El Nuevo Circo: epicentro de los damnificados de la Misión Vivienda

Los espacios del Nuevo Circo de Caracas ya no lucen igual desde el pasado 24 de junio: carpas improvisadas por doquier, colchones en el suelo, sillas y mesas plásticas, bolsas negras con ropa, zapatos, sábanas y ventiladores son algunos de los enseres que los habitantes de los edificios de la Misión Vivienda lograron rescatar y que ahora ocupan el perímetro del recinto histórico.

Apostados con sus núcleos familiares en los alrededores del icónico recinto que alguna vez sirvió de escenario para grandes artistas y majestuosos eventos, al menos 700 residentes —hombres, mujeres, niños, adolescentes y personas de la tercera edad, muchos de ellos sobrevivientes del deslave de La Guaira en 1999— vuelven a vivir la amarga experiencia de pasar sus días a la intemperie, esperando a que el Gobierno decida por ellos. 

Entre los espacios que dejan las carpas, los niños son quienes más disfrutan del día, correteando y jugando. El rostro de los adultos, en cambio, refleja una mezcla de cansancio, tristeza e incertidumbre.

El despliegue de seguridad es constante: efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) resguardan la zona. Su vigilancia se siente como un acecho, tanto que sacar el teléfono para hacer una foto o una entrevista genera temor.

En medio de esa vigilancia, los refugiados se organizan desde temprano y arman listas para todo. La rutina se repite sin variaciones: esperar, revisar censos, actualizar nombres y tratar de mantener todo ordenado para que el proceso sea más llevadero. 

El sol es inclemente con los damnificados que están en las afueras del Nuevo Circo. Algunos adultos se refugian bajo los árboles, que dan un poco de sombra; otros prefieren estar cerca de sus pertenencias, aunque el sol les queme la piel, para vigilar los pocos enseres que lograron rescatar y evitar que se los roben.

Entre las carpas circulan versiones que van y vienen según quien informe. Algunos consideran que en dos meses pueden volver a habitar sus apartamentos; otros, más escépticos, creen que llegará diciembre y aún estarán viviendo, durmiendo, comiendo y resistiendo en la calle.

De acuerdo con el último balance del Gobierno, 17 907 personas quedaron sin viviendas. 20 857 se encuentran haciendo vida en 106 campamentos transitorios.

Entre las quejas de los refugiados la que más se repetía era la de la poca comunicación del Gobierno. “No nos han dicho nada”, aseguró una refugiada. 

Todos los edificios de Misión Vivienda que se encuentran en la avenida Lecuna resultaron afectados por los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, respectivamente. Según comentó un refugiado, los primeros pisos fueron los más comprometidos, con paredes agrietadas, destrozadas o totalmente colapsadas. Aun así, la inspección realizada por Protección Civil los catalogó con la “etiqueta amarilla”, que indica posible habitabilidad. 

“Hoy contamos con mucha suerte, porque nos van a traer unas carpas iraníes para estar más cómodos”, dijo la líder que se encarga de organizar el refugio; sin embargo, aclaró que no alcanzan para todos, por lo que varios miembros de una misma familia tendrán que organizarse para compartirlas.

A 22 días de los terremotos que sacudieron a la capital, la emergencia ya no es el sismo o las réplicas: son las familias que siguen esperando información, soluciones y el retorno seguro a sus hogares.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Avenida Lecuna
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Yeannaly Fermin
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Los espacios del Nuevo Circo de Caracas ya no lucen igual desde el pasado 24 de junio: carpas improvisadas por doquier, colchones en el suelo, sillas y mesas plásticas, bolsas negras con ropa, zapatos, sábanas y ventiladores son algunos de los enseres que los habitantes de los edificios de la Misión Vivienda lograron rescatar y que ahora ocupan el perímetro del recinto histórico.

Apostados con sus núcleos familiares en los alrededores del icónico recinto que alguna vez sirvió de escenario para grandes artistas y majestuosos eventos, al menos 700 residentes —hombres, mujeres, niños, adolescentes y personas de la tercera edad, muchos de ellos sobrevivientes del deslave de La Guaira en 1999— vuelven a vivir la amarga experiencia de pasar sus días a la intemperie, esperando a que el Gobierno decida por ellos. 

Entre los espacios que dejan las carpas, los niños son quienes más disfrutan del día, correteando y jugando. El rostro de los adultos, en cambio, refleja una mezcla de cansancio, tristeza e incertidumbre.

El despliegue de seguridad es constante: efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) resguardan la zona. Su vigilancia se siente como un acecho, tanto que sacar el teléfono para hacer una foto o una entrevista genera temor.

En medio de esa vigilancia, los refugiados se organizan desde temprano y arman listas para todo. La rutina se repite sin variaciones: esperar, revisar censos, actualizar nombres y tratar de mantener todo ordenado para que el proceso sea más llevadero. 

El sol es inclemente con los damnificados que están en las afueras del Nuevo Circo. Algunos adultos se refugian bajo los árboles, que dan un poco de sombra; otros prefieren estar cerca de sus pertenencias, aunque el sol les queme la piel, para vigilar los pocos enseres que lograron rescatar y evitar que se los roben.

Entre las carpas circulan versiones que van y vienen según quien informe. Algunos consideran que en dos meses pueden volver a habitar sus apartamentos; otros, más escépticos, creen que llegará diciembre y aún estarán viviendo, durmiendo, comiendo y resistiendo en la calle.

De acuerdo con el último balance del Gobierno, 17 907 personas quedaron sin viviendas. 20 857 se encuentran haciendo vida en 106 campamentos transitorios.

Entre las quejas de los refugiados la que más se repetía era la de la poca comunicación del Gobierno. “No nos han dicho nada”, aseguró una refugiada. 

Todos los edificios de Misión Vivienda que se encuentran en la avenida Lecuna resultaron afectados por los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, respectivamente. Según comentó un refugiado, los primeros pisos fueron los más comprometidos, con paredes agrietadas, destrozadas o totalmente colapsadas. Aun así, la inspección realizada por Protección Civil los catalogó con la “etiqueta amarilla”, que indica posible habitabilidad. 

“Hoy contamos con mucha suerte, porque nos van a traer unas carpas iraníes para estar más cómodos”, dijo la líder que se encarga de organizar el refugio; sin embargo, aclaró que no alcanzan para todos, por lo que varios miembros de una misma familia tendrán que organizarse para compartirlas.

A 22 días de los terremotos que sacudieron a la capital, la emergencia ya no es el sismo o las réplicas: son las familias que siguen esperando información, soluciones y el retorno seguro a sus hogares.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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