El panorama de tensión entre Washington y Caracas alcanzó un nuevo pico este viernes. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó en una entrevista con NBC News que la opción de una intervención militar en Venezuela sigue vigente: “No lo descarto, no”, sentenció al ser consultado sobre la posibilidad de una guerra.
Esta declaración no es una amenaza aislada. Se produce apenas días después de que la Casa Blanca ordenara un “bloqueo” total contra los petroleros sancionados que operan con el gobierno de Nicolás Maduro. Según el mandatario, las incautaciones de buques en aguas internacionales continuarán: “Si son lo suficientemente tontos como para seguir navegando, regresarán a uno de nuestros puertos”.
“No tengo por qué decírselo al Congreso”
Este jueves, en un acto en la Casa Blanca, el mandatario de EEUU abordó el tema de la autoridad legal para ejecutar operaciones militares en suelo venezolano. Trump insistió en que no requiere autorización del legislativo para realizar bombardeos contra intereses del narcotráfico radicados en Venezuela.
“No me importaría contárselo (al Congreso), pero no es para tanto. No tengo por qué decírselo, ya está comprobado”, afirmó ante la prensa. Esta declaración se produce poco después de que advirtiera que su administración pronto comenzará a realizar ataques sobre “objetivos terrestres” en el país.
La postura de Trump encuentra matices incluso dentro de su propio equipo. Susie Wiles, secretaria de Gabinete, admitió recientemente que un despliegue de tropas terrestres en Venezuela supondría formalmente “la guerra”, un escenario que, a diferencia de los bombardeos sumarios, sí requeriría constitucionalmente el beneplácito del Poder Legislativo estadounidense.
La campaña de presión estadounidense ha incluido más de dos docenas de ataques militares contra embarcaciones en el Océano Pacífico y el Mar Caribe, acciones que han cobrado la vida de al menos 90 personas hasta la fecha, según datos revelados por el propio gobierno de Trump.
Por su parte, el gobierno de Nicolás Maduro calificó el anuncio de incautación de buques petroleros sancionados como una “grotesca amenaza” y reiteró su denuncia de que el objetivo final de Washington es el control de las reservas petroleras de la nación, las más grandes del mundo.






