

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Fotos y videos: Raúl Romero | @Fotoraul

Edición de videos: Abrahan David Moncada | @Monkda92

Infografías: Juan Carlos Hernández | @jhernandezgraph

NO EXISTE UN REGLAMENTO EN VENEZUELA que establezca la doble condena para presos en el país. Pero al menos 33.000 reclusos, que están en calabozos policiales, según cifras anunciadas en septiembre de 2016 por el defensor del Pueblo, Tarek William Saab, esperan sus traslados para cárceles en esta condición. Están en una suerte de depósitos para reos en los que, en espacios no mayores de 6 x 6 metros, deben permanecer las 24 horas del día con hasta 30 personas sin tener acceso a la luz -y en los casos más extremos- sin recibir ventilación, porque las celdas están ubicadas en sótanos. Aunque los presos no deben permanecer más de 48 horas en centros de detención preventiva, en la Gran Caracas hay casos de reclusos que en la actualidad cumplen sus condenas en estos lugares, pero también hay internos que tienen más de dos años detenidos en calabozos esperando sentencia.

Estos reclusos no hacen deporte, ni participan en actividades culturales. Tampoco tienen visitas conyugales y dependen de los alimentos que les llevan sus familiares. Ninguna institución se hace cargo de ellos y los encargados de sedes policiales hacen peripecias, sin dinero, para atender las emergencias que se presenten. Para estos reos no hay recursos. Son los huérfanos del Estado.

Foto 2 de Raul Romero calabozo policial

En en el país no hay cifras oficiales de la cantidad de sedes policiales que hay en la Gran Caracas. En diciembre de 2016 la ONG Una Ventana a la Libertad presentó un informe en el que documentaron la muerte de 17 detenidos en comisarías durante 3 meses. El estudio fue realizado en 87 centros de detención preventiva de la Gran Caracas y de los estados Miranda, Vargas, Lara, Zulia, Táchira, Monagas, Falcón y Carabobo, zonas que reúnen el mayor número de población penal del país .

Para este reportaje se le hizo seguimiento a 30 comisarías en las que se repiten las mismas irregularidades que se agudizan por una misma causa: el hacinamiento. En las celdas monitoreadas, que fueron las que más irregularidades registraron en 2016, hay entre 40 y 337,5 % de hacinamiento.

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En 2016 las autoridades policiales tuvieron que sortear motines y otros hechos violentos, pero además atendieron casos de desnutrición, tuberculosis y de reclusas embarazadas. En 2016 al menos seis presos murieron en comisarías ubicadas en el área en estudio, se registraron 6 fugas y 6 intentos de fuga, y en dos oportunidades funcionarios fueron secuestrados por reos. Uno de los casos que más centimetraje tuvo en la prensa fue la fuga de 8 presos de la Subdelegación del Cicpc El Valle. En el hecho tres funcionarios que custodiaban a los internos fueron asesinados por los reos.

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Estas situaciones irregulares representan para los policías una presión constante, a juicio del secretario de seguridad ciudadana del estado Miranda y de Polimiranda, comisario Elisio Guzmán: “El funcionario empieza a cansarse de esa presión de que si el preso se escapa es su culpa y se le abre un proceso de investigación por la facilitación de la fuga”.

Guzmán explica que hay una cantidad imprecisa de presos que están en una especie de limbo jurídico porque no han sido trasladados a centros penitenciarios: “Tengo reclusos en los calabozos que ya cumplieron cuatro años a espera de un cupo de traslado y esto les ocasiona una desesperación, lo que lleva a estos individuos a cometer actos de violencia en las celdas, como ha ocurrido este año con los casos de descuartizamientos, asesinatos y de fugas. Ese es el producto de una descomposición creciente dentro de los establecimientos preventivos”.

Las problemáticas que hay en estos centros de detención preventiva se repiten en todas las sedes de detención transitoria y que no cumplen con ninguna de las 122 Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos, también conocidas como Reglas Mandela.

