Chichiriviche de la Costa intenta levantarse sin turistas ni ayuda oficial

Por el Día de San Juan la mayoría de los habitantes de Chichiriviche de la Costa estaban celebrando en la calle, la tarde del 24 de junio, cuando los dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 en Venezuela hicieron crujir la montaña que abraza a ese acogedor pueblo costero de La Guaira. 

Lisbeth Oropeza recuerda que mientras tembló hubo una miniestampida humana que tumbó a varias personas, incluida su cuñada, con 38 semanas de embarazo. Por fortuna, nadie resultó herido. Poco después, la comunidad se concentró en la plaza del pueblo. En ese momento no tenían electricidad, señal telefónica ni acceso a Internet. 

A las 9:00 p. m., alguien prestó una planta eléctrica y activó una red Wi-Fi. “Cuando encendimos los celulares, que vimos las redes sociales, wao. Nos enteramos de lo que ya sabemos, del gran desastre allá en la ciudad”, relata Lisbeth. Esa noche, por temor a una réplica, su familia decidió dormir en la plaza, pero cuando fueron a buscar colchonetas y cobijas, se percataron de que su casa se había derrumbado parcialmente. Esta se encontraba en una zona de riesgo que no desalojaron antes porque no tenían otro lugar a dónde ir.  

En total, siete viviendas sufrieron afectaciones graves a causa de los sismos en Chichiriviche de la Costa: dos en el sector El Pueblo y cinco en Los Tres Palos, precisa Jeanfranco Mayora, jefe de la Unidad Bolívar-Chávez (UBCh), una estructura de base del Partido Socialista Unido de Venezuela. En la población de mil habitantes no hubo fallecidos debido a los sismos.

El 9 de julio, integrantes de la comunidad dijeron a RunRun.es que aún no habían ido especialistas a inspeccionar las infraestructuras y confirmar que era seguro habitarlas. El ambulatorio del pueblo, que funciona en una antigua casa colonial, sufrió fisuras en algunas de las paredes.

Mayora menciona que iniciará un censo de las afectaciones y pasará la información a un comando en el pueblo de Carayaca.  

Las necesidades de un pueblo que se sostiene con el turismo

En la posada Casa de Madera, Edixon Parica y otras 3 personas organizaban bolsas de comida para entregar a los residentes de Chichiriviche y para 37 familias de un pueblo agrícola cercano llamado San Miguel, en la vía hacia Puerto Cruz. 

“Nuestra principal preocupación es el tema de los alimentos y las medicinas”, dice el joven trabajador del lugar. Explica que, como el pueblo vive del turismo, la agricultura y la pesca, en este momento de la emergencia están limitados: “Hay gente preguntando cómo está la vía, cómo está la posada, pero por ahora estamos parados”. 

Frente a su casa, en la orilla de la playa, Carmen Viloria cuenta que ella recibe donaciones de comida para perros y gatos, y procura tener medicinas para la gripe y el dolor de cabeza para quien lo necesite. Comenta que en el pueblo muchos adultos mayores sufren de hipertensión. Insiste en la angustia sobre el impacto económico tras los terremotos. 

“Los quioscos son los que venden la comida, la gente del pueblo vende sus tortas, vende sus conservas… ¿A quién se lo van a vender, si un sábado y un domingo son igualitos a como estamos ahorita? Los pescadores no tienen a quién venderle el pescado, porque los quioscos están todos cerrados; entonces, tienen que salir a ver dónde lo pueden vender”, detalla. 

Los entrevistados afirman que no han visto en la zona a ningún representante de la Gobernación o de la Alcaldía para brindar ayuda. Señalan que la mayoría de los donativos se articularon gracias a la guía turística Giuliana Romano y al submarinista Williams Álvarez, que son parte de la comunidad. A través de las redes sociales, ellos han buscado apoyo para reunir insumos médicos y comida, también para Puerto Maya, donde alertan de que al menos 16 familias habrían quedado sin hogar. 

Admiten que a Chichiriviche de la Costa sí han llegado helicópteros con funcionarios extranjeros. “Tengo entendido que son gringos”, dice Edison. “Tienen uniforme militar que no es de aquí”, agrega Carmen. Han llevado comida en bolsas herméticas diseñadas para soldados o para situaciones de desastre, hechas para durar sin refrigeración. Incluyen frutos secos, carne seca y pudines sellados. También han donado agua embotellada. 

La crisis estructural que se agrieta tras los sismos

Cuatro días después de los terremotos, el 28 de junio, la cuñada de Lisbeth entró en trabajo de parto cuando aún estaban durmiendo a la intemperie. 

