
Sabemos que la universidad venezolana ha sido, entre las instituciones establecidas desde antiguo, una de las víctimas preferidas del chavismo. La furia de los ataques del régimen ha convertido a las altas casas de estudio en una ruina, hasta extremos solo comparables con los escombros que fueron en el siglo XIX debido a la devastación de la guerra de Independencia y de las guerras civiles. Pero, pese a los ataques que el régimen del “comandante eterno” y ahora el de la usurpación les han prodigado, ahora se prepara el asalto final, el ataque supremo contra la autonomía y la dignidad que han podido mantener a duras penas.
Solo un vistazo de la planta física de nuestras universidades da cuenta de cómo las han atacado a mansalva durante veinte años asoladores. Ni siquiera se puede atender a los alumnos de noche por la carencia de bombillas. Los estudiantes hacen colectas en la calle para lograr la iluminación de las aulas. Los laboratorios desvencijados o desprovistos de sus utensilios, las bibliotecas sin posibilidad de renovarse, los auditorios sin los requerimientos mínimos para ocuparse de su función, las oficinas sin papel para atender sus obligaciones, el mobiliario condenado al abandono…, dan cuenta de una dejación premeditada desde las alturas del poder. Como se sabe, la modestia del sueldo condena a los profesores a vivir como harapientos, o a formar parte de la diáspora que les puede permitir un pasar decoroso. Tales son, si miramos solo hacia la superficie, los rasgos de un menoscabo que clama al cielo.
Los equipos rectorales y los decanos se han mantenido, en su mayoría, debido a la fidelidad a unos principios que les son caros, luchando hasta extremos de extenuación. Se ven cansados y quizá envejecidos en el ejercicio de sus rutinas, pero continúan en las funciones para las cuales fueron elegidos por sus comunidades. En el caso de los estudiantes la resistencia ha llegado hasta escalas de epopeya, no solo por su empeño en mantener los principios de representatividad establecidos por las reglas de la autonomía, sino también por sus batallas en el campus y en la calle contra los desmanes del régimen. Mientras se ha hecho más evidente la repugnancia que las universidades le provocan al chavismo, mayores han sido el decoro y el coraje de sus habitantes.
Ahora la usurpación, valiéndose de su control del TSJ, planea la arremetida final. Los magistrados que obedecen ciegamente al Ejecutivo están a punto de ordenar una intervención destinada al desalojo de las autoridades establecidas por la autonomía, y a su reemplazo por figuras dóciles que terminarán el designio de liquidar el bastión que no han podido dominar. Para llevar a cabo la escandalosa pretensión apelarán a un solo artículo de la Constitución, el que consagra el imperio de la democracia representativa y protagónica, sobre cuya supuesta preeminencia sobre el resto de los contenidos de la Carta Magna, se cargarán la Ley de Universidades y penetrarán a mansalva en los campus como los bárbaros en el templo. De acuerdo con la supuesta preponderancia de la tal democracia representativa y protagónica, los magistrados permitirán que los empleados y aun los obreros participen, no solo en la elección de autoridades, sino también en la discusión de los trabajos de ascenso de los catedráticos. Justo en los únicos lugares en los cuales no tiene cabida la democracia, bajo ningún respecto, justo en los predios exclusivos de la aristocracia del conocimiento, pueden reinar las decisiones de la ignorancia y la estulticia.
En los pasillos de las universidades autónomas, concretamente en los mentideros de la UCV, ya circulan los nombres de los rectores oficialistas que llegarán con la misión de montar el cuadrilátero para que peleen los proletarios contra los burgueses de la academia. Parece que los equipos rectorales de la actualidad, los decanos y los responsables de fundaciones universitarias conocen los detalles del macabro propósito y, en contados casos, están dispuestos a dejar sus funciones sin oponer resistencia. Tal vez el cansancio les aconseje una despedida después de heroicas escaramuzas. Otros seguirán en la contienda con el objeto de evitar una afrenta que denunciamos desde aquí, para que la sociedad no deje sola a la más pura y limpia de sus instituciones republicanas.