En las celdas con “más lujos” hay una letrina para todos los reos y un pipote de agua, para que los reclusos se bañen. En estos pequeños espacios la única manera de subsistir es respetar las normas internas que los reclusos acuerdan para convivir. Se turnan los horarios para dormir en el suelo, mientras otros esperan de pie. Improvisan chinchorros con sábanas y se turnan las colchonetas para el descanso, solo en las policías que permiten el uso de estos artículos.

Un problema para la seguridad ciudadana

Raúl Romero calabozo policial

Fuentes policiales que trabajan en comisarías han advertido que el hacinamiento en los calabozos representa un problema para la seguridad ciudadana, pues varios policías han sido desincorporados del patrullaje policial para cuidar detenidos. El director de Polimiranda, Comisario Elisio Guzmán, precisó que mensualmente invierte 28.000 horas hombres para cuidar presos: “Eso le incrementa un temor a nuestros funcionarios, porque todo policía que custodia internos tiene miedo de ser investigados por complicidad, si los reos se escapan”.

Otros jefes de sedes policiales han explicado que, debido al hacinamiento, han tenido que habilitar espacios para ubicar a los presos. Por ejemplo, en la Subdelegación del Cicpc de Simón Rodríguez tres oficinas fueron desocupadas para albergar reclusos, mientras que en la Subdelegación del Cicpc de El Paraíso el área de descanso de los funcionarios de guardia es utilizada en la actualidad para tener a los reos. Lo mismo ocurre en la comisaría de Policarrizal, en el estado Miranda: el área de descanso de las funcionarias fue reestructurada para improvisar un calabozo para presas.

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Pero estas denuncias y las advertencias que han hecho los defensores de derechos humanos y representantes no han solucionado la causa de la crisis, que es el retraso en la asignación de cupos para centros carcelarios y la ministra de Servicio Penitenciario ha sido contundente en sus declaraciones al asegurar que los reclusos deben permanecer en comisarías hasta que tengan un juicio.

El comisario Elisio Guzmán fue una de las autoridades policiales que reaccionó a las declaraciones de la ministra Varela: “Cada autoridad administrativa emite un juicio y así viole la ley, no les importa. Si es un ministerio de Servicio Penitenciario, todo el que esté preso está bajo la jurisdicción de ella. Lo demás es evadir responsabilidades”.

El hacinamiento que mezcló reos y dejó embarazadas a dos presas

Un pasillo en el que están distribuidos 41 presos, entre ellos dos reclusas embarazadas, separa a tres calabozos que están abarrotados de otros 77 reclusos en la sede de la Policía Municipal de Guaicaipuro, ubicada en Los Teques, estado Miranda. El hacinamiento en esa sede policial no le brinda beneficios a los reos que tienen condiciones especiales. Esa es la preocupación de la madre de una presa de 23 años de edad que salió embarazada estando privada de libertad en esa policía y que ya tiene seis meses de gestación.

La mujer cuenta que en 10 meses a su hija le han diferido nueve veces la audiencia preliminar y refiere que desde que salió en estado, se ha complicado con asma y ha presentado placenta previa: “Estoy luchando para que le den casa por cárcel a mi hija. En dos meses debería dar a luz y temo que se complique más estando presa allí. Aunque los policías han sido condescendientes y me permitieron pasarle una colchoneta, porque el resto de los presos duerme encima de sábanas, igual ella está incómoda y el peso de la barriga la acerca más al suelo”.

Fuentes extraoficiales de Poliguaicaipuro explicaron que debido al hacinamiento tuvieron que habilitar el pasillo para ubicar a todos los reos: “Allí también tenemos a adolescentes femeninas y masculinos que están en conflicto con la ley. Como en ese espacio no entra oxígeno, les colocamos un aire acondicionado split”.

De los tres calabozos que tiene esa policía hay dos celdas que miden 5 x 3 metros: una alberga a 30 reos y la otra a 35. En un tercer calabozo, que mide 2 x 4 metros, hay 14 reclusas, una de ellas está embarazada.