“Aquí no hay un ambulatorio equipado para atender un parto, no tienen cómo hacer una transfusión de sangre si fuera necesario; ahí no tienen cómo practicar una cesárea en caso de una emergencia. Entonces, la tarea era buscar sacar a mi cuñada de acá”, cuenta Lisbeth. Lo lograron porque alguien donó gasolina a la ambulancia de la comunidad y pudieron trasladar a la joven a un hospital en Carayaca, a una hora y cincuenta minutos de distancia en carro. 

La familia de —ahora— once integrantes se encuentra temporalmente en la planta baja de una vivienda, un antiguo local comercial de un solo ambiente. El jefe de la UBCh les dio artículos de aseo personal y un colchón que habían solicitado para la nueva madre. A través de redes sociales, también les han hecho llegar regalos y una cuna para la bebé. El resto de las personas están durmiendo en colchonetas. Se mantienen a la expectativa sobre si recibirán algún tipo de ayuda para obtener una nueva vivienda o si podrán trasladarlos a un espacio más amplio mientras ellos lo resuelven. 

Cerca de la iglesia, Antero Ulloa, quien se identificó como jefe de la comunidad, advierte que en el pueblo ya había ocho familias damnificadas por las lluvias de 2022 y que ahora están preocupadas por que esta situación siga posponiendo una respuesta.

Mientras, Carmen Viloria destaca que antes y después de los sismos un problema serio en el pueblo es que la luz se va seguido. “En estos días, antes del terremoto, habían pescado muchísimo y se nos fue la luz seis días. ¿Qué nevera, qué freezer aguanta seis días?”, se pregunta. 

Este jueves, 9 de julio, algunas niñas, niños y adolescentes jugaban en la cancha deportiva. Un par de hombres caminaban hacia el pueblo llevando pescado, incluso un pez león. En la playa vacía, unas cuantas lanchas flotaban sobre el mar, en un destino que es cuna del buceo.

Edixon Parica se mantiene a la espera de que el personal de Hidrocapital continúe los trabajos que iniciaron esta semana, porque la tubería matriz tuvo fisuras en varios puntos debido a los sismos. Ellos ya dijeron que iban a volver. Carmen comenta que, desde aquel 24 de junio, ningún niño se ha vuelto a bañar en la playa. “De verdad que fue una bendición para Chichiriviche que no nos pasara nada”, agrega. 

Debido a los sismos, en este pueblo de la costa oeste de La Guaira se paralizó la actividad económica principal: el turismo. Por ahora sobreviven con donaciones que gestionan miembros de la comunidad y con ayuda que llega del extranjero. Siete viviendas sufrieron daños graves
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Por el Día de San Juan la mayoría de los habitantes de Chichiriviche de la Costa estaban celebrando en la calle, la tarde del 24 de junio, cuando los dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 en Venezuela hicieron crujir la montaña que abraza a ese acogedor pueblo costero de La Guaira. 

Lisbeth Oropeza recuerda que mientras tembló hubo una miniestampida humana que tumbó a varias personas, incluida su cuñada, con 38 semanas de embarazo. Por fortuna, nadie resultó herido. Poco después, la comunidad se concentró en la plaza del pueblo. En ese momento no tenían electricidad, señal telefónica ni acceso a Internet. 

A las 9:00 p. m., alguien prestó una planta eléctrica y activó una red Wi-Fi. “Cuando encendimos los celulares, que vimos las redes sociales, wao. Nos enteramos de lo que ya sabemos, del gran desastre allá en la ciudad”, relata Lisbeth. Esa noche, por temor a una réplica, su familia decidió dormir en la plaza, pero cuando fueron a buscar colchonetas y cobijas, se percataron de que su casa se había derrumbado parcialmente. Esta se encontraba en una zona de riesgo que no desalojaron antes porque no tenían otro lugar a dónde ir.  

En total, siete viviendas sufrieron afectaciones graves a causa de los sismos en Chichiriviche de la Costa: dos en el sector El Pueblo y cinco en Los Tres Palos, precisa Jeanfranco Mayora, jefe de la Unidad Bolívar-Chávez (UBCh), una estructura de base del Partido Socialista Unido de Venezuela. En la población de mil habitantes no hubo fallecidos debido a los sismos.

El 9 de julio, integrantes de la comunidad dijeron a RunRun.es que aún no habían ido especialistas a inspeccionar las infraestructuras y confirmar que era seguro habitarlas. El ambulatorio del pueblo, que funciona en una antigua casa colonial, sufrió fisuras en algunas de las paredes.

Mayora menciona que iniciará un censo de las afectaciones y pasará la información a un comando en el pueblo de Carayaca.  