En la puerta principal de Poliguaicaipuro se tiene contacto con varios reclusos. A mano derecha hay una especie de ventana, en forma de cuadro, que da hacia la avenida principal. Por allí se asoman a cada instante presos. Quienes ingresan a esa policía se topan de frente con las escaleras. Allí están esposados tres reos que “tienen la rutina manchada”.  Eso, en la jerga carcelaria, representa el rechazo de la población penitenciaria hacia uno o varios presos por estar involucrados en determinados delitos, por ser policías o ex funcionarios, y “comerse la luz”, que significa irrespetar las normas internas. De estos presos que permanecen en las escaleras, dos están detenidos por abuso sexual y uno es exfuncionario de Polivargas. “Si los ubicamos con toda la población, los matan”, asegura uno de los policías

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Al igual que en las otras 29 sedes de policías ubicadas en la Gran Caracas, en 2016 los funcionarios de Poliguaicaipuro atendieron emergencias que se repiten en todas las comisarías del área en estudio. Los más emblemáticos, según precisan funcionarios consultados, son cinco casos de presos que presentaron desnutrición. El año pasado también lograron la medida de casa por cárcel para 12 reos con enfermedades terminales y que tienen más de 60 años de edad. Entre este grupo de reclusos está una presa que dio a luz y que, durante la lactancia, es monitoreada en su hogar por funcionarios. “Cuando culmine la lactancia, debe regresar a la policía. Aunque ya tenía un año y 2 meses detenida por el delito de robo y su lugar de reclusión es el INOF, no le han dado traslado porque aún no hay cupos”, advierte un funcionario.

Un sótano de presos en Charallave

Sótano presos en Charallave

La entrada marea. Y la primera sensación que se tiene es de claustrofobia desde que se ingresa al área de los calabozos del Centro de Coordinación Policial 2 de Polimiranda en Charallave, que está ubicada en el sótano de esa sede. Los 56 reclusos que están distribuidos en celdas, que tienen capacidad para albergar a 20 personas, ven una esperanza con la visita de la prensa. Se apresuran por acercarse a las rejas y gritar sus peticiones: “¡Queremos traslados!”, “¡Ministra aplique el plan cayapa!”. No reciben ventilación, ni luz del día. Sólo una lámpara con luz artificial que ilumina el pasillo de los calabozos les permite a los reos verse a las caras, solo si se acercan a las rejas, pues al fondo de estos espacios no llega la luz.

En ese sótano, como en todos los centros de detención preventiva, no hay clasificación de presos. Tres reclusos que están detenidos por haber vendido dos cauchos en malas condiciones, comparten espacio con homicidas, secuestradores y reos que fueron apresados por estar involucrados en robo. Los reos consultados refirieron que han tenido enfermedades de la piel, lo que en la jerga de calabozos policiales es conocido como “carranchín”. De hecho, uno de los funcionarios que custodia a los privados de libertad también padece esta enfermedad.

Presos calabozo policial en Charallave

Esta situación, para el comisario Elisio Guzmán, que tiene más de 45 años de experiencia en la carrera policial, se debe a que “en un calabozo está condensada la perversidad de la vida en cuatro paredes”. El también secretario de seguridad del estado Miranda, explicó que ha tenido que tomar previsiones para evitar fugas, asesinatos y hechos violentos en las celdas: “No se les puede meter una sábana porque con una sábana pueden violar, forzar y matar. No se le puede dar a un preso la comodidad de una cama como cualquier humano puede pretender, porque las camas son herramientas mortales, de allí extraen pedazos de metal, pedazos de resorte y estas son herramientas de muerte”.

7 adolescentes en conflicto con la ley hacinados en una celda

Adolescentes en conflicto con la ley

En la otra sede del Centro de Coordinación Policial 2 de Polimiranda, ubicada en Ocumare del Tuy, hay 18 reclusos en un espacio que fue diseñado para albergar a 10 personas por un lapso de 48 horas. En una de las celdas hay 7 adolescentes en conflicto con la ley que esperan cupo para centros de reeducación. Uno de ellos es un adolescente de 15 años de edad.

Una letrina para nueve presas

Reclusas en calabozos policiales

Uno de los calabozos que más novedades reporta en la sede de Polimiranda ubicada en Ocumare del Tuy es el que fue habilitado para las mujeres. Allí comparten espacio nueve reclusas que están detenidas por los delitos de robo y homicidio. La presa más antigua de ese calabozo tiene 21 años de edad y está detenida desde hace dos años por el delito de robo. La interna no ha sido sentenciada y durante su permanencia en esa policía ha tenido asma, problemas respiratorios e infecciones vaginales. Para la reclusa lo más difícil ha sido pasar todo ese tiempo sin ver a su hijo y recuperarse de las recaídas que ha tenido de salud.

Los familiares de presos que son extorsionados en la PNB de Boleíta

Uno de los centros de detención preventiva con más irregularidades en la Gran Caracas es la sede de la Policía Nacional Bolivariana, ubicada en Boleíta. En 2016 se han registrado motines, secuestros de funcionarios, e intentos de fuga de detenidos. En uno de esos sucesos, en el mes de junio, murió un preso cuando intentó despojar a un policía de su arma de reglamento y en otro hecho un recluso fue asesinado a golpes en octubre, según fuentes extraoficiales, por un funcionario que lo agredió durante una requisa.

En esa sede policial, también conocida como la Zona 7 de la extinta Policía Metropolitana, hay 599 presos que están distribuidos en un sótano al que tampoco llega luz del día, ni ventilación. La esposa de un preso contó a Runrun.es que cada vez que le pasa comida a su pareja debe pagar entre 500 y 600 bolívares. Sin embargo, hay policías que pueden cobrar 1.500 bolívares por pasar una comida. Además denunció que los funcionarios les cobran a los parientes de los reclusos por pasar chucherías e incluso visitas especiales.  

325 % de hacinamiento en Polisalias

En los dos calabozos de Polisalias, en el estado Miranda, hay 325 % de hacinamiento. Aunque en esa sede tienen capacidad para albergar a 8 presos, en la actualidad hay 26 reclusos. Uno de los funcionarios consultados considera que se deben agilizar la asignación de cupos para cárceles para evitar que se registren más tragedias en centros de detención preventiva: “Pareciera que el mensaje que se quiere dar es que no haya presos en las policías. Si en operativos policiales y en flagrancia se detienen a delincuentes, ¿qué hacer con ellos si no hay espacios para tenerlos?”.

En una celda que mide 4 x 4 metros hay 13 presos, entre ellos un contador público que hace cinco meses fue detenido por estar involucrado en el robo de un vehículo. Fuentes de esa policía explicaron que tuvieron que aislar a uno de los tres adolescentes en conflicto con la ley que está detenido en esa sede, pues fue discriminado y maltratado por los otros presos por ser gay.

Este especial es tan solo una radiografía de la realidad de 30 calabozos policiales que están ubicados en la Gran Caracas. Aunque la mayoría de estos presos están implicados en delitos, ningún ente gubernamental responde por ellos. Los días transcurren sin que sean trasladados a centros penitenciarios con infraestructura adecuada y las irregularidades que se registran en estos espacios afectan a la seguridad ciudadana en el país.