Las necesidades de un pueblo que se sostiene con el turismo

En la posada Casa de Madera, Edixon Parica y otras 3 personas organizaban bolsas de comida para entregar a los residentes de Chichiriviche y para 37 familias de un pueblo agrícola cercano llamado San Miguel, en la vía hacia Puerto Cruz. 

“Nuestra principal preocupación es el tema de los alimentos y las medicinas”, dice el joven trabajador del lugar. Explica que, como el pueblo vive del turismo, la agricultura y la pesca, en este momento de la emergencia están limitados: “Hay gente preguntando cómo está la vía, cómo está la posada, pero por ahora estamos parados”. 

Frente a su casa, en la orilla de la playa, Carmen Viloria cuenta que ella recibe donaciones de comida para perros y gatos, y procura tener medicinas para la gripe y el dolor de cabeza para quien lo necesite. Comenta que en el pueblo muchos adultos mayores sufren de hipertensión. Insiste en la angustia sobre el impacto económico tras los terremotos. 

“Los quioscos son los que venden la comida, la gente del pueblo vende sus tortas, vende sus conservas… ¿A quién se lo van a vender, si un sábado y un domingo son igualitos a como estamos ahorita? Los pescadores no tienen a quién venderle el pescado, porque los quioscos están todos cerrados; entonces, tienen que salir a ver dónde lo pueden vender”, detalla. 

Los entrevistados afirman que no han visto en la zona a ningún representante de la Gobernación o de la Alcaldía para brindar ayuda. Señalan que la mayoría de los donativos se articularon gracias a la guía turística Giuliana Romano y al submarinista Williams Álvarez, que son parte de la comunidad. A través de las redes sociales, ellos han buscado apoyo para reunir insumos médicos y comida, también para Puerto Maya, donde alertan de que al menos 16 familias habrían quedado sin hogar. 

Admiten que a Chichiriviche de la Costa sí han llegado helicópteros con funcionarios extranjeros. “Tengo entendido que son gringos”, dice Edison. “Tienen uniforme militar que no es de aquí”, agrega Carmen. Han llevado comida en bolsas herméticas diseñadas para soldados o para situaciones de desastre, hechas para durar sin refrigeración. Incluyen frutos secos, carne seca y pudines sellados. También han donado agua embotellada. 

La crisis estructural que se agrieta tras los sismos

Cuatro días después de los terremotos, el 28 de junio, la cuñada de Lisbeth entró en trabajo de parto cuando aún estaban durmiendo a la intemperie. 

“Aquí no hay un ambulatorio equipado para atender un parto, no tienen cómo hacer una transfusión de sangre si fuera necesario; ahí no tienen cómo practicar una cesárea en caso de una emergencia. Entonces, la tarea era buscar sacar a mi cuñada de acá”, cuenta Lisbeth. Lo lograron porque alguien donó gasolina a la ambulancia de la comunidad y pudieron trasladar a la joven a un hospital en Carayaca, a una hora y cincuenta minutos de distancia en carro. 

La familia de —ahora— once integrantes se encuentra temporalmente en la planta baja de una vivienda, un antiguo local comercial de un solo ambiente. El jefe de la UBCh les dio artículos de aseo personal y un colchón que habían solicitado para la nueva madre. A través de redes sociales, también les han hecho llegar regalos y una cuna para la bebé. El resto de las personas están durmiendo en colchonetas. Se mantienen a la expectativa sobre si recibirán algún tipo de ayuda para obtener una nueva vivienda o si podrán trasladarlos a un espacio más amplio mientras ellos lo resuelven. 

Cerca de la iglesia, Antero Ulloa, quien se identificó como jefe de la comunidad, advierte que en el pueblo ya había ocho familias damnificadas por las lluvias de 2022 y que ahora están preocupadas por que esta situación siga posponiendo una respuesta.

Mientras, Carmen Viloria destaca que antes y después de los sismos un problema serio en el pueblo es que la luz se va seguido. “En estos días, antes del terremoto, habían pescado muchísimo y se nos fue la luz seis días. ¿Qué nevera, qué freezer aguanta seis días?”, se pregunta. 

Este jueves, 9 de julio, algunas niñas, niños y adolescentes jugaban en la cancha deportiva. Un par de hombres caminaban hacia el pueblo llevando pescado, incluso un pez león. En la playa vacía, unas cuantas lanchas flotaban sobre el mar, en un destino que es cuna del buceo.

Edixon Parica se mantiene a la espera de que el personal de Hidrocapital continúe los trabajos que iniciaron esta semana, porque la tubería matriz tuvo fisuras en varios puntos debido a los sismos. Ellos ya dijeron que iban a volver. Carmen comenta que, desde aquel 24 de junio, ningún niño se ha vuelto a bañar en la playa. “De verdad que fue una bendición para Chichiriviche que no nos pasara nada”, agrega. 

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