En 2016 se recrudeció la violencia en Caracas y hubo más homicidios que en 2015
El año que cerró, con 5.741 muertes violentas, ha sido el más violento de los últimos tres años en la capital de Venezuela, de acuerdo con reportes extraoficiales de cadáveres ingresados en la morgue de Bello Monte. En 2016 no se incrementaron los asesinatos de funcionarios, en comparación con años anteriores, pero se recrudecieron los ataques en contra de policías y de militares que en algunos casos fueron desplazados de sus hogares. En el año saliente se multiplicaron los crímenes con mensajes y casos de descuartizamientos en la Gran Caracas

 

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EL AÑO ANTERIOR CULMINÓ CON  5.741 MUERTES VIOLENTAS en la Gran Caracas, lo que indica que en 2016 se registraron 467 ingresos más en la sede del Servicio Nacional de Medicina y de Ciencias Forenses (Senamecf), también conocida como morgue de Bello Monte. En 2015, según datos extraoficiales,  se reportaron 5.261 traslados a esa medicatura forense.

En el año que culminó no solo se incrementaron los homicidios, también se multiplicaron los casos de descuartizamientos y de crímenes con mensajes. Fuentes policiales consideran que las bandas implicadas en homicidios y en tráfico de drogas hicieron un esfuerzo en 2016 por hacer sensacionalistas sus asesinatos para enviar un mensaje a la opinión pública y a sus adversarios. Entre el 10 de agosto y el 21 de septiembre se registraron cinco crímenes con mensajes en la Gran Caracas. Uno de los primeros casos reportados fue el de dos adolescentes que fueron decapitados por delincuentes que presuntamente los desmembraron para vengar que estuvieran implicados en un caso de abuso sexual. Los homicidas luego metieron sus cabezas dentro de cada abdomen.

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En el año saliente también aumentó el promedio diario de muertes violentas. Mientras en 2015 en promedio 14 personas murieron en Caracas de manera violenta cada día, en el año que cerró el promedio diario de muertes violentas ascendió a 15.

Se calcula que 85 % de 5.741 víctimas de muertes violentas fueron víctimas de homicidios en la Gran Caracas en 2016, pues se estima que el 15 % restante de los cadáveres ingresados en la medicatura forense corresponden a accidentes de tránsito, suicidios y causas por determinar.

2016 tuvo el mes más violento de los últimos tres años, pues en julio se reportaron 535 traslados a la medicatura forense. Ese mes solo ha sido superado hasta la fecha por diciembre de 2013 cuando 565 cadáveres fueron trasladados a esa dependencia.

Víctimas de masacres y de las OLP entre los ingresos

En 2016 la morgue de Bello Monte también recibió cadáveres de víctimas de masacres y de personas muertas en procedimientos de la Operación Liberación del Pueblo (OLP). La masacre de Villa Heroica, en donde fueron asesinados tres familiares del comisario jubilado del Cicpc, Heberto Alfonzo, junto con la doméstica de su vivienda y el hijo de la mujer, fue uno de los asesinatos múltiples que más consternación generó en la opinión pública y, a su vez, dio un mensaje que pudiera tomarse como prevención: los homicidas lograron ingresar a la casa del comisario gracias a la cooperación del hijo de la doméstica.

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En 13 de julio del año anterior se cumplió un año de la primera OLP que se realizó en la Cota 905. Sin embargo, quedó demostrado que el plan modelo en materia de seguridad del gobierno no frenó la violencia en la capital de Venezuela, pues los delincuentes siguieron disputándose los espacios y plazas de drogas a tiros.

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Durante el año anterior el ejercicio del periodismo en esa medicatura forense se vio limitado en varias oportunidades por las restricciones de las autoridades. Así ocurrió cuando fueron desplegados funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana y de la Policía Nacional Bolivariana, pues a esa dependencia fue trasladado el cuerpo del delincuente José Antonio Tovar Colina, conocido como “El Picure” y el de Oswaldo Oropeza Guaiguán, “Lucifer”, quien era uno de los delincuentes que controlaba la “zona de paz” en Caracas ubicada en los ejes Cota 905 – El Cementerio y El Valle.

Justamente en julio, cuando se registró el mes más violento de los últimos tres años en Caracas, fue instalada una cerca para impedir que la prensa tuviera acceso a los familiares de las víctimas de la violencia.

Ensañamiento contra funcionarios

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En 2016, de acuerdo con datos extraoficiales, 131 funcionarios fueron asesinados en la Gran Caracas. Es decir, se registraron 16 asesinatos menos de policías y de militares en la misma área pues en 2015 se reportaron 147 asesinatos de uniformados y, en 2014, la cifra extraoficial de estos asesinatos fue de 134. Sin embargo, en el año que culminó se recrudeció el ensañamiento en contra de los uniformados.

Funcionario Polimiranda asesinado

Foto: Cortesía Polimiranda

El director de Polimiranda y secretario de seguridad ciudadana del estado Miranda, Elisio Guzmán, envió una nota de prensa para manifestar su posición con respecto a los ataques en contra de los funcionarios en 2016: “Cada vez son menos quienes siguen dispuestos a trabajar como efectivos de seguridad. La deserción y casi nula captación, además de la mortalidad del oficio, agudizan la realidad de las instituciones. Tanto el gobierno como la sociedad deben trabajar junto a nosotros para impedir el acelerado crecimiento de la delincuencia. De lo contrario seguiremos aislados, como ya estamos, llorando muertos, cada cual por su lado. De cada venezolano depende el porvenir de las instituciones y en especial el de la generaciones de relevo que velarán por la justicia y el bien común”.

Uno de los casos emblemáticos de ensañamiento contra funcionarios en 2016 fue el del jefe de la brigada motorizada de Policaracas, Larry Morillo, que el 23 de marzo fue asesinado a tiros y posteriormente quemado en el barrio Primero de Mayo de El Cementerio por delincuentes que controlan el sector popular y que luego asesinaron a tiros al hijo del funcionario, Yonaiker Morillo, de 20 años de edad.

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Tres días después del asesinato del jefe de la brigada motorizada de Policaracas un funcionario de Polibaruta, cuya identidad no fue revelada, fue amenazado de muerte por al menos 18 delincuentes que el 26 de marzo pasadas las 7 de la noche acorralaron su vivienda, ubicada en el sector El Tanque de Coche para exigirle que se retirara de la zona.

La periodista Vanessa Moreno Losada registró en un reportaje publicado en Efecto Cocuyo, cómo en 2016 algunos policías estuvieron en situación de desplazados tras ataques del hampa en contra de sus viviendas.

El año que cerró, con 5.741 muertes violentas, ha sido el más violento de los últimos tres años en la capital de Venezuela, de acuerdo con reportes extraoficiales de cadáveres ingresados en la morgue de Bello Monte.

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El primer fin de semana del año se registraron 54 muertes violentas en Caracas

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El primer fin de semana del año, entre el viernes 6 y el lunes 9 de enero, se registraron 54 muertes violentas en la Gran Caracas, de acuerdo con la cifra extraoficial de ingresos reportados en la sede del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf), también conocida como morgue de Bello Monte.

Una de las víctimas del primer fin de semana de 2017 fue el Sargento Primero de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), José Luis Miquilena de 25 años de edad. El funcionario fue asesinado de un disparo en la cabeza el domingo a las 4 de la mañana a escasos metros de la sede de la Comandancia General de la GNB, ubicada en la parroquia El Paraíso.

De acuerdo con información publicada por el periodista Reynaldo Mozo Zambrano en el portal Efecto Cocuyo, el efectivo castrense fue atacado durante un robo que tres delincuentes armados hicieron en una arepera cuando el funcionario fue a comprar comida con dos compañeros.

El funcionario de la Guardia Nacional tenía 6 años prestando servicio militar.

Delincuentes abrieron carros en redoma de La Lagunita y luego rasparon tarjetas para comprar comida

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Al menos dos vehículos fueron abiertos este domingo 8 de enero con controles universales en la redoma de La Lagunita, municipio El Hatillo. Los delincuentes cargaron con todo lo que vieron en los carros. Entre las víctimas, dos corredoras. Una de las afectadas dijo a Runrun.es que le rasparon su tarjeta por 170 mil bolívares: “Una de las compras fue de pollo por un monto de 90.000 bolívares, en un establecimiento que, según me dijo la operadora de Banesco, tiene un nombre con la palabra aves”.

Cuenta uno de los corredores, que planificó ir a La Lagunita para hacer más de 20 kilómetros, pues se prepara para el Maratón CAF que correrá en el mes de marzo, que antes de iniciar el largo varias personas vieron con asombro que un club de corredores contrató a vigilantes para que les cuidaran sus carros. “Luego, entendimos por qué (…) Funcionarios de Polihatillo tomaron la denuncia. Pero, nadie vio nada”, manifestó.

Mientras las deportistas manifestaban su impotencia, otros corredores aseguraron que no es la primera vez que abren vehículos en ese sector. Lo mismo ocurre en el concurrido Parque del Este, un espacio que cada vez tiene más control del hampa y sus deportistas cada vez le tienen más miedo: los vehículos son abiertos con controles universales y los delincuentes, incluso por las mismas caminerías, asaltan a corredores y personas que se ejercitan en ese espacio público.

Estas injusticias son parte de la rutina de los corredores que se preparan para el único maratón de Venezuela: Maratón CAF.

Autoridades se contradicen: Aún sin pistas de helicóptero desaparecido en Amazonas

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Las autoridades se contradicen y, en consecuencia, los medios de comunicación reportaron que la tripulación militar que viajaba en el helicóptero MI17V5, que desapareció en el Amazonas desde el 30 de diciembre con 13 personas a bordo, fue rescatada. Así lo informó el gobernador de Amazonas, Liborio Guarulla en su cuenta de twitter en la que reportó que la aeronave había sido encontrada por indígenas Yecuanas.

Pero hasta este viernes en la tarde no se ha conocido información oficial en la que se den detalles de la búsqueda, o en la que se desmienta la informada el día anterior. Fuentes extraoficiales precisaron que familiares de los funcionarios fueron informados desde la Fuerza Armada Nacional a través de una llamada telefónica que la aeronave fue encontrada por las autoridades y los sobrevivientes serían trasladados en el transcurso de la noche hasta Puerto Ayacucho.

“El jueves 5 de enero funcionarios avistaron desde un avión lo que parecía ser un rotor de cola. Por la hora no pudieron llegar al lugar. Desde el Ejército llamaron a familiares de las personas desaparecidas y mintieron al decir que habían hallado el aparato y los ocupantes. Nada de eso era cierto”, explicó una fuente consultada.

Los días transcurren y aún no hay pistas del helicóptero MI17V5.

 

 

El fin de semana se registraron 48 muertes violentas en la Gran Caracas

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El cuarto fin de semana del mes en curso, entre el viernes 25 y el lunes 18 de noviembre, 48 cadáveres fueron ingresados en la sede del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf), también conocida como morgue de Bello Monte.

Los cadáveres de las 12 personas que fueron halladas en dos fosas comunes en Barlovento son parte de los ingresos reportados el fin de semana en la medicatura forense. El traslado de estos cuerpos originó que las adyacencias de esa dependencia permanecieran militarizadas los dos primeros días de la semana, lo que limitó las labores de los trabajadores de la prensa cuando intentaron tener acceso a los familiares de las víctimas de la masacre en la que, según información oficial, participaron funcionarios del Ejército.

Pedro Silva, tío de una de las víctimas de la masacre identificado como Carlos Gabriel Marchena Silva, de 20 años de edad, declaró en la morgue de Bello Monte que antes de confirmarse que su pariente fue asesinado, había denunciado la desaparición. Sin embargo, dijo que dos medios de comunicación ignoraron su denuncia.

Durante los cuatro fines de semana del mes de noviembre fueron ingresados 180 cadáveres en la morgue de Bello Monte, según cifras extraoficiales. El fin de semana con más ingresos fue el primero, entre el viernes 4 y el lunes 7 de noviembre, con 51 traslados en esa dependencia, seguido del fin de semana que cerró, con 48 cadáveres ingresados en esa sede.

42 cadáveres fueron ingresados en la morgue de Bello Monte el fin de semana

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El fin de semana que cerró, entre el viernes 18 y el lunes 21 de noviembre, se registraron 42 muertes violentas en la Gran Caracas, de acuerdo con la cifra extraoficial de traslados reportados en la sede del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Cenamecf), también conocido como morgue de Bello Monte.

Una de las víctimas del fin de semana fue Mariangélica del Carmen, de 26 años de edad. La mujer, que era manicurista, resultó herida de bala el sábado a las 5 de la mañana cuando viajaba con su novio y dos amigos en una Jeep Cherokee plateada. El vehículo fue atacado en la avenida Libertador de Caracas, a la altura de la Cantv que está adyacente a la estación del metro Colegio de Ingenieros, por delincuentes que intentaron despojarlos del automóvil.

Durante tres fines de semana del mes de noviembre 132 cadáveres fueron ingresados en la morgue de Bello Monte, según datos extraoficiales. Hasta la fecha, el fin de semana más violento del mes ha sido el primero, entre el viernes 4 y el lunes 7 de noviembre, cuando fueron reportados 51 ingresos en esa medicatura forense.

Pared de 3 metros separa al Colegio San Agustín de 592 presos detenidos en la PNB de Boleíta

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Autoridades del Colegio San Agustín aseguran que tomarán acciones para exigir el traslado de los presos que están detenidos en los calabozos de esa sede policial, también conocida como la antigua Zona 7 de la extinta Policía Metropolitana. Los recientes motines e intentos de fuga de reclusos han puesto en alerta a la comunidad educativa de esa institución

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Los recientes motines, intentos de fuga y secuestros de funcionarios en los calabozos de la Policía Nacional Bolivariana, ubicada en Boleíta, han encendido las alarmas en la comunidad educativa del Colegio San Agustín del Márques. El director de esa institución, Marino Garrido, advirtió que solo una pared de tres metros divide la sede del plantel educativo con la policía.

“Nuestra preocupación es que solo tres metros nos separa de esa sede policial que cuenta con calabozos que son objeto de hacinamiento y situación crítica y delicada que ha conllevado a hechos tensos como motines, protestas, fugas, heridos, secuestros de funcionarios, así como también las protestas y trancas a los accesos del colegio por parte de los familiares de los presos y cuya problemática pone en riesgo a todos los que forman parte de nuestra unidad educativa. En diferentes oportunidades se han escapado detenidos y han saltado hacia el colegio, lo que ha ocasionado persecuciones y los policías han ingresado al colegio sacando las pistolas (…) No podemos esperar más y quedarnos de brazos cruzados, para luego lamentarnos cuando pase una tragedia con alguno de nuestros representados. El colegio no puede tener al sistema penal como vecino”, manifestó.

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Garrido mostró a Runrun.es un comunicado que recientemente entregó al concejal del municipio Sucre, Juan Carlos Vidal y que próximamente hará llegar a las autoridades competentes para exigir que los presos sean trasladados a centros penitenciarios. De acuerdo con cifras extraoficiales, en la actualidad 592 reclusos están albergados en esos calabozos. “Es bueno señalar que el colegio está ubicado en este lugar desde el año 1969. El edificio donde está la Policía Nacional Bolivariana fue construido mucho más tarde y fue construido para la industria y, posteriormente, fue utilizado para la extinta Policía Metropolitana y actualmente es una de las sedes de la PNB”, precisó.

En el documento se detalla que el edificio no está apto para la cantidad de presos que allí se encuentran: “Las condiciones son infrahumanas. Las celdas son una especie de huecos que abrieron en el sótano de la infraestructura, como especie de cuevas en las que los recluidos no saben si es de día o de noche. No circula corriente de aire y las enfermedades respiratorias y de piel están agravándose”.

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